Todo tiene una historia

Todas las cosas tienen una historia, por pequeñas que sean. A veces, incluso una gran historia. Tragedias, dramas y comedias se esconden en el origen de los objetos a los que la cotidianeidad ha sumido en el anonimato.

Aquí se recogen desde las historias de las cosas más pintorescas, más curiosas y más divertidas que uno pueda imaginarse, hasta la historia de los mayores descubrimientos e inventos de la humanidad.

Hemos buceado en la historia, viajado sin descanso, rastreado en bibliotecas de todo el mundo y en libros inimaginables buscando un dato, una fecha, una pista para completar el círculo de conocimientos sobre cualquier objeto, instrumento o similar que pueda despertar tu curiosidad.

Aquí, por ejemplo, aprenderás las peripecias que han dado origen a los botones, el taburete, el ataúd, las cerillas, el desodorante, el peine, la plancha, el estropajo o el ascensor, entre muchas otras cosas.

Indagamos quiénes fueron los inventores de las patatas fritas, la tortilla, el chicle, las ensaladas, el bocadillo, la margarina, las salchichas, el croissant, las hamburguesas, el turrón o los helados.

Nos sorprenderemos con el ingenio que ingenió el imperdible, la dentadura postiza, la cremallera o la bragueta. Y nos meteremos en camisas de once varas hablando del papel higiénico, la taza de váter, el orinal, el corsé, la lavativa o el preservativo.

Hay de todo un poco y resulta tan llamativo e interesante que nos alegra muchísimo que hayas accedido a la web de CurioSfera Historia para conocer la historia de todas las cosas que nos rodean.

Historia de los descubrimientos

Llamamos invento a todo aquello que el hombre ha sabido encontrar para hacerse con ello más llevadera la vida. Es una palabra procedente del latín invenire= hallar, a través del participio pasivo inventum= encontrado.

Hay que tener presente que no es lo mismo inventar que descubrir. Decimos que Isaac Peral inventó el submarino, y que el doctor Fleming descubrió la penicilina. El submarino no existía antes de que Peral lo creara; la penicilina, sí.

  • Fleming se limitó a observar un fenómeno y aplicarlo luego.
  • Peral creó algo que no existía. Inventar es hallar una cosa nueva.

Descubrir es dar a conocer algo que era desconocido por estar hasta entonces cubierto o velado; averiguar una cosa que se ignoraba, destaparla para ponerla a la vista de todos.

En cuanto al término “cosa”, no tiene límites semánticos por su condición de palabra “ómnibus”’, pero no obstante esa circunstancia a nadie se le escapa su extensión semántica.

De hecho ¿qué hay, de qué nos rodeamos sino de cosas? Pero las cosas de que hablamos aquí no son cualesquiera cosas, sino esas cosas fruto de ideas geniales que ha tenido el hombre a lo largo de su historia, los pequeños inventos hijos de la necesidad, ya que el hombre ha sido dotado de un especial olfato que le lleva a descartar lo innecesario y sólo encuentra lo que de verdad le es útil.

Por eso, del repertorio de cosas que aquí historiamos ninguna hay que no le haya rendido servicio extraordinario; ninguna es vana ni superflua. Todas han supuesto una mejora en las condiciones de vida del hombre, y una alegría cuando fueron encontradas.

Como los estudiantes de griego saben, eureka es la primera persona singular del pretérito perfecto de eurisko= hallar, encontrar. La tradición asegura que Arquímedes, del siglo III a.C. salió a la calle desnudo gritando esta palabra al descubrir el principio que lleva su nombre tras salir de la bañera.

Las leyes físicas son descubrimientos que iluminan el conocimiento; las cosas de nuestra vida diaria, como las zapatillas o el reloj, son inventos o hallazgos felices. Piensa en ello y coincidirás con nosotros en que cuanto aquí recogemos no sólo es digno de celebración sino también merecedor de que la Humanidad le eriga un monumento.

No sorprende, para muchos países, ciudades y regiones los inventos o mejoras introducidas en ellos supuso su entrada en la Historia.

En otro tiempo, en vez de levantar monumentos se escribían sonetos, por eso, entre los que el Fénix de los Ingenios dedicó a mujeres hermosas, capitanes aguerridos, hombres de estado y sucesos de importancia no olvidó a los inventores de las cosas.

La humanidad estamos en deuda con el universo anónimo y pequeño de las cosas que nos hacen la vida llevadera, ya que en las grandes visiones del mundo, de la presencia del hombre sobre la Tierra solemos perder de vista lo que más cerca tenemos: las cosas con las que nos desenvolvemos en nuestro quehacer.

El hombre no inventó las cosas al azar, sino con un propósito. No hay objeto pequeño a nuestro alrededor que no tenga una historia amplia y una peripecia compleja en lo que a su hallazgo se refiere.

Historia de los inventos

Si actualmente disponemos de un nivel de vida que nuestros antepasados ​​difícilmente podían imaginar es, sobre todo, porque a lo largo de la historia hemos ido acumulando novedades que nos permitían vivir mejor.

Estos inventos podían ser cosas abstractas, como la música o el cero, o bien objetos que podíamos tocar y utilizar, como el papel o el periódico. Cada invento se acumulaba a los ya existentes para hacernos la vida un poco mejor. Al menos en teoría.

A veces hacía la vida mejor a los militares, que podían matar con más eficiencia, pero las cosas son como son y tal vez los humanos no hemos mostrado mucho cordura a lo largo de la historia.

Saber cómo se han inventado las cosas y cuál es su origen nos ayuda a valorar el ingenio humano y nos permite apreciar mejor el momento que nos ha tocado vivir. También nos permite hacer el ejercicio de imaginar cómo sería nuestro mundo si alguno de estos inventos no hubiera funcionado.

De inventos que han marcado un antes y un después. Aquí hemos hecho una recopilación de algunos de los inventos más representativos e intentando abarcar un poco de todos los campos.

Muchos inventos tienen una historia similar, iniciados a Mesopotámia, Egipto, China, Grecia, España o América, implantados por los romanos, estancados en la época medieval y redescubiertos en el Renacimiento.

Historia de los grandes inventos de la humanidad

A pesar de las numerosas obras enciclopédicas, temáticas o Internet, son muchos quienes tienen serias dificultades para encontrar la información que buscan; su curiosidad intelectual suele frustrarse, en no pocas ocasiones, al tener que enfrentarse a unos textos reservados a historiadores o profesores universitarios.

Las reseñas históricas de CurioSfera Historia han sido escritas pensando en el doble objetivo que hace que un lector se interese: disfrutar de su lectura u obtener una información y unos datos, precisos, completos, autorizados y actuales.

De Arquímedes a Leonardo, los grandes cerebros de la humanidad, al esforzarse para buscar su nivel más bajo de energía, han demostrado cómo la invención no es sino la hija legítima de la divina pereza.

Desde la escuela de Alejandría a la tecnología china y del Renacimiento a la mitad del siglo XIX, infinidad de instrumentos técnicos testimonian el esfuerzo del hombre para adaptarse a su entorno.

Los inventos que han revolucionado nuestra forma de relacionarnos con el mundo circundante: agricultura y alimentación; arte militar; química y física; comunicación, cultura y mass media; energía y mecánica; industria, materiales, ingeniería civil y herramientas; instrumenta de medida y matemáticos; medicina y salud; transportes..

De lo imaginario a lo real y de lo que empezando como simple tanteo acabó convirtiéndose en procedimiento fiable o en artefacto, un completo repertorio de aquellos inventos que más han hecho por mejorar nuestra vida cotidiana…

Historia de la física, química y ciencia

Uno se defiende mal ante la sorpresa de las pocas invenciones en física y química, propiamente dichas, que encontramos hasta finales del siglo XIX. Sin embargo, esta pobreza se ve com­pensada por el número de descubrimientos, la mayoría de los cuales sólo cuenta con una corta historia, ya que comienzan más o menos en el siglo XVIII.

Era 1772 cuando el sueco Scheele descubrió el oxígeno, por ejemplo, y hasta el siglo XIX no se co­menzó a tener una idea acerca de lo que era en realidad el car­bono.

Y aún más, el inventario y la comprensión de los descu­brimientos se ven mermados a menudo por los extravíos de las teorías. Recién salidos de las brumas místicas de la alquimia, la química y la física se enredan en la filosofía, y batallones de buenos especialistas se esfuerzan en vano para armonizar sus descubrimientos con los postulados enrevesados de la “flogística”.

A la teoría atómica de Dalton le cuesta un trabajo enorme ser aceptada con unanimidad, y aun a principios del siglo XX, un químico de la reputación de Berthelot mantiene que la fór­mula del agua es H202

Pero para inventar hay que disponer de una teoría correcta. Desgraciadamente, al margen de las intuiciones de algunos ge­nios como Lavoisier o Faraday, las teorías escasean, tanto en química como en física.

Se echarán en falta aún durante mucho tiempo en el siglo XX, y veremos a un físico de la importancia del austríaco Ernst Mach afirmar, no sin alterarse, que no puede adherirse a la teoría de los átomos en 1922.

Química y física se reducen, pues, en el terreno de las reali­zaciones aplicables, a recetas, o incluso a casualidades. La pri­mera disciplina en sufrirlas fue la medicina, que se encuentra con escasez de industria farmacéutica, al menos en el sentido moderno de la palabra, y que permanece sometida, hasta más o menos 1930, a preparados de laboratorio que proceden de rece­tas de botica mejorados.

La industria, sin ir más lejos, se reduce igualmente a transformaciones de fuerzas, como la metalurgia ya que en ella se ignora prácticamente todo acerca de las estruc­turas cristalinas, y por entonces no se sabe prácticamente nada sobre materiales sintéticos.

En el terreno de la energía, sólo se conoce de verdad la electricidad, ya que la física no alcanzó un desarrollo suficiente como para generar la electrónica hasta la segunda mitad del siglo XIX.

Se puede considerar que la física y la química son las cien­cias que se han desarrollado más tarde, gracias a la teoría y a los medios de investigación de lo microscópico.

Historia de la ciencia

Desde 1850, la química y la física se han enriquecido con un buen número de ideas que van desde la síntesis del acetileno hasta la producción de xenón metálico, aunque inicialmente algunas sólo pareciesen tener un simple valor teórico sin futuro y la dimensión práctica de otras pareciera limitada. Tales apreciaciones eran meras ilusiones ópticas de la historia.

El descubrimiento de la antimateria, por ejemplo, ha proporcionado a la física una de las herramientas intelectuales más prodigiosas de toda su trayectoria como ciencia enfocada a la comprensión de la materia.

Los criptatos de J.M. Lehn, por otra parte, prometen ser uno de los inventos más revolucionarios en el ámbito de la química y sus efectos ya empiezan a dejarse sentir tanto en la industria de los cosméticos como en la de los tintes industriales, por no hablar de la farmacología o de las químicas extractivas.

Parece probable que los principales cambios a los que asistiremos en las próximas décadas serán producto, básicamente, de los nuevos inventos que se realicen en los campos de la física y la química. Es innegable que los intereses comerciales han contribuido poderosamente a la proliferación de inventos en ambos dominios científicos.

Sin embargo, es preciso subrayar que son el fruto de una investigación teórica muy alejada de cualquier tipo de interés comercial.

Son, por así decirlo, brillantes fogonazos de la inteligencia surgidos en la soledad y en el anonimato que la industria capta y hace suyos, ultimándolos y dándoles una aplicación práctica.

Historia de los países

Hablar de la historia de los países es hacerlo de la historia de la humanidad. Desde tiempos primitivos, el hombre ha tenido la necesidad de asentarse, establecerse en un territorio y protegerlo. Así con el paso de los siglos, llegaron los países.

En CurioSfera Historia te ofrecemos la posibilidad de poder acceder a completas reseñas históricas de los principales de habla hispana y resto de países del mundo y sus banderas.

Podrás conocer desde la historia de España, la historia de Colombia, México, Argentina, Perú, Chile o Venezuela; hasta la historia de los Estados Unidos, Rusia, Canadá, Brasil, Francia, Alemania, Portugal o Israel. En todos ellos vas a poder obtener información sobre su origen, evolución, guerras, conquistas, independencia, regímenes políticos, independencia y logros.

Historia de los deportes y el ocio

Que duda cabe que uno de los aspectos más importantes de la historia de nuestra civilización es el tiempo que dedicamos a entretenernos, ya sea con juegos o viendo y practicando deportes. Existen tanto juegos como deportes con cientos de años de historia a sus espaldas.

De todos ellos, si duda el deporte rey es el fútbol o soccer. Es sabido que desde la invención del fútbol no ha hecho otra cosa que aumentar el número de seguidores. Pero no es el único, también es bien curiosa la historia y origen del atletismo, la invención del baloncesto. Aquí podrás obtener información sobre el creador, el origen y la historia del voleybol, el béisbol, la natación, el waterpolo, el balonmano, el tenis, el golf, el ciclismo, el surf o el esquí.

Pero también los juegos de ocio han marcado a la humanidad. Desde juegos milenarios como la historia del ajedrez, los bolos, el dominó, el parchís, las cartas o el yoyo. Hasta los más modernos como la invención de los videojuegos, el Monopoly, el origen del Lego, la muñeca Barbie, el cubo de Rubik, etc.

Historia de la electrónica y matemáticas

En su origen, las matemáticas fueron un medio de explorar el Universo a través de los números. De este modo, las matemáticas permitieron postular la distancia de la Tierra a las estrellas, que por aquel entonces ningún humano creía posible alcanzar.

Con el tiempo, la geometría se fue haciendo cada vez más sutil hasta romper todos sus vínculos con su padre intemporal, Euclides; empezó a describir un mundo singular, apenas imaginable, en el cual aparecían referencias tan “imposibles” como, por ejemplo, la de un tiempo negativo.

También en su origen, la electrónica (que por entonces simplemente se llamaba electricidad) era tan sólo una provincia de la física, centrada en una única partícula, el electrón.

Sin embargo, hacia mediados del siglo XX, la electrónica se puso al servicio de las matemáticas para fabricar la primera máquina de calcular automática: era el famoso E.N.I.A.C., un monstruo que ocupaba decenas de metros cuadrados y pesaba decenas de toneladas cuyo perfil esencial, por otra parte, ya habían esbozado desde 1919 esos grandes desconocidos que son Zuse, Eccles y Jordán.

Muy pronto el “matrimonio de conveniencia” entre las matemáticas y la electrónica se convirtió en pasión: la electrónica obtuvo sus primeras cartas de nobleza de manos de las matemáticas y, de golpe, impulsada por la velocidad del electrón, las matemáticas descubrieron ante sí horizontes infinitos.

Mientras las matemáticas derivaban hacia la especulación filosófica, como en la teoría de las catástrofes y en la cosmofísica, que en cierto modo fagocitaron. En efecto, después de haber sido el instrumento de la física, las matemáticas pasaron a convertirse en el receptáculo que la contenía.

Moviéndose en magnitudes infinitamente pequeñas, la inventiva del hombre conseguía explotar lo inconcebible —o, más exactamente, lo incomparable— y al abordar magnitudes infinitamente grandes alcanzaba las fronteras de la poesía…

Historia de la comunicación

Desde la más profunda Antigüedad y hasta finales del siglo XX, la comunicación entre los humanos, cimiento de las sociedades, no conoció de hecho más que dos grandes acontecimientos: el advenimiento de la imprenta de caracteres móviles, tomada de China y puesta a punto por el genio laborioso de Gutenberg, y el de la electricidad. El primero permitió difundir el saber; el se­gundo, extenderlo a gran velocidad.

Desde la aparición de la imprenta moderna, el saber, en otro tiempo esotérico, se democratiza. Sin embargo, hasta el siglo XIX la prensa no ofrece un reflejo constante de las sociedades.

Efecti­vamente, hicieron falta tres siglos para que la alfabetización creara un público para la imprenta. Al democratizarse, el saber también fructifica. Cualquiera puede comprar por pocas mone­das un manual de química o de electricidad.

Esto que, en principio, parece beneficiar solamente a la im­prenta, de hecho (gracias al intercambio de información casi ins­tantáneo de una punta a otra de un país, y en seguida de un con­tinente a otro) modifica la percepción del mundo.

El fenómeno es, en un principio, imperceptible; luego se impone como uno de los rasgos predominantes de los tiempos modernos. El ruso o el inglés, y pronto el africano o el americano, pierden su status de extranjeros. Una conciencia embrionaria y tremendamente frágil de la unidad de la raza humana emerge de las tinieblas.

Los países se urbanizan, el crimen se extiende y con él pierde su carácter excepcional. La policía hace su aparición en la vida cotidiana. De este modo nacen las novelas policíacas Poe inventa el primer detective de ficción, el caballero Dupín antepasado directo de Sherlock Holmes y de Hércules Poirot

Los propietarios de los periódicos quieren aumentar sus tira­das. Nada como ofrecer la continuación de una novela, prefe­rentemente una novela de acción o aventuras, para conseguir que se compre el número del día siguiente. Ha nacido la novela por entregas.

Del mismo modo que la historia de la fotografía o quién inventó el cine nos enseña que es un método que capta el acontecimiento en imágenes fijas o en movimiento, el fo­nógrafo capta la voz humana. La humanidad se acostumbra a ver y oír a los difuntos, y paradójicamente la noción de eterno se vuelve insulsa. El flujo de la comunicación acaba imponiendo el sentimiento por saberes transitorios.

Historia de los medios de comunicación y mass media

Los gigantescos progresos realizados en aspectos teóricos relacionados con la electrónica, el electromagnetismo o la óptica, unidos al creciente dominio de las técnicas correspondientes, han desencadenado desde mediados del siglo XX una proliferación casi explosiva de diversos modos de comunicación que habían ido surgiendo años atrás.

El transistor, por ejemplo, estimuló extraordinariamente la difusión de las comunicaciones con la invención de la radio, medio que empezó a hacerse accesible a principios de siglo XX. Más tarde, con uno de los hitos de la historia, el invento de la televisión, la información llegó a las masas.

Por otra parte, el perfeccionamiento fulminante de las técnicas de grabación de audio, como el vídeo, y del sonido y de la imagen ha permitido desarrollar los intercambios de información hasta un punto que algunos consideran cercano a la saturación.

Puede afirmarse por tanto que el desarrollo de los intercambios de signos ha sido uno de los rasgos principales de la evolución del mundo desde 1850.

Pero sin duda, lo que ha supuesto una completa revolución en la historia es el acceso al conocimiento, la democratización del saber gracias al invento de la computadora y la posterior invención de internet y el correo electrónico o e-mail.

Posteriormente llegaron empresas como Google, Micrososft o Apple, que sin duda han sido claves en la historia de la comunicación y de que todas las personas tengamos acceso a la información casi al instante.

Historia de la ingeniería

La mecánica ya existía, pero la técnica no la siguió. Esto es lo que uno tiende a concluir tras el estudio de las grandes inven­ciones que florecieron en los dominios gemelos de la energía y de la mecánica.

Los griegos y los chinos fueron ingenieros y mecánicos pro­digiosos. No sin cierta sorpresa descubrimos que ya existían en el mundo antiguo bombas de incendio de tiro animal, compues­tas, evidentemente, de un cilindro y un pistón.

¿Y el calibrado? Pues bien, se hacía, mal que bien, casi siempre bien. Los auto­matismos, los reguladores, la transmisión por cadena, el cardan, la traslación de un movimiento circular a un movimiento rectilí­neo, la desmultiplicación…

Todo esto, observamos que también es muy antiguo y, a menudo, anónimo o de origen dudoso. Las in­venciones, como las obras de arte, sólo se firman de modo regu­lar a partir del Renacimiento.

Para explicar este misterio, es decir, el inmenso retraso que separa la mecánica de su emanación, la tecnología, podríamos apelar al retraso con el que la máquina de vapor fue, por fin, inventada. Pero esto sería sólo desplazar el enigma, ya que Herón de Alejandría había demostrado en el siglo I que la energía podía extraerse del vapor.

La respuesta parece proporcionada por la filosofía: sólo tras el Renacimiento el ser humano dejó, de alguna manera, de ser el rentista de la tierra.

Del mismo modo que le hicieron falta centenares de millares de años para pasar del nomadismo, de la caza y de la recolección a la sedentarización, a la agricultura cría de animales, le hicieron falta poco menos de dos milenios para pasar de las utilizaciones simples de energía (fundamentalmente el molino de viento o el molino de agua y la propulsión a vela) al dominio de la energía.

Y sobrevino de golpe. Apenas unas decenas de años separan el dominio del vapor del de la electricidad. Con la revolución industrial la humanidad alcanzó por fin la edad de la razón y reinventó, a menudo sin saberlo, las antiguas maravillas del genio mecánico humano.

Historia de las herramientas

La tecnología que domina las invenciones en el ámbito de la in­dustria, los materiales, las herramientas y la ingeniería civil desde la Antigüedad y hasta las cercanías de 1850 es indudable­mente la metalurgia.

Se compone de un entramado de descubri­mientos e invenciones propiamente dichas que son difícilmente separables, y permite además la fabricación de herramientas que dirigen el desarrollo de la civilización, empezando por las rejas del arado de fundición.

A partir de entonces se hace posi­ble labrar con el arado la tierra en profundidad y, por tanto, recoger mejores cosechas y mejor calidad y cantidad de alimentos.

A continuación, las herramientas de fundición, y pos­teriormente de acero, permiten tallar los materiales duros, como la piedra, y se multiplican los trabajos artísticos, en los cuales los romanos desarrollaron un genio incomparable.

Seguramente producto de un descubrimiento, el vidrio se fa­voreció de una serie de hallazgos, algunos precoces como el so­plado, que se remonta al siglo I, otros tardíos, como los cristales endurecidos con óxido de plomo.

Historia de las cosas de la vida diaria

Aunque el vestir cambiara, a menudo para complicarse, fueron pocos los aspectos de la vida cotidiana que mejoraron desde la Antigüedad hasta finales del siglo XIX.

En el ámbito de la higiene, por ejemplo, mientras que en la mayoría de las casas romanas se disfrutaba de agua corriente, en París en el siglo XIX, como en la mayor parte de las grandes ciudades europeas, el agua corrien­te era una rareza.

La higiene europea era deplorable, compara­da, por ejemplo, con la de los ciudadanos del Imperio Romano. Y cuando por fin se instaló el sistema de evacuación directa a la cloaca, hubo un clamor de indignación. ¡Atentado contra la vida privada!, clamaron las gentes que se decían bien pensan­tes.

Tener fuego era una proeza en el París imperial, y cuando se inventaron las cerillas, resultaron realmente peligrosas y su mal olor ofendía la decencia.

El único progreso notable del que se benefició la vida cotidiana en Europa y en América a princi­pios de siglo XX fue el alumbrado urbano, primero de gas, des­pués con lámparas de arco. Pero quien apartó definitivamente las tinieblas de las casas y de las ciudades fue el inventor de la bombilla eléctrica, el americano Thomas Alva Edison.

Hubo que esperar al período que siguió a la Gran Guerra, en el siglo XX, para que en las viviendas de las ciudades occidentales hubiese al menos la misma salubridad y confort que había en las casas romanas de hace veinte siglos.

Porque, aunque los olvidemos alegremente, los romanos, que sabían construir casas de varios pisos, habían inventado, por ejemplo, el ascensor y el aire acondicionado. Las cerraduras de la época de Cicerón sólo podían forzarlas salteadores exper­tos, y la calefacción central por canalización de aire caliente era un confort patricio hasta finales del siglo XIX, el cual permitía a los romanos no coger frío en sus casas cuando bajaban las tempera­turas.

Historia de los instrumentos de medida y matemáticos

Uno de los raros ámbitos de la historia de las invenciones en que se pone de manifiesto cierta continuidad es el de los instru­mentos y técnicas de medida y de observación.

Excepto en la Edad Media europea, período en el que casi no se produjo nada en este dominio porque una especie de quietismo cubría la cu­riosidad del mundo, los espíritus inquietos no han parado de organizar el inventario del mundo perceptible.

Desde el IV mile­nio antes de nuestra era, el tiempo se mide; desde el tercero, se mide la Tierra; desde el segundo, se pesan los cuerpos con una precisión creciente; en el siglo I, los chinos inventan el sistema deci­mal e Hiparco utiliza un teodolito para medir los ángulos redu­cidos en el horizonte.

La madre de este movimiento es la matemática; sus hijos: la mecánica, la óptica, la física, la química, la estadística. De este modo, el espíritu humano elabora un sistema de referencias exactas que capturan progresivamente las ideas de la percep­ción del mundo y las transforman en hechos.

Ya no se puede “tener la impresión” de que tal punto está más lejos o más cerca que otro, y que el viento sopla hoy más o menos fuerte que ayer, o incluso que la mortalidad ha variado en cierto sentido a partir de tal fecha.

Una de las invenciones más sorprendentes hasta finales del siglo XIX es la máquina de calcular. En principio, parece destinada únicamente a permitir un cálculo más rápido; por otra parte el objeto de la pascalina era aligerar los trabajos aritméticos de Pascal padre, y sin embargo, va a modificar la concepción de la lógica, posteriormente de la psicología, luego de la filosofía del conocimiento.

Su importancia únicamente la sobrepasa, en repercusiones, la invención del reloj, que sustituye la noción objetiva del tiempo por la del tiempo interior o duración, fundada por Bergson.

Como instrumento de medida perfectamente material, el reloj indudablemente es, en este sentido, el único que ha modificado al ser humano en su interior, ya que en el siglo XX, la misma organización del tiempo medible impregnó la duración, mediante la automatización, la división del trabajo y las operaciones industriales simultáneas.

El reloj creó de este modo la impaciencia y el extraño sentimiento del aburrimiento en una travesía transatlántica que solamente dura siete horas de avión en lugar de dos mil horas como dos siglos antes.

Historia de los alimentos y bebidas

La necesidad de asegurar una alimentación regular llevó a la humanidad desde la caza, la pesca y la recolección a la inven­ción de la agricultura y la cría de animales. La invención fue muy lenta y se extendió durante milenios, lo cual hace imposible reivindicar su paternidad.

La costumbre de recolectar, adquirida entre los milenios octavo y sexto anteriores a nuestra era, constituye la base de la civilización. Impuso la sedentarización, y tras ella vendrían las ciudades, los estados, la política, la técnica… y las guerras.

El cultivo de la tierra llevó al del espíritu. Aislados en sus regiones y, por tanto, también genéticamente, los pueblos se diferenciaron y sus religiones se diversificaron.

Desde las primeras recolecciones de trigo, solamente se ha producido un cambio importante en agricultura: la intervención de la industria. La mecanización de la agricultura redujo enormemente la clase campesina, lo que supuso, a partir del siglo XIX, una modificación radical de la sociedad.

La industria conservera y la alimentación industrial en su conjunto han eliminado definitivamente, en los países industrializados, la amenaza de las hambrunas; éstas fueron persistentes en Europa hasta el siglo XVIII y en algunos otros países hasta más tarde. Una vez haítas, las sociedades industriales han adoptado reglas dietética.

Aunque en menor medida, la diversificación de culturas, favorecida por los viajes de exploración y por la práctica de la selección agrícola, ha cambiado íntegramente las especies vegetales y animales.

Ya tienen poco en común el maíz mexicano de antaño y el maíz contemporáneo, y nuestros granjeros no dejarían de sorprenderse ante un cerdo de la Edad Media, animal “singular”, con los flancos planos y una potente osamenta. La llegada de la patata modificó el régimen alimenticio de medio mundo y el caballo ya sólo es un animal de concurso y carreras.

Historia de la agricultura y la alimentación

Por sorprendente que pueda parecer, es preciso constatar que dos ámbitos de la actividad humana tan fundamentales como son la agricultura y la alimentación apenas se han visto transformados por algún invento capital desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días, exceptuando la mecanización de la agricultura y las técnicas de conservación de los alimentos, que son “inventos” anteriores.

En el ámbito agrario, las grandes diferencias entre los métodos del siglo XIX y los del XXI residen en mejoras de técnicas y de variedades agrícolas.

La creación de especies nuevas, que a finales del siglo XX representa la punta del progreso en este ámbito, no es sino una de las repercusiones de la ingeniería genética; por lo demás, no se ha producido hasta la fecha ningún cambio notable.

Ciertos expertos se alarman incluso de que el cultivo de ciertas variedades agrícolas tienda más bien a empobrecer el patrimonio genético de las especies vegetales y animales.

En el ámbito alimentario, la irradiación por rayos UVA industrial de los alimentos, surgida a finales del siglo XX, es sólo la extrapolación de una idea que se remonta a 1.896.

Si bien es cierto que los gustos alimentarios de la humanidad se han modificado considerablemente, los alimentos de consumo básico siguen siendo esencialmente los mismos, y los modos de conservación y de preparación de los alimentos prácticamente no han variado desde el siglo XIX.

Cierto que cada vez es más frecuente que compremos el jamón ya cortado y envasado, listo para ser consumido, pero sigue siendo jamón.

Su calidad ha mejorado sin duda gracias a controles sanitarios cada vez más rigurosos, pero también se ha normalizado; ya no es habitual encontrar un jamón excelente en un punto de venta y mediocre en otro.

Historia de los transportes

Una considerable peculiaridad domina la evolución de los transportes desde los orígenes de la humanidad: es el hecho de que la energía mecánica, que estaba disponible desde al menos el siglo I antes de nuestra era, bajo la forma de ese prodigioso prototipo que fue la eolípila de Herón de Alejandría, no comenzó a estudiarse de forma práctica hasta finales del siglo XVIII.

Todo estaba a punto para que existieran calderas y locomotoras durante el Imperio Romano o, en cualquier caso, bajo el Imperio Bizantino. Los metales duros, los pistones y los cilindros, las bielas y los cigüeñales existían. Incluso el cardan se había inventado.

Pero los desórdenes que siguieron a las invasiones bárbaras y la caída de Roma, el oscurantismo intelectual que prevaleció hasta finales de la Edad Media (los ingenieros corrían constantemente el riesgo de ser procesados por brujos), más tarde las incesantes guerras que asolaron Europa (la más destructiva de todas fue sin duda la Guerra de los Treinta años), dejaron a las ciencias y a las técnicas en un estado penoso. Inventar era un lujo de solitario, generalmente sin mucho futuro.

Hasta el siglo XVIII, la curiosidad intelectual no se despertó por completo, gracias a la influencia de los enciclopedistas. Por vez primera en los tiempos modernos, un oficial de artillería, Nicolás-Joseph Cugnot, construyó un vehículo de vapor, la célebre narria, que de hecho no era más que un tractor de artillería.

Catorce años más tarde, una oveja, un gallo y un pato inauguraban en Versalles la era del transporte aéreo a bordo de un globo de aire caliente construido por papeleros, los hermanos Montgolfier, y la humanidad únicamente tenía que esperar al motor de explosión que vio la luz a finales del siglo XIX, gracias a Alpphonse Beau de Rochas.

La edad de oro del vapor fue espléndida, pero breve; apenas duró un siglo, de mediados del siglo XIX a mediados del siglo XX. Tuvo sin embargo, el gran mérito de asegurar la expansión del ma­quinismo industrial y de permitir los transportes rápidos, cómo la invención del tren, independientemente de lo que pensaran algunos “expertos”, como el ilustre Arago, quien había predicho que las tropas que se transportaran por vía férrea estarían “emasculadas”.

Pero es también cierto que, en la inauguración de la línea férrea París- Saint-Germain, en esa misma época, los médicos habían advertido a los pasajeros que tendrían tuberculosis.

Aquí vas a poder conocer la historia de medios de transporte como la bicicleta, la motocicleta, el barco, el taxi, el autobús, el avión, el tranvía, el dirigible, el helicóptero y muchos más. Sabrás quiénes fueron sus inventores, el origen de su idea y cómo ha sido su evolución con el paso del tiempo.

Historia de los vehículos

No cabe duda de que el período transcurrido desde 1850 ha sido el más brillante de la historia de los transportes. El salto de pulga del avión de Clément Ader inauguraba un desarrollo fulminante que no sólo modificaría el ámbito específico de los transportes, sino también el de la cultura humana en su conjunto.

La humanidad, que ahora puede salvar en algunas horas unas distancias que no mucho tiempo atrás consideraba prodigiosas, ha modificado incluso la visión que terna de sí misma. Gracias a la aviación, estas distancias se han reducido considerablemente y el turismo ha adquirido unas proporciones que le han convertido en una industria de dimensiones económicas inmensas.

Por otra parte la astronáutica, hermana de la aviación, ha llevado a la humanidad a modificar su visión del universo y, al entreabrirle las puertas del infinito, le ha hecho tomar conciencia, paradójicamente, de su propia finitud.

Otro protagonista de esta historia, que ha adquirido importancia mundial es el automóvil, cuyo destino se ha ido modificando sin embargo con una rapidez desconcertante desde que se hizo accesible a la mayoría de los habitantes de los países industrializados.

Tenido en su origen por un invento liberador, el automóvil empezó a ser considerado a partir de los años sesenta como un producto de consumo eminentemente perecedero, más tarde como una esclavitud económica, antes de empezar a ser descrito por algunos como un peligro de primera magnitud para la la salud de la humanidad. Desde un punto de vista estrictamente económico, muchos países empezaban a comprender a finales de 1980 el coste creciente de los accidentes automovilísticos.

El batiscafo y sus derivados, los submarinos de exploración merecen sin embargo, y a pesar de su ámbito mucho más restringido, una mención especial en la historia de los transportes por haber contribuido a abrir al hombre uno de los últimos territorios inviolados del planeta, las profundidades marinas. La exploración submarina, en efecto, ha favorecido el conocimiento del globo más que ningún otro medio de transporte.

Como dato curioso, por absurdo que parezca, lo cierto es que la velocidad media en las zonas urbanas de nuestro planeta es, a finales del siglo XX y principios del XXI, más o menos la misma que conocieron todas las regiones habitadas del globo durante el siglo XVII, unos 15 km/h.

Historia de los monumentos del mundo

El poeta Percy Brysshe Shelley escribió su célebre soneto Osymandias en 1817, después de realizar una visita al British Museum, donde pudo contemplar el imponente torso en granito de Rameses II que Belzoni acababa de traer consigo de Tebas, en Egipto.

De hecho, Shelley no se inspiró en dicho torso para su poema, sino en el pie de una segunda estatua todavía mayor que yacía en las proximidades de la primera, y que Belzoni se vio obligado a dejar en tierras egipcias.

La estatua a la que había pertenecido dicho pie debía de alcanzar las mil toneladas de peso, y lo que se buscaba al erigir unas estatuas de unas dimensiones tan colosales era precisamente transmitir a quien las contemplase la sensación de poder y grandeza, sentimientos estos tan intensos que han llegado incluso a sobrevivir a la ruina del propio monumento.

Así, los imponentes restos que se han conservado (el pie de Rameses II o los miembros huecos de bronce del derruido Coloso de Rodas al que hacen alusión diversos viajeros romanos) no han dejado nunca de avivar la imaginación de quienes los contemplan.

Maravillas antiguas a los ojos de la modernidad

El Coloso de Rodas es una de las siete maravillas del mundo antiguo, que a su vez se han considerado como algunas de las máximas expresiones del legado clásico desde al menos el Renacimiento.

Aquí, hemos optado por ampliar dicha cantidad, pasando de las siete originales a muchas más. Todas ellas procedentes del mundo entero, desde los menhires monolíticos de la Bretaña, que se remontan al 5000 a. C,; hasta el templo mayor de Tenochtitlán, que tanta admiración despertó entre los conquistadores españoles que arribaron a tierras de México durante el siglo XVI.

El término “maravillas del mundo” tal vez pueda parecer algo trasnochado en estos tiempos que corren, si bien pocas son las expresiones capaces de reflejar mejor que ésta el alcance visual y emocional de estos monumentos.

Un alcance que, por otro lado, va indisolublemente ligado a la propia esencia de cada uno de dichos monumentos y que, como tal, permanece hoy en día tan vivo como antaño ¿Quién puede evitar caer rendido ante la majestuosidad de los templos labrados en piedra de Abu Simbel o al caminar por una sección de la Gran Muralla china?

En realidad, es ese sentimiento de asombro lo que buscaban precisamente las personas que idearon tales monumentos. Así, los templos de Abu Simbel no eran más que tremendos instrumentos de propaganda al servicio del poderoso faraón Ramses II y la totalidad del estado egipcio.

De igual modo que la Gran Muralla china fue mucho más que una colosal construcción militar al convertirse en un símbolo de poder cimentado en el contundente impacto visual que producía la interminable línea defensiva.

Y es que, en definitiva, este tipo de monumentos se concibió para deslumbrar. Demasiado grandes como para ignorarlos, obligaban a quienes los contemplaban a imaginar el ingente esfuerzo y recursos materiales que se precisaban para crearlos. Pero, lejos de agotarse en esa lectura, se convertían además en símbolos del dominio de las diferentes técnicas constructivas

Redescubrir las técnicas de construcción de los antiguos

La historia de cada uno de los diferentes monumentos que podrás ver en CurioSfera Historia permite hacerse una idea muy aproximada de las técnicas de construcción que empleaban los antiguos en cada una de sus regiones de procedencia.

En algunos casos, no obstante, no han quedado testimonios de dichas técnicas. A pesar de lo difícil que es concebir el modo en que se construyeron las pirámides o se enderezaron los menhires de Stonehenge, recientes estudios han permitido demostrar cómo se pueden erigir estructuras similares a aquéllas sin necesidad de la moderna maquinaria de hoy en día.

De hecho, no deja de ser motivo de admiración comprobar cuán lejos se podía llegar con unos medios aparentemente tan precarios, como puedan ser grandes cantidades de obreros tirando de cuerdas, el deslizamiento mediante una especie de patines (es el caso de las piedras azules de Stonehenge o de las cabezas colosales de los olmecas), o simplemente la labor incansable de los talladores de piedra en las canteras.

Cada uno de los monumentos nos muestra, a un tiempo, la capacidad de estas sociedades de llevar a cabo un enorme esfuerzo de coordinación, el laborioso aprendizaje de las diferentes técnicas de construcción y el lento trasvase de conocimientos a lo largo de sucesivas generaciones de artesanos, así como la férrea voluntad de desafiar a las leyes de la naturaleza y dejar en ella su impronta por parte de cuantos concibieron dichos monumentos.

Es preciso, sin embargo, reconocer la existencia de algún que otro fiasco, como el de la estela de Aksum, que se desmoronó en pleno levantamiento; el del obelisco inacabado de Asuán, que no llegó a salir nunca de la cantera, o el del mismo coloso de Rodas, que se desplomó a causa de un terremoto cuando todavía no habían pasado ni cincuenta años desde su construcción.

Gran parte de lo que sabemos se lo debemos a los arqueólogos y a su laborioso estudio de los restos conservados, completados a veces con la presencia de textos o grabados originales. En algunas ocasiones, los restos arqueológicos constituyen la única fuente para saber cómo debió de ser en su día tal o cual monumento.

Así, por ejemplo, no se tuvo constancia del emplazamiento original del gran templo de los aztecas, destruido por los españoles, hasta 1978, y ello a pesar de que se conservaba alguna descripción realizada por los propios colonizadores.

Por otro lado, la arqueología arroja nueva luz sobre monumentos ya consagrados y perfectamente visibles, como las pirámides o la propia Esfinge de Giza, así como sobre otros ”descubiertos” más recientemente, como las ciudades mayas de Centroamérica o los templos de Angkor, en Camboya.

Todos estos monumentos constituyen un soberbio testimonio de los logros alcanzados por el hombre en el manejo de la piedra, el adobe, el marfil o el mismo metal.

Muestran, en definitiva, el esfuerzo de unas sociedades del pasado por ir más allá de unos límites tecnológicos concretos para celebrar, inmortalizar o simplemente impresionar a través del despliegue de una maestría y una capacidad de trabajo fuera de toda duda.

Claros ejemplos de ello son el buda de Bamiyan o los templos de Abu Simbel, que se cuentan entre las mayores construcciones talladas en roca viva de todos los tiempos.

Muestran asimismo un asombroso dominio de las técnicas para transportar y levantar estatuas o estelas de enormes dimensiones y cientos de toneladas de peso.

Además, a través de templos y palacios ricamente esculpidos no sólo plasman el genio arquitectónico y una asombrosa maestría artística, sino también la extraordinaria habilidad para manipular ingentes cantidades de material de obra, procedente en ocasiones de canteras lejanas. Finalmente, incluimos en esta selección auténticos hitos de la ingeniería, tales como puentes, acueductos y enormes canales.

A través de los estudios llevados a cabo por los arqueólogos podemos determinar cómo se construyeron todos estos monumentos. Gracias al estudio minucioso de las propias estructuras, la laboriosa excavación de los asentamientos, la determinación precisa de sus dimensiones y su orientación, así como al análisis de los conocimientos técnicos disponibles en cada una de las épocas y regiones, podemos detallar cómo se crearon incluso hasta los monumentos más desconcertantes de todos.

Por otro lado, el hecho de desvelar parte de su misterio no implica que hayamos de pasar por alto el mensaje que subyace en cada uno de ellos.

El mensaje de los monumentos en la historia

En muchos casos, la respuesta instintiva del espectador ante dichos monumentos suele ser la correcta en tamo que coincide con lo que sus creadores pretendían provocar desde un principio ante su destinatario original, ya fuera éste el pueblo, una potencia enemiga o, simple mente, la posteridad.

No en vano, tanto las dimensiones como la solidez y el método de construcción de cada uno de estos monumentos, llevados a su máxima expresión, constituían una garantía a la hora de dejar una impronta indeleble en las generaciones futuras del soberano o la sociedad que los vio nacer.

De hecho, incluso aquellos monumentos concebidos más para los muertos que para los vivos, como los lugares de reposo eterno de los soberanos Khmer, los emperadores chinos o los caudillos mayas, se concebían como imponentes estructuras perfectamente visibles.

Este afán por la gloria póstuma no afecta por igual a los diferentes monumentos que hemos seleccionado. De hecho, cabría preguntarse si las calzadas romanas o los canales chinos no respondían a una voluntad puramente funcional.

En ese sentido, no está de más señalar que en los mojones de las calzadas romanas aparecía siempre el nombre del emperador que había encargado la construcción de tal o cual vía, o que fueron los propios reyes de la dinastía Sui quienes asumieron la construcción de los canales como objetivo dinástico, a pesar del enorme gasto que ello suponía para las arcas reales.

Y es que, en el fondo, cualquier proyecto de tal envergadura lleva implícito un mensaje de poder, autoridad y legitimidad. Así, nadie osaría poner en duda la legitimidad de Hatshepsut al contemplar los imponentes obeliscos que mandó erigir la célebre faraona egipcia, aunque se tratase de una mujer.

Por otro lado, muchas de estas obras magnas suelen marcar el tránsito de una dinastía a otra, como es el caso de las pirámides egipcias, construidas en los albores del Imperio antiguo, o del Coliseo de Roma, que marcó la ascensión al trono de la dinastía flavia, o de la Gran Muralla china, iniciada en tiempos del primer emperador Shi Huang Di.

Es evidente que las dificultades técnicas de cualquier proyecto de esta envergadura refuerzan el halo de poder de quienes las construyeron, y el modo en que se llegaron a hacer realidad debió de ser todo un misterio para los pueblos del mundo antiguo, tanto como lo son hoy para el visitante moderno.

Las enormes dimensiones y el con siguiente peso de los monolitos más grandes de Stonehenge han sido caldo de cultivo de todo tipo de teorías, tantas como piedras contiene el complejo.

Cómo se transportaron hasta el emplazamiento definitivo, ¿cómo se enderezaron?, ¿Cómo se colocaron las lascas horizontales? Ya en el siglo XII, Geoffrey de Monmouth atormentado por estos mismos interrogantes, propuso una explicación mágica.

Stonehenge era la obra de Merlín, que había transportado las enormes lascas de piedra desde Irlanda con ayuda de sus poderes mágicos. Esta predisposición a maravillarse, que tan prodiga se ha mostrado en tantas y tan variadas leyendas en torno a la construcción de Stonehenge, se remonta hasta los albores de la historia, más allá incluso de los primeros testimonios dejados gracias a la escritura.

Tal vez nunca llegaremos a hacernos una idea exacta de la percepción que tenían de estos monumentos las sociedades que los vieron nacer, si bien en ese sentido los textos coetáneos que nos han llegado constituyen una fuente de conocimiento de incalculable valor.

A falta de dichos textos, los arqueólogos deben basarse en los restos que se han conservado, testimonio mudo de unas estructuras creadas por unas sociedades que, en muchos aspectos, no distaban tanto de la nuestra.

Historia del arte y la música

La rapidez con que se efectúan estos intercambios ha modificado inevitablemente el propio contenido de las informaciones y sus estilos, es decir, la propia cultura.

Caeríamos sin duda en la insoluble paradoja del huevo y la gallina si nos preguntáramos, por ejemplo, si la difusión del jazz y posteriormente la de sus formas musicales derivadas hasta llegar al rock and roll, ha sido estimulada por el progreso técnico o si estas formas musicales no eran en sí mismas la expresión de un mismo espíritu.

Historia del hogar y utensilios

Los inventos que han contribuido a modificar nuestra vida, si eliminamos los inventos “perecederos”, esos que los ingleses llaman gadgets y que en español se designan con el ambiguo nombre de “chismes”, que no han modificado sustancialmente nuestro modo de vida, lo cierto es que resultan numerosos.

Entre los que sí han condicionado nuestra vida diaria citaremos, por orden alfabético, los siguientes: la bombilla eléctrica, prodigio de la tenacidad que nunca podremos agradecerle lo suficiente a Edison; la tarjeta de crédito, que tanto ha cambiado los hábitos económicos de todos los países industrializados; los detergentes, invento de doble filo que amenaza con contaminar nuestros recursos de agua potable; el lavavajillas automático, el papel higiénico y el cubo de basura comunitario, que han mejorado sensiblemente nuestras condiciones de higiene, por no hablar del retrete, invento cuya historia pertenece a la categoría de lo rocambolesco, o del bolígrafo, instrumento cuyo triunfo coincide, paradójicamente, con el declive del arte epistolar.

Otros inventos que condicionan la vida cotidiana actual, como la invención del teléfono, la máquina de escribir o el ascensor, o bien pertenecen a otros ámbitos, como la televisión, la radio, el automóvil o los textiles sintéticos.

Debemos prestar especial atención sobre esos invisibles factores del progreso que son la producción en masa y la miniaturización, que actualmente permiten llevar consigo un ordenador electrónico portátil mucho menos voluminoso que el portafolio más plano del mercado… que hace sesenta años habría tenido que ser remolcado por un camión.

Estos factores cuentan al menos tanto como el producto acabado en sí mismo, y esta observación es también aplicable a otros muchos inventos enumerados. Sin la miniaturización en electrónica, no dispondríamos de aviones regulares tan fiables como los que actualmente nos llevan de vacaciones y, sin el perfeccionamiento de la producción en masa, el iPod que tanto gusta a las jóvenes generaciones costaría probablemente mucho más caro.

Historia de los inventos militares y bélicos

Si los técnicos e ingenieros militares hubiesen puesto su genio inventivo al servicio de otros dominios, el destino de la humanidad habría sido sin duda mucho mejor.

Aparte de la locomoción mecánica y de la bomba atómica, no hay prácticamente nada que no haya sido inventado en los primeros siglos de nuestra era, o incluso antes. Bombas incendiarias, guerras de gas, lanzallamas, guerras bacteriológicas e incluso biológicas estuvieron de moda en China en tiempos muy remotos.

Los escandinavos tuvieron, en el siglo X, barcos acorazados con los que espoloneaban a los pobres navíos desarmados de sus enemigos. En el siglo XV, el fusil ya estaba listo. En este terreno, el progreso técnico es incesante; el deseo de matar más y más deprisa hace prodigios.

La fiebre bélica, comporta capítulos históricos pintorescos. Uno de ellos fue la invención del submarino, que en su juventud resultaba ser tan peligroso para el submarinista como para sus enemigos y que, en cualquier caso, era agotador, pues había que hacer girar la hélice a mano con un cigüeñal.

Otro capítulo curioso, lo constituye la invención del blindaje de navíos de guerra. Los barcos militares se construían en madera muy gruesa, en la cual las balas de cañón sólo hacían agujeros puntuales, lo que, unánimemente, era suficiente para almirantes y marineros.

Los rusos mostraron los destrozos que podían hacer sus nuevos obuses explosivos, y Dupuy de Lôme, pionero de los acorazados, fue convocado con urgencia en 1.858 para que construyera esas fortalezas flotantes que anunciaba desde hacía diez años.

Ya nadie se encontrará en la situación, tan ventajosa, de los conquistadores españoles cara a los indios americanos, a quienes las armas de fuego y los caballos de sus invasores sumieron en una total confusión. Sin embargo, el progreso técnico militar se extendió rápidamente en pocos años, y la muerte también.

Historia de las tecnologías militares

La puesta a punto de la bomba atómica, y más tarde de la bomba termonuclear, en los diez años comprendidos entre 1.945 y 1.955, ha desencadenado una crisis de conciencia en los medios científicos internacionales que los poderes políticos de las grandes potencias no han conseguido sofocar hasta la fecha.

La proliferación de pequeños países, con posibilidades de equiparse con armamento atómico sólo ha contribuido a acentuar un malestar que se ha extendido incluso al gran público. Aunque los efectos de este fenómeno sean imposibles de evaluar, parece poco probable que hayan servido para frenar la invención de medios de destrucción.

Sin embargo, es posible constatar que en el sector armamentístico apenas se han producido inventos capitales, salvo contadas excepciones, y que las innovaciones que se suceden en este campo desde el final de la Segunda Guerra Mundial no son de hecho sino perfeccionamientos técnicos de inventos anteriores, generalmente civiles.

Los microordenadores instalados en misiles o en satélites artificiales, capaces de realizar intervenciones en tiempo real, son en este sentido uno de los rasgos dominantes de las tecnologías militares, pero no pueden calificarse de inventos en el sentido habitual del término.

Historia de los materiales

El cristal va a jugar un papel primordial en la realización de instrumentos de medida y observación, esenciales para la comprensión del mundo. Es, después del metal, un material clave para la civilización.

Importante técnica industrial, el tejido no se desarrolla hasta que no se dominan el vapor, y posteriormente la electricidad. Uno de los derivados más inesperados es indudablemente la informática, que se funda en las tarjetas perforadas que Vaucanson había intentado adaptar para el tejido de dibujos complejos.

Una importante revolución, todavía mal entendida en siglo XX, concierne a la arquitectura: la del estilo gótico. Durant mucho tiempo sólo fue analizado el aspecto estilístico, pero introduce la noción íntegramente nueva de estructura portante que anuncia la arquitectura moderna.

Los muros se adelgazan y permiten que la luz entre en los edificios: la revolución del es­tilo falsamente llamado “gótico”, esboza también una revolu­ción cultural de primera magnitud.

Sin duda te esperan algunas sorpresas, fundamen­talmente las relativas a la antigüedad del hormigón, el aluminio o las torres de sondeo.

Historia de la industria y tecnologías industriales

El hecho de que la expansión de la industria moderna comience en la segunda mitad del siglo XIX autorizaría a suponer que la proliferación de inventos destinados a la industria ha seguido una progresión geométrica, por no decir exponencial.

Sin embargo no ha sido así, y lo que es más, los inventos más revolucionarios que afectan a este ámbito no aparecen aparecen hasta ya entrado el siglo XX. El acero inoxidable, por ejemplo, data de 1913, el caucho butílico surge en 1937, etc.

La industria tardó mucho en asimilar los inventos de la química, aunque más tarde los devorará con avidez. Hasta la segunda mitad del siglo XX la industria era esencialmente “pesada”.

Pero a partir de ese momento empiezan a aparecer inventos realmente originales, como las aleaciones con memoria, el kevlar, los ferrofluidos o los textiles injertados, inventos cuyo alcance todavía resultaba impredecible a finales de la década de los ochenta del siglo pasado.

En realidad, dos fenómenos capitales explican esta singularidad. El primero es la automatización adoptada por la industria pesada desde la segunda mitad del siglo XX que ha permitido realizar los mismos productos a precios cada vez más bajos, retrasando por consiguiente la entrada en escena de procedimientos y materiales nuevos y, por ello, forzosamente más caros.

El segundo es la diversificación, por no decir la automización, de lo que antes se denominaba “industria” y que se refiere esencialmente a la siderurgia, cuyos territorios se han reducido de forma notable.

Es posible afirmar, por tanto, que en este nuevo gigante que es la industria electrónica, la parte estricta mente “industrial” se ha diluido en beneficio de la parte ocupada por la investigación: en un chip, por ejemplo, que agrupa varios cientos de transistores, su montaje es una cuestión secundaria. De hecho no pertenece verdaderamente al dominio de la industria, sino al de la electrónica, y por ello encontrarás referencia a él en este capítulo.

Del mismo modo, la industria del automóvil, que constituye uno de los últimos bastiones de la industria en su sentido primitivo, ha sido fagocitada por una serie de creadores relacionadas con la química, como las cerámicas metálicas.

El automóvil, mitad químico, mitad electrónico, difícilmente puede ser considerado “industrial”. Todos los inventos relacionados con él los puedes ver en la categoría dedicada a los transportes.

El mismo término de industria se va despojando lentamente de su sentido originario. Se habla ya de una “industria de las biotecnologías” para designar a un ámbito productivo cuyas instalaciones apenas ocupan algunos cientos de metros cuadrados —prácticamente destinados a laboratorios— y en los que unos nuevos esclavos, las bacterias, trabajan sin descanso encerrados en sus tubos de ensayo, “fabricando” sustancias como la insulina…

Historia de los avances e inventos médicos

Generalmente tendemos a creer que los progresos de la medicina han sido continuos o casi lineales desde la Antigüedad. Esto no es así. La medicina antigua era empírica, y hasta que fueron levantadas las prohibiciones relativas a la disección anatómica de los cadáveres, se ignoraba prácticamente todo sobre el cuerpo humano.

¿Cómo se podía inventar si faltaban las bases?. Desde el Renacimiento y hasta finales del siglo XIX, los progresos médicos estuvieron, en su inmensa mayoría, respaldados por descubrimientos, sobre todo relativos a la anatomía.

Lo mejor que podía ofrecer un médico era un diagnóstico exacto, y esto no era lo habitual. ¿Acaso no se creyó, incluso hasta entrado el siglo XX, que la diabetes era una “enfermedad de nutrición”?

Las invenciones estrictamente médicas son pues, hasta finales del siglo XIX, escasas, accidentales y secundarias, como la invención de la jeringuilla.

Las invenciones se llevaron a cabo en la práctica médica, la higiene y la sanidad pública. Saladino inventó así la neutralidad de los médicos militares y esbozó la organización de la Cruz Roja.

Sin embargo, encontramos, laboriosamente, que los principios de la higiene fueron practicados por las civilizaciones antiguas y luego olvidados. Se empieza a controlar la calidad de los «productos farmacéuticos», si se puede llamar así a las triacas y otros licores de la época.

Se decreta la obligatoriedad de declarar las enfermedades contagiosas; en resumen, se sientan las bases de lo que será más tarde la medicina moderna en todo su sentido.

Ciertamente, los chinos esbozaron la endocrinología, y los indios, la cirugía estética pero finalmente, hay que decidirse a admitir que la medicina no consigue curar, apenas previene, fundamentalmente gracias a las vacunas.

Su modestia, desde este punto de vista, es loable, y tan sólo los charlatanes y los iluminados prometen la curación de las grandes enfermedades.

La lección, que parece negativa, es sin embargo positiva, ya que se demuestra que la invención debe fundarse en el saber, del cual es mucho más tributaria que el descubrimiento. No hay invención sin investigación y no hay investigación sin libertad.

Historia de la biología

Los inventos realizados en los ámbitos de la medicina y la biología son un pálido reflejo de la evolución operada en estas dos ciencias. En realidad, estos inventos son tan sólo un material cuyo alcance es secundario en relación con los revolucionarios cambios introducidos en el conocimiento de los seres vivos y en las técnicas de curación.

Hasta mediados siglo XX, por mencionar una fecha de referencia, la medicina y la biología se mantuvieron fieles a las viejas ideas categoriales, casi mecanicistas, heredadas de la tradición clásica. Si cierto organismo manifestaba un determinado síntoma, se le administraba cierto producto supuestamente destinado a tratar la causa del síntoma.

El remedio era sin duda indispensable, ya que uno de los deberes del médico es remediar el sufrimiento de su paciente. Pero era también bastante rudimentario, y frecuentemente provocaba tanto mal como bien.

A partir de 1.950, aproximadamente, la interpretación de un organismo vivo pasó de ser estática a concebirse en términos dinámicos y empezó a comprenderse que el equilibrio que rige la vida se basa en múltiples interacciones de subsistemas.

Se intentó entonces analizar la naturaleza de estos subsistemas y, como en física, se descendió del nivel del tejido al de la célula y de éste a niveles tan mínimos como el del ADN. Entonces, hacia los años sesenta del siglo pasado, la vieja biología de otros tiempos (que de hecho era simple naturalismo) se convirtió en la biología molecular y no hay ya otra biología que ésta.

Al mismo tiempo empezaron a surgir inventos que sólo adquieren sentido en este contexto, como los anticuerpos monoclunales, que imitan los productos del sistema inmunitario, el transplante genético, o al ratón transgénico. Inventos fundamentales que han modificado desde su aparición el futuro de la medicina, mientras que sus aspectos prácticos apenas han sido esbozados.

También han empezado a aparecer inventos en cirugía, como el casco gamma o el bisturí láser, que convierten el arte del escalpelo de comienzos de siglo en una especie de carnicería desesperada, y medicamentos que son a la antigua farmacopea lo que la penicilina es a la triaca de los boticarios.

Los inventos realizados en este campo, relegan los últimos mil años de medicina y de biología a la prehistoria de estas ciencias.