origen e historia del cabello

El cabello fue considerado por muchos pueblos de la Antigüedad como portador de fuerzas secretas. No sólo el relato bíblico de Sansón alude a esa creencia, también en el mundo egipcio, se representaba la figura del faraón sujetando por los cabellos las cabezas de los vencidos. En CurioSfera-Historia.com, te explicamos la historia del cabello.

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El cabello en las antiguas civilizaciones

En el antiguo Egipto, la falta de cabello simbolizó sumisión. Por ello, los sacerdotes de las divinidades egipcias eran conocidos por el sobrenombre de “los calvos”. Porque se rapaban para denotar sumisión a la divinidad: el afeitado de sus cabezas era exigencia de pureza.

También se manifestó así el luto: cuando Osiris fue muerto, su esposa Isis cortó un rizo de su cabellera para manifestar su dolo. De hecho, tres rizos cortados era la forma de representar gráficamente ese sentimiento entre los egipcios.

También los judíos cortaban su cabello o rapaban sus barbas en manifestación de duelo o penitencia.

Entre los sumerios, el cabello servía para defender al hombre de los malos espíritus. A ese mismo fin, los niños egipcios llevaban al lado derecho de la cabeza un mechón rizado. En el lenguaje jeroglífico un mechón rizado es la forma de expresar el concepto “niño”.

En hebreo la palabra peaá significa esquina, en este caso de la cabeza, por lo que la costumbre religiosa judía de dejar crecer a los lados de la cabeza un mechón de pelo sea un modo de protección contra el mal de ojo o cualquier otra adversidad y amenaza.

En el capítulo 19 del libro bíblico del Levítico se lee a modo de mandato: “No os cortaréis vuestros cabellos en forma de corona. Ni os raeréis la barba de un modo supersticioso.”

Entre los pueblos antiguos de Oriente Medio, como idumeos, moabitas y amonitas, era costumbre cortar el cabello de la parte inferior de la cabeza dejando intacto el de la parte superior a modo de corona de pelo, hábito idólatra encaminada a honrar a sus dioses, y más tarde en honor a Dionisos.

Anécdotas de la Antigüedad sobre el cabello

Es creencia antigua que cortado en luna creciente el pelo crece abundante y vigoroso, aunque no debe hacerse en viernes, en cuyo caso salen canas, se debilita y cae, además de criar piojos.

El naturalista del siglo I Plinio, recomendaba ennegrecerlo con huevo de cuervo batido en vaso de cobre aplicando la mezcla resultante a la cabeza rapada. Advirtiendo que para que surta efecto el interesado debe mantener en la boca un buche de aceite, de lo contrario aparte de quedar calvo, los dientes del sujeto se tornarán negros.

En la España del siglo XIX, concretamente en Sevilla, se aseguraba que bañando el cabello en agua de lluvia de mayo, crece.

Antiguamente se tenía por cierto que el pelo mojado con agua en que se haya lavado o tenido en remojo la carne, se fortalece y torna lustroso, y para evitar su caída se recurría al perejil.

Hubo obsesión por el cabello en el mundo clásico, y se recurría a menudo a procedimientos de índole mágica para recuperarlo una vez perdido. Siendo tal el terror a la calvicie que los romanos la tenían por deformidad física.

Cuenta Tito Livio que Aníbal se paseaba entre sus soldados con pelucas; y emperadores calvos prematuros como Domiciano llevaron en su equipaje una colección de pelucas.

El cabello y la magia a lo largo de la historia

En su novela satírica El asno de oro, del siglo II, Lucio Apuleyo habla del cabello como ingrediente para las pócimas y filtros de amor.

Se creía que una pérdida súbita del pelo vaticinaba no sólo la calvicie, sino el decaimiento de la salud o la muerte de un niño en la familia.

Para conocer la suerte o fortuna que aguarda a una persona, debe cogerse un cabello suyo y pasarlo por el índice y la uña de ese mismo dedo, humedecido con saliva propia: si el pelo se riza gozará del amor, de lo contrario será un desgraciado.

También se puede arrojar el pelo al fuego: si arde con llama vivaz tendrá larga vida.

Ya en la Antigüedad se observaba cierta norma en lo referente a su corte: no debe hacerse a bordo de un barco, pues se corre el riesgo de que vaya a pique.

En la época romántica se puso de moda regalar un mechón de pelo; era una forma de decir: “Haz de mí lo que quieras”.

En tiempos antiguos, y todavía en la actualidad, se cree que no es aconsejable arrancar las canas; por cada una que se elimine crecen diez.

Hay una teoría caprichosa según la cual el color del pelo tiene que ver con la personalidad: pelo rubio indica timidez; rojo, sugiere genio difícil; negro o castaño, fuerza de voluntad y capacidad de trabajo.

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