origen e historia del tinte de pelo

Teñirse el pelo o las cejas era práctica habitual en Oriente Medio hace 6.000 años, como muestra la arqueología. Con anterioridad al año 1000 a.C., los hombres lucían pelucas toscas de pelo animal que había que teñir. En CurioSfera-Historia.com, te explicamos la historia del tinte de cabello y su evolución.

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Origen del tinte de pelo

En el arte del peinado un pueblo sobresalió por encima de todos los demás, el pueblo asirio.

Sus peluqueros se hicieron famosos por su capacidad de esculpir el cabello. Fueron ellos los inventores del rizado y el moldeado. También fueron los asirios los que introdujeron y difundieron el teñido del cabello en el siglo XXII a. C.

El historiador y naturalista latino Plinio el Joven describe los usos cosméticos de los galos en el siglo I, así como el modo de aquellos bárbaros de teñirse el cabello con grasa de sebo de cabra y cenizas.

Plinio recomendaba los tintes oscuros. Para hacer frente a las canas incipientes se aconsejaba a los hombres preparar una pasta a base de lombrices de tierra y yerbas que se debía aplicar por la noche.

Teñido del pelo en la Antigüedad

En la Roma Clásica se podía escoger un teñido entre distintas modalidades y tonos. El dorado se conseguía mediante una variedad de jabones y lejías alcalinas traídas de Fenicia, centro cosmético del mundo antiguo.

El teñido temporal se lograba espolvoreando polen amarillo sobre una mezcla de harina y polvillo de oro.

No todas las sociedades se mostraban partidarias del pelo rubio o castaño: se sabe que los sajones gustaban de teñirse la barba y el cabello de azul, de rojo chillón e incluso de verde o naranja.

El dramaturgo Menandro, del siglo IV a.C., decía que lo mejor para teñirlo era aplicar al cabello limpio una untura especial y secarlo al sol durante horas.

Antes, en la cultura griega, no se entendía un banquete sin uso abundante de bálsamos y sin que los comensales se sentaran a la mesa con el cuerpo perfumado y el pelo teñido.

Pero estas cosas no se hacían antiguamente de manera inocua sino corriendo a menudo grandes riesgos. El tinte no se perdió nunca como costumbre; tuvo altibajos, pero se mantuvo siempre en el horizonte estético de hombres y mujeres.

En la Corte de Isabel I de Inglaterra, cuando esta reina era árbitro de la moda de su tiempo, tanto hombres como mujeres se teñían de color naranja el cabello. Como la reina era pelirroja, era color de moda.

Era también práctica corriente en la Francia del siglo XVI, donde perduró hasta la Revolución Francesa: María Antonieta, la infortunada reina guillotinada llevó estos usos a la exageración.

El cabello se rizaba y ondulaba, pero sobre todo se empolvaba de colores o se teñía de azul, violeta, rosa, incluso blanco: para gustos estaban los colores, pero los colores aplicados a los cabellos naturales o a las pelucas y postizos.

Evolución de los tintes para el cabello

En 1920 ya era posible pedir el tinte a la carta en las peluquerías.

El peluquero parisino Rambaud no sólo podía ofrecer ese servicio, sino que además, mediante la técnica del marcado y de la permanente podía transformar la cabeza de una señora en menos que canta un gallo.

Rambaud cortaba el pelo, lo enroscaba fijándolo con horquillas, lo permanenteaba, lo secaba bajo un casco que arrojaba sobre la cabellera chorros de aire caliente y obtenía un peinado vaporoso y ondulado que dejaba maravilladas a sus clientes, porque junto a aquellos cambios también lograba el del cambio de color o de tono.

Teñir de un color distinto al que naturalmente tiene el pelo de uno, ha sido siempre asunto peligroso. Ha supuesto a menudo su caída cuando no sarpullidos y otros males. El primer intento y posibilidad relativamente segura de hacerlo fue puesto a disposición del público en 1909.

Quién inventó el tinte de pelo

El tinte “seguro” fue inventado por el químico francés Eugène Schueller, que basó su fórmula en la parafenilenediamina, a partir de una mezcla que dio lugar al teñido comercial inofensivo de cualquier tipo de pelo.

A pesar de la demanda potencial de una sustancia así, al principio Schueller tuvo escaso éxito, acaso porque no había dado todavía con el nombre comercial adecuado, cosa que logró en 1910 creando su propia firma: L’Oréal.

Al principio, en los primeros lustros del siglo XX teñirse el pelo era cosa propia de actrices, de gentes de la farándula, por lo que en general las señoras se negaban a someterse a tales cambios de aspecto.

Todavía en 1950 sólo una parte pequeñísima de las mujeres más avanzadas, el 7 por ciento de francesas y americanas osaban teñirse el pelo. Proporción que treinta años después superaba el 75 por ciento de la población occidental.

¿A qué atribuir tan desproporcionado cambio?. Sencillamente a la publicidad. No fue un producto más seguro, ni una fórmula más moderna, ni un modo más sencillo de aplicar el tinte, sino la propaganda centrada en una necesidad nueva, en la creación de expectativas nuevas relacionadas con la imagen.

El teñido del pelo dejó de ser motivo de comentario escandaloso y visto como una actividad cosmética más. A finales de la década de 1960 no sólo un 70 por ciento de mujeres se teñían el cabello en Estados Unidos, también lo hacían casi dos millones de hombres.

Después de tres mil años de historia los porcentajes se habían vuelto del revés.

Si hace más de tres mil años el número de hombres que se teñía el pelo era muy superior al de las mujeres, ahora las mujeres se habían convertido en las protagonistas de una antiquísima práctica.

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