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CurioSfera Historia

Murallas de Babilonia

Las dos murallas de Babilonia siempre han despertado la admiración de los arqueólogos e historiadores. Construidas una dentro de otra, protegían la capital del imperio Neo babilónico. Estas construcciones eran de un tamaño y calidad desconocidas hasta la fecha. En CurioSfera-Historia.com, te explicamos el origen e historia de las murallas de babilonia.

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Origen de las murallas de Babilonia

En el año 625 a. C., Nabopolasar expulsó a los asi­rios de Babilonia (en el actual Irak) y se autoproclamó rey. Durante los siguientes veinte años, fue expandiendo los límites de su reino hasta llevarlos a la costa mediterránea, pero fue Nabucodonosor (605-562 a. C.), su hijo y heredero, el que doto al imperio de una capital digna de admiración más allá de sus fronteras.

cuándo se construyó la Muralla de Babilonia

Según palabras del propio Nabucodonosor en el 590 a. C.: “Ordené construir una imponente muralla de ladrillo y betún con un foso, de manera que quedara unida a la que mandara levantar mi padre. Sus cimientos llegan hasta los infiernos, y es tan alta como una montaña”.

Esta majestuosa construcción estaba a la altura de una de las joyas arquitectónicas que albergaba en su interior: los famosos jardines colgantes de Babilonia.

Características de las murallas de Babilonia

Las murallas aparecen mencionadas en fuentes escritas que datan del propio Nabucodonosor, pero son los his­toriadores griegos los que nos proporcionan una generosa descripción de cómo eran las dos murallas de Babilonia.

Dimensiones

En concreto eran dos murallas consecutivas; una encerraba a la otra. Heródoto, hacia el año 440 a. C., afirma a propósito de la muralla exterior que tenía forma cua­drada, con unos 20 km de longitud por cada lado, lo que daba una extensión total de cerca de 85 km.

Cifra ésta, que historiadores posteriores redujeron hasta los 60 o 70 km, muchos más en cualquier caso de lo que se corresponde con los restos encontrados hasta la fecha.

cómo son las Muralla de Babilonia

Las fuentes griegas suelen ser bastante exactas en sus cálculos, de ahí que no haya motivo para considerar que estos fue­ran mera fabulación.

Cabe, no obstante, la posibilidad de que, al describirse la ciudad con forma de cuadrado, se confundieran al multiplicar por cuatro el lado objeto de las medidas.

En la orilla este del río Éufrates se han conservado los res­tos de un tramo de la muralla exterior en el punto en que se encuentra en ángulo recto con otro. Tiene 4,4 km de lar­go, lo que daría como resultado un recinto cuadrado de cerca de 1.936 hectáreas, justo la mitad que la isla de Man­hattan.

No obstante, los arqueólogos tienden a fijar la extensión total de Babilonia en 850 hectáreas, ya que no se han encontrado indicios de que la muralla exterior lle­gase hasta la orilla occidental del Éufrates, lo que no des­miente que fuera la ciudad más grande de la antigua Mesopotamia.

Muralla exterior

A intervalos regulares, la muralla estaba salpicada de torres y puertas recubiertas de bronce. Justo delante tenía un foso que se abastecía directamente del Éufrates.

Las fuentes antiguas sitúan la anchura de dicha muralla en torno a los 25 m, medida que han corroborado las modernas excavaciones llevadas a cabo, así como una altura de 100 m, cifra, en cambio, sin duda alguna exa­gerada. Otras fuentes la reducen a unos más sensatos 25 m, la misma altura que la muralla del Palacio de Senaquerib en Nínive.

En lo alto había una ronda lo bastante ancha como para permitir dar la vuelta a una cuadriga. Este hecho que facilitaba sobremanera la movilidad de los soldados ante un peligro inminente.

En realidad, la muralla se componía de una parte exterior de ladrillo cocido y una menor de ladrillo de adobe con relleno de cascotes. Es probable que esta última fuese más alta que la primera, de manera que los atacantes tuviesen una doble barrera que franquear.

Muralla interior

La muralla inte­rior que rodeaba el núcleo antiguo de Babilonia, de plan­ta rectangular, medía unos 8 km de largo y tenía la misma estructura doble que la muralla exterior. De hecho, Heródoto llega incluso a afirmar que era casi tan imponente como ésta.

El acceso principal a la muralla interior era la puerta de Ishtar, que debió de alcanzar los 25 m de altura, con unos cimientos de 15 m de profundidad y numerosas fijacio­nes internas diseñadas para evitar el hundimiento de tan colosal puerta.

A ambos lados había diversas estatuas en bronce de toros sagrados y dragones de enormes dimen­siones, motivos que se repetían en los ladrillos que deco­raban las partes inferior y superior de los muros de la puer­ta fortificada y las calles adyacentes.

Concretamente, los motivos correspondientes a la parte inferior estaban esmal­tados en un azul brillante y otros colores. Siempre de acuerdo con una técnica cuya imitación planteó no pocos problemas a los conservadores que trabajaron allí en la década de 1920.

Ficha técnica Murallas de Babilonia

  • Época: 605-590 a. C.
  • Localización: Babilonia, Irak.

Muralla exterior

  • Construida por Nabucodonosor (605-562 a. C).
  • Longitud de al menos 12 km.
  • Muralla interior de ladrillos de adobe de 7 m de ancho, con torres a ambos lados de 8.37 m de ancho y 25 m de alto, distanciadas entre sí 52,5 m.
  • Relleno entre muros de cascote de 12 m de ancho y 15 m de alto. Muralla exterior de ladrillos cocidos de 7.8 m de ancho, con torres de 20 m de alto.
  • Muro del Toso de ladrillos cocidos de 3.3 m de ancho (se desconoce la altura) 5 puertas principales.

Muralla interior

  • Construida por Nabopolasar (625-605 a. C) y Nabucodonosor (605-562 a. C.).
  • Unos 8.5 km de largo.
  • Muralla interior de ladrillos de adobe de 6.5 m de ancho, con torres a ambos lados de 9,5 m de ancho y 25 m de alto, distanciadas entre si 18,1 m.
  • Relleno entre muros de tierra de 7,2 m de ancho y 15 m de alto Muralla exterior de ladrillos de adobe de 3,7 m de ancho, con torres a ambos lados de 5,1 m de ancho y 20 m de alto, distanciadas entre sí 20,5 m.
  • Separación entre la muralla exterior y el foso de 20 m de ancho.
  • Muro del foso de 3.5 m de ancho con cimientos de ladrillo cocido.
  • Foso de 80 m de ancho (se desconoce la profundidad).
  • 8 puertas principales.

Construcción de las murallas de Babilonia

La principal innovación introducida por Nabucodo­nosor fue el empleo sistemático del ladrillo cocido. Hasta entonces, en la región mesopotámica, pobre en piedra, se había utilizado el ladrillo de adobe secado al sol, muy simple de fabricar pero que no obstante necesita un mantenimiento constante.

En ese sentido, el ladrillo cocido resulta más difícil de fabricar (requiere hornos y combustible), pero como contrapartida dura prácticamente para siempre. Por desgracia, fue precisamente la extraordinaria calidad de los ladrillos de Nabucodonosor lo que propició que, en los siglos posteriores, se reutilizaran para construir nuevos edificios.

Para fabricar dichos ladrillos se empleó tierra aluvial o arcilla de la zona, que, dada su textura extraordinariamente fina, hubo de mezclarse con abundante paja.

Según Heródoto, la arcilla se extrajo de los fosos de la ciudad y los ladrillos se fabricaron allí mismo, hechos ambos per­fectamente lógicos. Son cuadrados y suelen oscilar entre los 32 y los 35 cm de largo, con otros 11,5 de grosor.

La mayoría, además, lleva estampado el nombre del rey. Los ladrillos de la puerta de Ishtar estaban decorados con bajo­rrelieves de una gran diversidad de animales, para los que se precisaron 40 moldes diferentes.

No se han encontrado restos de hornos, pero pode­mos imaginar que se trataba de sencillas construcciones con paredes de ladrillo y un techo de arcilla, capaces de alcanzar temperaturas de entre 800 y 900° C.

El combustible, que se depositaba en una serie de canales situados debajo del horno, se componía de excrementos, raíces secas y maleza. Aunque no está claro cómo se llegó a obtener en las cantidades necesarias, teniendo en cuenta el elevado número de ladrillos que se empleó no sólo en las murallas, sino también en los palacios y demás edificios importantes de la ciudad.

En este sentido, se ha barajado la posibilidad de que se trajera madera a través del río Éufrates procedente de las montañas, así como betún de curso alto del Hit.

Los ladrillos se depositaron sobre una base de mortero de adobe salvo en aquellas zonas más vulnerables a la acción del agua, donde se utilizó además betún. En algunos tramos se intercalaron en las hiladas esteras de carrizo.

El punto débil de las murallas de Babilonia

La debilidad de las murallas de Babilonia era el propio río Éufrates justo por encima de la ciudad había una especie de lago o marisma que protegía la capital babilónica de las hipotéticas riadas.

Además, a ambos márgenes del río se habían levantado unos muros de contención, y los puntos en los que el cauce abastecía los fosos y demás canales de la ciudad estaban protegidos con rejas.

Sin embargo, allá por el año 539 a. C., Ciro, el gran rey persa, mandó des­viar el curso del río de forma que las aguas abrieran paso a sus tropas.

Para cuando los babilonios se percataron de lo que había sucedido, la ciudad ya había caído en manos de los persas, hecho que marcó el fin del imperio babiló­nico.

Las célebres murallas de Nabucodonosor conti­nuaron en pie, pero sin haber satisfecho el cometido para el cual habían sido construidas.

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