El nacimiento y la historia de la cubertería de acero inoxidable es de lo más curioso que existe. No hace tantos años, mantener tenedores, cucharas y cuchillos limpios y en perfecto estado era una labor dura y que requería mucho tiempo. En CurioSfera-Historia.com, nos gustaría explicarte su origen, cómo se creó y muchos más datos interesantes.

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Origen de la cubertería de acero inoxidable

Hasta principios del siglo XX tanto cuchillos como cucharas y tenedores eran la pesadilla del ama de casa porque se requería un esfuerzo tan grande para mantenerlos limpios y más o menos brillantes que era una tarea convertida en el “temor” de la servidumbre.

Muchas criadas inglesas y americanas se negaban a hacerlo dejando constancia de ello en el momento de su contratación con la frase: Doing no the cutley (no lavar la cubertería), aparte de negarse también a limpiar las ventanas. También las francesas y servidumbres españolas de principios de siglo XX mostraron análoga hostilidad.

Conservar los cubiertos con su brillo original exigía frotarlos con un corcho seco y estropajo de acero repetidas veces, tarea sumamente cansada y que desarrollaba los bíceps de las muchachas dándoles aspecto hombruno no deseado.

A librarlas de tan tremenda desgracia estaba llamado el acero inoxidable. En 1829 el metalúrgico francés L. Berthier se fijó de forma casual en un hecho: cuando el acero al carbono se mezcla con el cromo produce un material resistente al óxido.

Al principio nadie vio rentabilidad a este fenómeno y el hecho pasó sin ser notado. En 1913 un metalúrgico británico, conocedor de las viejas observaciones de Berthier, consiguió una aleación de cromo con acero al carbono 35 produciendo por primera vez un acero que no perdía el brillo, no se oxidaba y permanecía siempre igual.

Y un año después la firma alemana de los famosos cañones Krupp presentó un acero que contenía en su aleación cromo y níquel, mejorando aún más el producto. Sin embargo, no se le ocurrió a nadie fabricar cuberterías con aquel material que parecía estar pidiéndolo a gritos.

Evolución de la cubertería de acero inoxidable

En el año 1921, salieron al mercado en la ciudad norteamericana de Meriden (Connecticut), los primeros utensilios de cocina de acero inoxidable: las cuberterías de Connecticut, donde estaba la Silver Company fabricante de cuberterías de plata.

Al principio sólo fabricaron cuchillos, que salieron a la venta con el nombre de cuchillos Ambassador. La publicidad de la época fue inteligente: “Su brillo lo dice todo”.

Era por el brillo por lo que todo el mundo quería tenerlos, sobre todo hoteles y restaurantes, sus primeros usuarios. El triunfo vino, como siempre, por el lado de la estética: parecían de plata, con la ventaja de que no se oscurecía como ésta.

En los hoteles y restaurantes pesó también otra consideración: los salarios que dejarían de pagarse por abrillantar la cubertería. Revistas y periódicos de todo el mundo empezaron a hablar del invento, y se anunciaba a bombo y platillo con esta letra: “La cubertería siempre reluciente: se acabó el óxido”.

En la década de 1930 los grandes almacenes neoyorquinos Macy’s ofrecían cuberterías de acero inoxidable a diecinueve centavos la pieza. Pero su triunfo definitivo, desbancando la plata del mercado, vino con la fabricación de cuberterías completas con mangos de baquelita, la nueva sustancia plástica.

Moría la era de la plata y nacía la del acero inoxidable. Terminaba el reinado del marfil, y nacía el del plástico duro. Los tiempos habían cambiado, y a ello contribuyó poderosamente el acero inoxidable.

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