Historia del delantal o mandil

La historia del mandil o delantal tiene más de 5.000 años. Un complemento siempre asociado al desempeño de labores o trabajos hogareños, pero no siempre ha sido así. En CurioSfera-Historia.com, te explicamos cuál es el origen del delantal o mandil, su inventor y cómo ha sido su evolución.

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Origen del delantal

Para conocer los orígenes del delantal, debes saber que tiene una historia común con el mantel, la toalla y la servilleta.

La historia de la moda les asigna papel complementario del vestido. Su necesidad se hizo sentir por razones diversas ya en la Antigüedad.

Su uso primero se vinculó al culto, la liturgia y ceremonias llevadas a cabo en el templo judío. También, en relación con los sacrificios rituales, para preservar al cohén o sacerdote de salpicaduras y suciedades que pudieran impurificar su atuendo. Como se lee en la Mishnáa finales del siglo II.

El delantal era prenda frecuente entre los antiguos, a veces prenda única anudada por detrás. Como no llegaba a cubrir toda la espalda no era raro que se anduviera con el culo al aire en la estación estival.

En banquetes y comidas solemnes los egipcios y sumerios preservaban el vestido con delantales anudados al pecho, que bajaban hasta la cintura y colgaban más abajo del bajo vientre.

Un uso tercero, también antiguo, se relaciona con el mundo del pastoreo. Cuando no convenía que las hembras quedaran preñadas se ponía al macho un delantal que impedía el acceso carnal.

Era el antaño llamado excusalí o avantal del ganado, que en inglés llaman apron, y en torno al cual surgieron antaño numerosas frases hechas de tono subido.

Evolución del mandil

En inventarios aragoneses del siglo XIV, aparece “un mandil derredor del leyto; otro mandil para banyo”; y por inventarios aragoneses del primer tercio de ese mismo siglo sabemos que se utilizaron mandiles grandes como cortinas.

En el siglo XV, el delantal recibía el nombre de avantal. A finales del mismo siglo XV, Alonso de Palencia, dice en su Universal vocabulario que los delantales: “se ponen en la mesa… con que el combidado se limpia… y en vulgar se dize tobaja”.

Su uso como delantal era ya frecuente en tiempos de Cervantes, como escribe Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana (1611): “Es levantal que las mugeres de servicio se ponen delante por no ensuciar las sayas. Trae origen de manta o manto, porque cubre, quasi mantil”.

Era entonces pieza corriente del atuendo mujeril de faena, formada por un retal de tela a modo de faja ancha que se ponía delante para no manchar la falda o el vestido y se ataba por atrás a la altura de la cintura.

En el siglo XVI, el delantal se describe como “paño que la mujer se pone delante por no ensuciar la saya o la basquiña”‘.

También utilizaban el delantal los hombres en ciertos oficios cómo por ejemplo los molineros, recolectores de fruta o vidrieros. De hecho el mandilón es prenda emblemática de la masonería, pero fue prenda ordinaria. No llevaban delantal las señoras, sino el servicio.

Los había para todo momento y ocasión: desde el delantal de lazos y encaje que se ponía la doncella al servicio de una dama, hasta el mandilón o delantal tosco que usaban las criadas en la colada o el cuidado de la casa.

Era y es una prenda rural, omnipresente en los trajes regionales. Resto de cuyo uso quedó en el atuendo popular, en el traje regional especialmente de la mujer del pueblo que lucía delantales y mandiles de todo tipo y para toda ocasión.

Desde la festiva a la del trabajo más ingrato. Por eso había delantales toscos, delantales ricamente elaborados y mandiles con bonitos adornos y ornamentación. Incluso los había que incluían bonitos botones elaborados de maderas nobles.

Había diferencias entre un mandil y otro. El mandil solía ser prenda tosca cuyo fin era preservar el vestido que había debajo. Lo utilizaban tanto hombres como mujeres en quehaceres viles.

Hubo mandil de matanza, de molinero, de fregaza o de criado. De hecho se llamaba mandilada a la reunión de rufianes, criados y mandaderos de monjas, que pasaban por ser la gente de peor catadura moral y baja estofa.

El mandil era para ellos como la capa para el caballero, una especie de uniforme, pues si una buena capa todo lo tapa, un buen mandil es disfraz de hombre ruin. Otra cosa fue el mandil decorativo: pequeño, de color blanco, aunque también podía ser negro, de tela burda los de trabajo, de lino y lana los de recreo o lucimiento.

En el siglo XVI, “Mandil” es también una palabra relacionada con el mundo hampesco. Entre los ladrones de diferente gradación, el escalón más bajo era el de mandilandín o mandil, criado del rufián o secretario de una fulana.

Curiosidades de la historia del delantal o mandil

Hay muchas supersticiones o creencias peregrinas relacionadas con el delantal o mandil. Como por ejemplo:

  • Esta prenda era codiciada por las brujas para apoderarse de la voluntad de las muchachas.
  • Con el delantal se relacionan aspectos de la magia por contacto: si un hombre se seca las manos en el delantal de una mujer, concebirá pasión hacia ella.
  • Si un marinero que se dirige a su barco tropieza con mujer cuyo delantal es blanco, debe volverse a casa por ser muy mal augurio; lo mismo hará un minero o cualquier obrero que se dirija a su labor.
  • En puntos del reino de Murcia, si una mujer levanta su delantal tres veces y mira a la luna nueva mientras formula un deseo, se cumplirá.
  • La muchacha a quien se le sueltan las cintas del delantal y éste cae al suelo, no se casará aunque esté en vísperas de hacerlo, y si lo hace, el matrimonio será desastroso. Si esto mismo sucede a la mujer casada, alguien la molestará o importunará de forma grave.
  • También se dice, que si a una muchacha soltera se le cae el delantal sin causa aparente alguien que la quiere está pensando en ella.

Etimología de la palabra mandil y delantal

Mandil es un término derivado del diminutivo latino de mantum: mantellina. En cuanto a “delantal”, es una voz descriptiva alusiva a la forma de uso de la prenda, y era término con el que también se denominaba la toalla.

Es voz derivada del adverbio latino ante= enfrente, a la vista + la partícula prefija /de-/= “denante”, forma arcaica del latin inante, de uso en castellano desde sus orígenes.

La voz “delantal” no es anterior al siglo XV. Miguel de Cervantes escribe “devantal” en La ilustre fregona.

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