origen e historia del peine

La historia del peine, es la de uno de los objetos que utilizamos en la vida diaria tanto mujeres como hombres. Algo que puede parecer de muy poca importancia, por su gran sencillez, pero que su origen se remonta a miles y miles de años, desde la prehistoria. En CurioSfera-Historia.com, te explicamos el origen del peine, su historia y evolución en el tiempo.

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Origen del peine

En las excavaciones arqueológicas, entre los objetos del ajuar prehistórico aparece siempre el peine.

El Homo sapiens se peinaba hacia atrás y recogía el cabello en forma de coleta, como hoy hacen algunos con pretensiones modernas: el pelo largo recogido en una coleta es el peinado más antiguo, porque era el más práctico.

quién creó el peine

Se cree que el primer peine fue la espina dorsal de un pez grande, pero hay que ponerlo en duda, debido a la fragilidad de las espinas en relación con la fuerza que debe ejercerse en el dominio del pelo enmarañado, aunque es cierto que todavía hoy algunas tribus de África emplean peines de esa naturaleza como adorno.

No era cuestión de coquetería, el hombre del Neolítico lo necesitaba para poner orden en su greñuda cabeza. Abundaron los peines de madera, hueso o cuerno; y con la Edad de los Metales se impuso el peine de cobre, luego el bronce y finalmente el hierro. Eran más altos que anchos, a fin de dar firmeza a su distribución uniforme de las púas a lo largo de la media luna que formaba su base.

Todas las culturas y civilizaciones lo han utilizado: el peine y el cuchillo acompañaban al hombre antiguo en todas las latitudes de la Tierra. Todas las culturas menos una: los habitantes de las islas Británicas. A los britanos les enseñaron a usar el peine los daneses a finales del siglo VIII, siendo el pueblo que más ha tardado en asimilar este elemento de civilización.

Historia del peine en el Antiguo Egipto

Los peines más antiguos conocidos son los que empleaban en el Antiguo Egipto, del cuarto milenio a.C.

evolución del peine

De diseño ingenioso como muestra su doble fila de púas, aunque también los había de una sola hilera, y con hileras de distinto espesor.

Uno de los ejemplares más antiguos, es un peine elaborado con hueso, tiene diez mil años y forma de mano, evocando así que fue la mano el primer peine que utilizó el hombre.

En tumbas egipcias anteriores al 1500 a.C., y en enterramientos babilonios y asirios, el peine es uno de los útiles del ajuar del difunto.

Para los egipcios el peine era un artículo de uso individual, y se tenía por insensato a quien lo robaba de otro; ni siquiera los dioses podían intercambiarlos.

Historia del peine en la Antigua Grecia

Los peines evolucionaron según exigencias artísticas y otros se mantuvieron elementales y rudimentarios.

En la Grecia antigua se abusó de su utilización. Cuenta Herodoto, historiador griego del siglo V a.C., que el espía enviado por el rey persa en vísperas de la batalla de las Termópilas sorprendió a los griegos peinándose unos a otros con peines de marfil.

Como curiosidad, en el templo griego de Argos, en el Peloponeso, la diosa Palas tenía un juego de peines de oro.

Historia del peine en la Antigua Roma

En la Antigua Roma era signo externo de distinción y buen gusto: una cabeza despeinada era muestra de miseria y duelo.

Fueron los romanos quienes inventaron el peine de bolsillo, labrado en las cachas de hueso de una navaja plegable, también invento suyo.

Fue también en la Roma del siglo I donde se impuso la costumbre de requerir los servicios del tonsor o peluquero, que, armado de tijeras, navaja y peine, satisfacía a su numerosa clientela.

Ir a la peluquería era ya costumbre arraigada. También los templos tenían peluquero para el cuidado de las imágenes, que al tener peluca requerían ese servicio. La diosa romana Venus contaba con una extensa colección de peines ofrendada por sus devotos en pago a favores recibidos en el amor.

En la Antigüedad existían peines de distinto precio y calidad. El más barato era el peine de madera de boj, o el peine de hueso, peines cortos con doble hilera de púas para desalojar a huéspedes indeseables, tales como los piojos, verdadero terror de la Antigüedad.

Era objeto importante, tanto que su precio, como el del pan o el del circo, lo regulaba el Estado. Un buen peine no sobrepasaba los catorce denarios, aunque los de marfil podían costar más.

Solían ir grabados y adornados con motivos alusivos a la vida de su propietario. Por esa costumbre de grabar los peines se ha llegado a conocer la simbología de los primeros cristianos: peines con palomas, barquichuelas, palmas, peces o ramitas de olivo.

También se esculpían en ellos nombres de personas, o pequeñas leyendas, como una grabada sobre un peine de marfil, que dice: “Seme fiel, nunca me olvides”; o esta frase tan moderna: Totus tibi= “Todo para ti”.

Hubo peines de plata y de oro dedicados a las personas de importancia, o a las divinidades. Asimismo, el peine fue objeto de regalo para enamorados y difuntos.

Historia del peine en la Edad Media

En la Edad Media, el papa Bonifacio V regalaba peines en muestra de gratitud y afecto. Y es que el cristianismo introdujo costumbres nuevas en el empleo del peine.

Peinarse formaba parte de las ceremonias religiosas y los mártires llevaban a las catacumbas sus peines de marfil o metal.

En el culto cristiano el peine encontró también un papel litúrgico que duró hasta el siglo XVII: el sacerdote, antes de subir las gradas del altar era peinado por el diácono con un peine reservado a aquel fin.

Y los peines proliferaron: las clases pudientes usaban peines de marfil con incrustaciones de oro o vidrio. El peine popular era rústico, de madera o hueso sin desbastar.

Los peines se adornaban con figurillas de cupidos sorprendidos en quehaceres de amor. Para el cabello rubio se recomendaba peine de plomo, para el pelo graso peine de madera y para cabello fino y frágil peine de plata.

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