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Presa de Marib

La presa de Marib se encuentra en el valle de Dhana, en las colinas de Balaq, en el actual Yemen. Esta construcción era en su origen relativamente pequeña, pero con el paso de los siglos, se fue ampliando y agrandando hasta conseguir unas dimensiones muy importantes. Se la considera una de las maravillas de la ingeniería del mundo antiguo. En CurioSfera-Historia.com te explicamos la historia de la presa de Marib.

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Introducción

No suele llover mucho en la zona montañosa del sur de la península de Arabia, pero cuando lo hace es de forma torrencial. En esos casos, el agua discurre por las laderas desnudas de las montañas erosionándolas aún más. Llega a las llanuras, donde da vida a ríos de vida efímera que van a morir al mar, se evaporan bajo el sol sofocante o simplemente se pierden entre las dunas del desierto.

Desde hace miles de años, los pobladores de esta región se han afanado por conservar tan escaso recurso para regar sus campos y huertos. De todos los métodos a los que recurrieron, el más elaborado, o al menos el que ha dejado un rastro de mayor monumentalidad, es sin duda la presa de Marib, en el centro del actual Yemen.

Su construcción se alargó a lo largo de muchos siglos y sus enormes dimensiones no fueron tanto el resultado del proyecto originalmente concebido como la consecuencia de las primeras obras que tuvieron que llevarse a cabo.

Características

Las características de la presa de Marib sorprenden aun hoy día por sus dimensiones y técnica de construcción. Sus principales datos son:

cómo era la Presa de Marib

  • Localización: Yemen.
  • Época: hacia 700 a. C.-580 d. C.
  • Primeras presas: hacia 3000-2500 a. C.
  • Construcción, conservación y ampliación de las grandes presas: hacia 700 a. C.-580 d. C.
  • Agrietado y abandono: hacia 610 d. C.
  • Longitud: 620 metros.
  • Altura mínima: 16 metros.
  • Anchura de la base: 30 metros aproximadamente.
  • Capacidad total: 150.000 m³ aproximadamente.

Dos veces al año, el río Wadi Dhana renace gracias a la breve temporada de lluvias, y da vida al cauce seco que discurre por el fondo de un desfiladero entre las montañas de Marib, alcanzando un caudal de hasta 1.000 m³ de agua por segundo.

Los primeros intentos por canalizar esta agua se remontan hasta mucho antes del segundo milenio antes de nuestra era. Los pobladores de la región construían cada año sencillas presas de tierra a lo largo del curso del río a su paso por la llanura, con las que canalizaban el agua a través de toda una red de pequeños canales.

Pero con el tiempo los sedimentos se fueron acumulando tanto en los canales como en los campos, por lo que hubo que retirarlos y formar con ellos unos terraplenes que redujeron la superficie total de terreno cultivable.

A medida que éstos se fueron igualando, se calcula que el nivel de tierra fértil aumentó una media de 1,1 cm por año (hoy en día, hay zonas donde la capa de sedimentos llega a alcanzar los 30 m de grosor).

Todo esto llevó a la necesidad de crear nuevas presas en la zona más alta del curso. Precisamente, la obra que nos ha llegado es la última de toda una serie de presas construidas para aprovechar el agua de las lluvias.

Cada una de ellas tenía a ambos lados unas sofisticadas esclusas con las que se regulaba la cantidad de agua que se canalizaba hasta los campos, y para ello todas tenían sus propias redes de canales.

El principal problema al que se tuvo que hacer frente fue la impermeabilización de las esclusas, las cuales por otro lado debían ser robustas y garantizar un flujo de agua suficiente para evitar un exceso de concentración de sal.

Construcción

Entre los años 1000 y 500 a. C., coincidiendo con el crecimiento de las ciudades del sur de Arabia, los ingenieros de Marib idearon o adoptaron unas técnicas de construcción en piedra comparables a las de sus vecinas Egipto y Palestina.

proceso de construcción Presa de Marib

Para construir la presa se optó por una variedad muy compacta de piedra caliza y cada uno de los bloques, de entre una y dos toneladas de peso, se colocaron por medio de rampas. A la hora de ensamblarlos no se utilizó mortero, sino que se nivelaron de uno en uno.

Para ganar tiempo, se procedió por secciones, desde los extremos hacia el centro, donde cada una de las hiladas se ensamblaban por medio de un bloque de piedra en forma de cuña a la medida exacta del hueco sobrante. Dentro de los muros había un relleno de cascotes sin compactar.

No obstante, ya en los últimos siglos antes de nuestra era se tendió a adoptar una técnica de construcción mucho más eficiente y económica basada en el empleo de una mezcla de yeso y cemento entre cuyos ingredientes había una piedra de origen volcánico muy abundante en la región y que confería a dicho cemento unas propiedades impermeabilizantes.

El núcleo de las paredes de la presa se construyó con este tipo de cemento y se reforzó con diversos muros cruzados afianzados a los muros exteriores por medio de bloques de encabezamiento.

Éstos eran más grandes por la parte de fuera que por la interior, con lo que hacían las veces de tope que afianzaba el revestimiento al núcleo del muro. En la capa exterior tanto de la presa como de las compuertas se utilizó piedra de no muy buena calidad, e incluso las piedras en ocasiones no se trabajaban demasiado, aunque muchas de las junturas se reforzaban con grapas de hierro.

Destrucción

La presa de Marib permitió llevar a cabo un riego intensivo en una superficie de casi 100 km² en la que llegaron a vivir cerca de cincuenta mil personas, pero como contrapartida exigía un mantenimiento constante.

Durante los primeros siglos de nuestra era, la región del Marib entró en una fase de progresivo declive y cada vez fue más difícil dar con gente dispuesta a reparar las grietas más importantes que iban apareciendo.

Paralelamente, la presa alcanzaba una altura excesiva, lo que a la larga haría que acabase reventando en algún momento entre el siglo VI y VII. La última gran riada tuvo lugar ya en vida del profeta Mahoma, hacia el año 610, y se menciona en el mismo Corán. Una brecha demasiado alta tuvo la culpa.

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