origen e historia de la Astrología

La Astrología es el estudio del movimiento de los astros y pretende averiguar el destino y el comportamiento de las personas. Desde la Antigüedad, el hombre ha estado siempre más atento a lo que sucede en el cielo, que a lo que acontece en la tierra. En CurioSfera-Historia.com, te explicamos el origen e historia de la Astrología y el horóscopo.

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Origen de la Astrología

Observar que el espacio se mueve, y que el destino va unida a ese movimiento es el origen de la astrología. El hombre de la calle y los círculos del poder dieron crédito a esta práctica.

Caldeos y asirios consultaban su horóscopo hace casi cinco mil años. El arte de componerlos nació en esas civilizaciones como una ramificación de la astrolatría, manifestación religiosa de los imperios de Nínive y Babilonia.

El antiguo Egipto se disputa con Babilonia la cuna de este saber hermético; de hecho, en los libros sagrados del dios Toth, inventor de la escritura identificado por los griegos con Hermes, se consignan los principios que rigen el horóscopo.

Chinos e indios elaboraban horóscopos hace cuatro mil años. Famosos es el horóscopo chino que ha llegado hasta nuestros días.

Entre los indios los horóscopos regularon la conducta, consultaban al astrólogo en las vicisitudes de la vida: arreglos domésticos, casamientos, elección de profesión, viajes o negocios. Chinos e indios también redactaban cartas astrales hace miles de años.

El mundo clásico estuvo impregnado de lo sobrenatural; incluso en la antigua Grecia vivieron inmersos en lo maravilloso, y por sus calles era fácil encontrar horoscopistas apostados a la puerta de las casas de los ricos. Las cosas de importancia se consultaban a los especialistas en interpretar el curso de los astros.

Los griegos introdujeron la astrología caldea tras la muerte de Alejandro Magno: la Apotelesmática o ciencia de los influjos.

Los griegos llamaron horoskopos a la relación entre los astros y el destino: del griego: ora = espacio de tiempo + skopein = mirar detenidamente. Buscaba el horóscopo lo que la razón negaba.

Nada podían los filósofos contra esta superchería que de Grecia pasó a la antigua Roma, donde en la sociedad adinerada, era común contratar un astrólogo de cabecera. Aunque entonces los horóscopos eran asunto de mujeres.

Por qué los astros señalan nuestro destino

El porqué los signos astrológicos son planetas y estrellas tiene que ver con sus orígenes. Los asirios adoraron al Sol y la Luna, cuyo curso y posición con relación al resto del Zodiaco estaban acostumbrados a observar.

Este Zodiaco o conjunto de las doce “’casas” en que entra el Sol a lo largo del año es palabra griega: de zodion = figurita de animal, representación de las constelaciones antiguas.

Cada signo zodiacal estaba regido por un dios a cuyo cargo estaba el mes de su predominio. Las semanas eran de diez días, y cada una de esas décadas era gobernada por una estrella llamada dios consejero.

A lo largo del año se sucedían los treinta y seis decanatos presididos por una “decadaria”: la mitad de estas semidiosas mandaban sobre las cosas que pasan en la tierra; la otra mitad, sobre las que ocurren en el mundo inferior.

El rango más elevado lo ocupaban el Sol, la Luna y los cinco planetas mayores cuyo curso indicaba la marcha y orden en que suceden las cosas. El planeta predominante era Saturno, al que los asirios llamaban “el viejo intérprete del futuro”. Saturno hacía las revelaciones trascendentales.

Los planetas eran macho o hembra. Júpiter, Marte y Mercurio eran machos; la Luna y Venus, hembras. Había que observar su posición en relación con las constelaciones, ya que la conjunción de una constelación y un planeta en el nacimiento de una persona marcaba el destino de ésta. A este pronóstico llamaron los griegos horóscopo.

Origen de los nombres de los signos del zodiaco

Los nombres de los signos del horóscopo proceden de las constelaciones. Son términos latinos tomados tal vez de unos versos de Ausonio, del siglo IV. De los nombres antiguos tres fueron sustituidos: Arcitens pasó a ser Sagitario; Caper se convirtió en Capricornio y Amphora se convirtió en Acuario; los demás siguen igual.

En la Antigüedad se consultaba al astrólogo en las vicisitudes de la vida: casamientos, elección de profesión, viajes o negocios.

En Roma, como dijimos antes, se puso de moda contratar un astrólogo para que tuviera a la familia al corriente de lo que le aguardaba en el futuro.

Si se casaba una hija o nacía un niño se mandaba al “matemático”, nombre dado al astrólogo en el mundo latino, que tirase el horóscopo.

Los poderosos agasajaban al astrólogo si las predicciones no contrariaban sus planes, pero esta profesión tenía entonces sus riesgos: respondían con su vida de la fiabilidad de sus predicciones.

Historia de la Astrología en la Edad Media

La Edad Media favoreció la Astrología, sobre todo en España, donde los árabes la habían introducido. No hubo rey que no tuviera su consejo de estrelleros o dejase de consultar a los más prestigiosos del momento.

Esto hacía que la información política, económica y social que estos hombres recababan de sus clientes les sirviera para hacerse una idea ajustada de la realidad y pudieran adelantar acontecimientos y acertar, con lo que su fama aumentaba, y al contrario de lo que sucedió en el mundo antiguo.

Durante la Edad Media el astrólogo o estrellero mantenía su prestigio también si se equivocaba.

En 1179 los astrólogos cristianos, musulmanes y judíos pronosticaron que la conjunción de todos los planetas en el mes de septiembre de 1186 acarrearía una gigantesca destrucción por la violencia de los vientos.

Se extendió la especie y cundió el pánico, de modo que aquellos siete años en espera del cataclismo fueron de infortunio y tristeza. Pero no pasó nada de lo predicho.

Stoffler predijo un diluvio para febrero de 1524, pronóstico que recorrió el mundo: un médico de Tolosa llamado Auriol construyó un arca para su familia y amigos. Pero llegó febrero y no llovió a pesar de hallarse Saturno, Marte y Júpiter en conjunción con Piscis. Es más, fue un año de sequía.

Historia de la Astrología en la Edad Moderna

A partir del siglo XV, muchos reyes prestaron atención a los horóscopos. Luis XI de Francia, a finales del XV no podía pasar sin ellos. Catalina de Médicis, esposa de Enrique II, confiaba en Nostradamus.

También en España gozó de predicamento. Felipe II, nacido el 21 de mayo de 1527, tuvo tres horoscopistas:

  • Matías Hacus Sumbergius, cuya carta astrológica se encuentra en El Escorial.
  • El italiano Lucas Gauricus, que acertó algunos lances de la vida del rey
  • Y el inglés John Dee, astrólogo de la reina inglesa Isabel I: los tres coincidieron en la personalidad del rey:

Pero ya en el XVIII la figura del astrólogo resultaba ridícula; se sospechaba que era un sujeto aprovechado que jugaba con la ignorancia de la gente. Muchos veían aquello como mera palabrería.

Hoy esta “vieja ciencia” se ve maltratada por una turba de truhanes y necios que a la vana palabrería unen influencia en los medios y crédito entre los ignorantes.

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