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Jardines colgantes de Babilonia

Los jardines colgantes de Babilonia aunaban la maestría de la ingeniería con el romanticismo de los sueños. Se caracterizaban por sus majestuosas arboledas y fuentes barrocas suspendidas de arcos entrelazados. Una de las siete maravillas del mundo antiguo, eran el espejismo del montañoso paisaje persa transportado a la árida meseta mesopotámica. En CurioSfera-Historia.com te explicamos el origen e historia de los jardines colgantes de Babilonia.

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Origen de los jardines de Babilonia

A diferencia de las otras seis maravillas originales, los jardines colgantes fueron un monumento al amor y no a la gloria, el magnífico regalo de un rey a su nostálgica esposa. Se trata sin duda de una historia de lo más tierna, pero, ¿hasta qué punto existieron realmente los jardines?. ¿Acaso pasearon Nabucodonosor y Amitis de la mano por entre sus sombreados senderos? ¿Fue en ellos donde el agonizante Alejandro Magno intentó mitigar sus fiebres?

cómo eran los jardines colgantes de Babilonia

La primera mención fiable acerca del origen de los jardines se remonta a Beroso, un autor babilónico que vivió hacia el 270 a. C. Según éste, Nabucodonosor (605-56 a C.) mandó construir un palacio nuevo en tan solo quince días con cimientos o terrazas de piedra que recreasen un paisaje montañoso.

Dichas terrazas, plantadas con árboles, pasaron a conocerse, siempre según Beroso, como los jardines colgantes de Babilonia, cuyo rey había ordenado construir para complacer a su esposa. Lo cierto es que tal explicación no tiene nada de inverosímil, tanto más en una época en que era habitual sellar las alianzas mediante matrimonios de Estado, como tal vez fue el caso de Nabucodonosor y la princesa persa.

En un texto coetáneo al propio Nabucodonosor, que sin duda debía de conocer Beroso, el rey describe su nuevo palacio, tan alto como una montaña, construido en parte con piedra y supuestamente completado en tan solo quince días. Curiosamente, en ningún momento se menciona jardín alguno, cuando lo habitual es que los palacios dispusieran de uno.

Características de los Jardines colgantes de babilonia

Los autores griegos posteriores aportan más detalles sobre los jardines. Uno de ellos sostiene que ocupaban 15.200 m² y alcanzaban los 25 metros de altura, la misma que la de las murallas de Babilonia. Además, estaban dispuestos en terrazas como las gradas de un teatro, y entre terraza y terraza había edificaciones de pequeñas dimensiones.

cómo eran los jardines colgantes de babilonia

La base consistía en varios muros, cada uno de ellos de 7 metros de ancho y con una separación de 3 metros, y sobre ellos descansaban múltiples travesaños de piedra, encima de los cuales había tres capas separadas: una primera de carrizos dispuestos sobre una base de betún, dos filas de mampostería y, encima de todo, un recubrimiento de plomo.

La tierra quedaba en lo alto y las plantas se regaban con agua procedente del río, situado en la parte inferior, que se canalizaba por medio de mecanismos ocultos.

Un segundo testimonio menciona hasta veinte muros básales, mientras que un tercero sostiene que los jardines descansaban sobre bóvedas de ladrillo y betún, y que el agua para regar ascendía por medio de varios tornillos de Arquímedes dispuestos junto a una escalera.

Según otra versión, había una subestructura de columnas de piedra sobre las que descansaban unos travesaños de madera, en realidad troncos de palmera datilera que sostenían, sin llegar a pudrirse, las raíces de los árboles plantados en las terrazas elevadas contiguas, todas ellas regadas mediante un complejo sistema de canales y fuentes.

quién construyó jardines colgantes de Babilonia

En realidad, si nos fijamos en la distribución del complejo palaciego, observaremos que tanto la sección norte como la sur están flanqueadas, en el lado que da al Éufrates, por varias estructuras de un grosor más que considerable, en especial la de la cara occidental, cualquiera de las cuales habría podido albergar vanas terrazas ajardinadas.

La estructura de la cara occidental medía 190 x 80 metros y contaba con unos muros exteriores de unos 20 metros de ancho construidos con ladrillos dispuestos sobre una base de betún. En el extremo norte había varias habitaciones, mientras que en el sur se alzaba una plaza con algún tipo de escalera en una de sus esquinas.

Es precisamente esta estructura la única que podría haber albergado un jardín de dimensiones notables, con sus cenadores y una montaña artificial de varias terrazas superpuestas

Dónde estaban los jardines de Babilonia

Dado el número de versiones contradictorias entre sí, hay quienes han llegado a dudar incluso de la existencia misma de tan célebres jardines, cuando lo cierto es que, salvo lo de los troncos indestructibles, todos los datos que se mencionan son verosímiles. Todo parece indicar que los viajeros griegos vieron ciertamente una construcción de madera más alta incluso que el propio palacio.

ubicación jardines colgantes

Pero encontrar vestigios de dicha edificación entre las ruinas que se han conservado no es tarea fácil, tanto más cuando los palacios de Babilonia sufrieron durante siglos y siglos continuos saqueos de gentes dispuestas a reutilizar los magníficos ladrillos de la construcción original. De hecho, tan solo se han conservado los cimientos.

Los primeros arqueólogos buscaron indicios de los jardines en el palacio estival, situado a mayor altura. Ocupaba una extensión de unos 180 m2 y contaba con varios pozos bastante elaborados, pero es evidente que no disponía de espacio suficiente como para albergar varias terrazas con árboles.

Un arqueólogo creyó localizar los jardines a partir de unos restos de bóveda de ladrillo encontrados en la sección sur del palacio, donde también hay restos de pozos, pero en esta ocasión las bóvedas pertenecían al sótano de un edificio administrativo, tal vez una prisión.

Éste es el estado de la cuestión. Tal vez la incógnita se resuelva en futuras excavaciones arqueológicas o gracias al descubrimiento de algún documento escrito de la época de Nabucodonosor. Hasta que eso ocurra, nada nos impide imaginar los jardines colgantes, tanto si descansaban sobre bóvedas o disponían de fuentes como si no.

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