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Para muchas mujeres, y cada vez más hombres, los productos de cosmética se han vuelto imprescindibles. Pero no es algo nuevo, la historia del maquillaje nos dice que el gusto por cuidar nuestro aspecto externo nos acompaña desde hace miles de años. En CurioSfera-historia.com te explicamos el origen de los cosméticos, también quién los inventó y su evolución con el paso del tiempo hasta la actualidad. ¿Comenzamos?

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Origen del maquillaje y la cosmética – la prehistoria

Para conocer los orígenes del maquillaje y los cosméticos debemos remontarnos miles de años atrás en el tiempo. Cuando en el año 3000 a.C. se abrieron en el Antiguo Egipto los primeros salones de belleza, la cosmética, palabra griega que significa decoración, tenía tras de sí varios milenios: el hombre ha querido mejorar su aspecto desde su origen: la prehistoria.

quién inventó los cosméticos

Por tanto, si quieres saber quién inventó el maquillaje, debes saber que 8.000 años de antigüedad tiene una paleta para moler y mezclar polvos para la cara y pintura para ojos y labios. Al parecer, todo empezó siendo un simple rito religioso y guerrero que no tardó en evolucionar hacia la estética.

Las viejas civilizaciones de Oriente Medio habían hecho del adorno personal y el maquillaje arte y práctica obligada. El cuerpo era el único patrimonio del hombre, y todo cuanto poseía una mujer, y nadie dudaba en hacer de tan preciada posesión un objeto de belleza.

No sorprende que los salones de belleza sean más antiguos que la costura (ver historia de la alta costura), y que las recetas para el sombreado de ojos y polvo blanco para la cara sean tan antiguas o más como las recetas culinarias.

Entre las prácticas y productos cosméticos más antiguos aún en uso destaca la crema hidratante. De hecho, este producto cosmético es muy anterior al jabón (ver historia del jabón).

Viejas recetas cosméticas en escritura cuneiforme testimonian la existencia de cremas hidratantes en el Egipto faraónico hace más de cinco mil años. No sorprende que la crema para el cuidado de la piel gozara de popularidad en un medio tan hostil: el cutis no se ha llevado nunca bien con el desierto.

El maquillaje en el Antiguo Egipto

Con ese fin se empleó en Egipto (ver historia de Egipto), donde el arte del maquillaje llegó a las cotas más altas de la Historia. De hecho la primera moda, entendiendo por tal el influjo sobre gran parte de la población de una manera determinada de hacer las cosas, fue la del maquillaje egipcio.

cosméticos en el Antiguo EgiptoCuando en el siglo I a.C. Cleopatra escribió su manual de cosmética no hizo otra cosa que recoger las recetas del saber del viejo Egipto alusivas a coloretes, cremas, pastas y perfumes (ver historia del perfume).

La desdichada amante de Julio César y Marco Antonio daba a sus ojos tonos verdes, pintaba los labios de negro con reflejos azulados, daba tonos rojizos a manos y pies, y las venillas de los pechos, siempre al descubierto, se señalaban con azul.

Tanto en la vida como en la muerte, los cosméticos fueron una obsesión. Las cosmetólogas egipcias de la Antigüedad tenían remedio para todo lo relacionado con los problemas de la piel.

Las manchas en la cara se trataban con una mascarilla preparada a partir de cera, aceite, estiércol de gacela o de cocodrilo y hojas de enebro molidas, todo mezclado con leche fresca aromatizada con incienso. La inquietud femenina por paliar los estragos del paso tiempo en el rostro buscó desde edad temprana todo tipo de remedios.

No está lejos la época en que se recomendaba usar rodajas de pepino, o bolsas humedecidas con infusión de té para los ojos, o mascarillas de belleza a base de miel, áloe y otras plantas aromáticas.

Entre las recetas extravagantes utilizadas a lo largo de la Historia para revitalizar la piel ajada y devolverle su tersura se recomendaba: “Falo de buey y vulva de ternera, a partes iguales, debidamente secados y molidos”. Resulta curioso que aquella milenaria receta coincida con las actuales inyecciones de células de feto de ternera.

Los destellos de los ojos eran muy populares. En la civilización del Nilo se trituraban en un mortero los caparazones de ciertos escarabajos del desierto para conseguir el polvillo que luego se mezclaba con el sombreado de malaquita que se aplicaba en los párpados; el oscurecimiento de cejas y pestañas se obtenía con una pasta hecha a partir de almendras quemadas, polvo de antimonio, arcilla ocre y óxido de cobre: el khol.

Para realzar la mirada la mujer egipcia afeitaba sus cejas (Ver historia del afeitado), pintando en el hueco dejado otras cejas, o se colocaban cejas postizas, costumbre que se extendería más tarde al mundo grecolatino, donde las cortesanas importantes abusaron de aquella costumbre. La moda antigua, en lo que a cejas pintadas se refiere, era la de dibujar unas largas cejas que llegaban hasta la nariz, detalle que enloquecía a los hombres.

La cosmética en la Grecia Clásica

Los griegos siguieron la moda de su tiempo, aunque el uso del pintalabios cedió. Era una de las cosas que los diferenciaba de los pueblos de Oriente Medio. Pero aunque la cultura griega fue más parca, en los medios cortesanos no se entendía un banquete sin uso abundante de perfumes y bálsamos.

maquillaje Grecia Clásica

En la antigua Grecia (ver historia de Grecia), los comensales se sentaban a la mesa con el cuerpo perfumado y el pelo teñido. Se rociaba la estancia dejando que cuatro palomas impregnadas en perfume esparcieran en su vuelo el aroma sobre las cabezas de los comensales.

Así, las cortesanas griegas realzaban el colorido natural de sus mejillas con un polvillo blanco; la gran cantidad de plomo contenido en su mezcla terminaba sin embargo por estropear la piel, acarreando incluso la muerte.

Todo se sufría con tal de mostrar en público la imagen deseada. Los griegos llegaron a ser detallistas en el uso de potingues y remedios que paliaran las miserias del cuerpo. Tras las comidas, por lo general ricas en especias, se mantenían en la boca líquidos balsámicos con los que se hacían gárgaras para evitar el mal aliento.

Los Griegos sucumbieron al embrujo oriental, al gusto exagerado por los cosméticos: perfume indio; tintura para el pelo, hecha a base de polvillo de oro, polen amarillo y harina dorada; carmín para colorear las mejillas y disimular las arrugas de la cara con una pasta hecha a base de mandrágora; minio y bermellón de España para elaborar cosméticos colorantes.

El tocador de una dama grecolatina era más sofisticado que el de una actriz de nuestro tiempo. El rito del maquillaje era como sigue:

  1. La dama, que se levantaba al mediodía, se frotaba manos, brazos y rostro con helenium, pomada olorosa que servía de base.
  2. Tras esto lavaba el cuerpo con jabón de harina de habas y un producto extraído de la piel de la oveja.
  3. Daba brillo al rostro con el áloe y empastaba antebrazos y garganta con jabón bárbaro y grasa de cabrito.
  4. Llamaba a sus esclavas para que entraran a peinarla y hacerle la manicura, la pedicura y el perfumado en las zonas íntimas.
  5. Tras esto, como toque final, se impregnaba el vestido con perfume de rosas, y ya estaba lista para reanudar su actividad social, y reinar en el ocio de aquel dolce far niente.

Los ojos ejercieron una especial fascinación. Los antiguos creyeron que eran la sede de los pensamientos, por donde se asomaba el alma y se transmitían las emociones del corazón. Era importante dotarlos de un especial realce.

Constituían la expresión primera, la carta de presentación de la mujer. Por eso se centró en ellos el mayor cuidado cosmético a lo largo de los tiempos antiguos.

Por eso se pretendió corregir a la misma Naturaleza, tan a menudo injusta en el reparto de sus gracias y mercedes, y si la cosmética no era suficiente los griegos primero y luego los romanos conocieron la cirugía estética.

En este aspecto Celso (filósofo griego) describe en su De re medicina operaciones de nariz, labios seccionados o partidos, mandíbulas destrozadas y orejas deformes, y dice: “Nada hay tan grotesco que no pueda adquirir un noble aspecto si se trata convenientemente”. Si solo era preciso disfrazar o paliar los defectos o los excesos de la Naturaleza, se recurría a la cosmética.

Los aceites hidratantes se aromatizaban con incienso, tomillo, mirra e incluso con esencias de frutas y frutos secos como la almendra. De las muchas fórmulas que el mundo antiguo nos ha legado para rejuvenecimiento de la piel, la del moderno colcren es un caso notable de pervivencia.

Lo recomendaba en el siglo II a.C. el médico griego Claudio Galeno, entre cuyos pacientes se encontraba la nobleza romana. Galeno lo elaboraba a partir de cera blanca derretida en aceite de oliva y echaba sobre el producto resultante capullos de rosa triturados.

Para sustituir las propiedades limpiadoras del producto recomendaba el aceite de lana de oveja, es decir, la lanolina de nuestros días, llamada entonces despyum: era el cosmético más simple y económico del mundo antiguo, y como no contenía productos tóxicos llegó hasta nuestros días sin perder el viejo prestigio de crema o aceite hidratante ideal.

Los cosméticos en la Antigua Roma

En la época del Imperio Romano los cosméticos cuentan con una gran importancia. Atendiendo a esto, no sorprende que la mujer del mundo antiguo llevara siempre consigo su cajita o estuche de cosméticos. De Egipto pasaron estos usos cosméticos a Grecia y luego a Roma.

historia del maquillaje antigua RomaLos mercaderes que más tarde llevarían las sedas y las especias, habían llevado antes, como materia preciosa, los cosméticos. Pinturas, afeites, perfumes, maquillaje para los ojos, cejas artificiales.

El maquillaje era una pasión tanto para hombres como para mujeres. Se avivaba el brillo del rostro con grasas animales, y se ennegrecían los párpados con una pomada de hollín que aplicaban al borde de los párpados en una operación lenta y delicada en la que se usaba una aguja.

Más tarde, esta labor se vería facilitada por la fabricación de barritas de carbón muy delgadas, o de azafrán que servían para pintarse también las cejas, origen del rimmel.

Los legionarios romanos regresaban cargados de perfume indio; cosmético egipcio; tintura para el pelo a base de polvillo de oro, polen amarillo y harina dorada; coloreaban sus mejillas con carmín y disimulaban las arrugas de la cara con una pasta hecha a base de mandrágora.

De España llevaban el minio y el bermellón, para elaborar cosméticos colorantes, y se recurría a substancias exóticas. En el siguiente postcast puedes encontrar más información de la historia del maquillaje.

Para gustar era fundamental la imagen, por lo que todo se sacrificaba a aquella finalidad. La belleza empezaba por uno mismo y poco importaba que el universo fuera hermoso si uno carecía de esa virtud suprema que facilitaba el goce de la vida.

En la Roma clásica, Popea, esposa de Nerón preparaba sus mascarillas de crema hidratante con migas de pan y leche de burra, con lo que al parecer su rostro quedaba terso, limpio y fresco. La inquietud femenina por paliar los estragos del tiempo en sus rostros ha recurrido siempre a extraños y bizarros remedios.

El maquillaje en la Edad Media

historia cosméticos edad mediaEn la edad media, respecto a todo lo referido a los cosméticos y la belleza, cada parte del cuerpo tenía su propio tratamiento: para los brazos, la menta; aceite de palmera, para el pecho; codos y rodillas se untaban con esencia de hiedra; las cejas se frotaban con pomada de almoraduj o sándalo y mejorana.

No estaba exenta de peligro la práctica cosmética. Desde la Antigüedad resaltar la belleza llevaba consigo el riesgo de envenenamiento debido a los productos utilizados. Cuando la mujer medieva se empolvaba la cara para dotarla de palidez, o se daba colorete a las mejillas, podía verse afectada de parálisis, ya que los cosméticos antiguos se basaban en el plomo blanco y el plomo rojo.

Incluso en ya la Edad Media, las mujeres italianas daban a sus ojos un inusitado brillo mediante gotas de belladona, costumbre que acarreaba la ceguera. Y entre los componentes del colorete se empleó un veneno activísimo: el cloruro de mercurio.

Los cosméticos en el Renacimiento y Barroco

En los siglos XV y XVI, con la llegada del Renacimiento, la afición por la belleza se expandió por toda Europa. Las damas de la nobleza querían mostrar dejas despobladas o incluso no tenerlas.

historia del maquillaje renacimiento barrocoEl descubrimiento de América permitió la incorporación de nuevos materiales para elaborar cosméticos. De este modo, en las cortes inglesas y francesas, su empleo se convirtió en algo totalmente imprescindible.

En los siglos XVII y XVIII, en el Barroco, tanto en hombres como en mujeres de la alta sociedad, la obsesión por el maquillaje aumenta. Hasta el punto de la exageración y la extravagancia. Tanto es así que algunas mujeres se empolvaban tanto la cara que parecían enfermas.

En la España de entre los siglos XVI y XVII las mujeres pintaban sus labios con una pomada perfumada algo dura, que se coloreaba con jugo de uva negra y zumo de orcaneta, planta de cuya raíz se obtenía una sustancia roja que también usaban los confiteros para dar color a los dulces (ver historia del caramelo).

Esta pasta se adhería a los labios como pintura, y no dejaba huella al besar. Pero por lo general, aunque la costumbre estaba extendida, se criticó a quien la llevaba a la práctica. De ello da fe el Tesoro de la lengua castellana, primer diccionario enciclopédico que hubo en Europa, de Sebastián de Covarrubias, quien en los primeros años del XVII escribe sobre los aceites que las mujeres usan, entre ellos la pintura de labios.

El maquillaje de la actualidad

Los cosméticos actuales tienen su origen en las ceras o ceratos en una mezcla cosmética en la que el aceite era ingrediente principal: la famosa pomada Rosat, que también servía para proteger los labios de los agrietamientos del frío.

historia del maquillaje

Pero no fue hasta principios del XX con la ayuda de la química cuando surgiría un lápiz de labios eficaz y definitivo: las barritas de carmín que se amoldaban con facilidad y no entrañaban peligro para la mucosa bucal.

Los productos de belleza dejan, por fin, de ser un artículo de auténtico lujo y ahora empiezan a ser accesibles para millones de personas. En este aspecto destaca un país, Francia, en dónde surgen nuevos productos cosméticos, que respetan la naturalidad.

Florece la industria cosmética y ahora existen multitud de marcas y productos cosméticos y de peluquería. En 1926 apareció el llamado beso rojo, o rouge baiser, como lo denominó su inventor, el francés Jean-Paul Baudecroux. Era un carmín indeleble que creó a requerimiento de una amiga.

Por si fuera poco, la floreciente industria cinematográfica y las actrices que aparecen en las películas hacen que muchas mujeres sigan sus estilos de maquillaje y su forma de vestir. Además la publicidad (ver historia de las publicidad) jugó un papel muy importante.

Desde entonces, la estimulante huella de los labios femeninos se ha posado sobre vasos y cigarrillos, camisas y mejillas, cartas y corazones, dándole a la vida, en palabras del poeta, el colorido breve y fugaz del amor.

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