origen e Historia del insecticida

En la Antigüedad, combatir los insectos fue una de las mayores preocupaciones. Defenderse de moscas y mosquitos, alacranes y escorpiones, arañas y gusanos era una auténtica obsesión, en el mundo antiguo. En CurioSfera-Historia.com, te explicamos la historia del insecticida, cuál fue su origen y cómo ha sido su evolución.

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Origen del insecticida

A lo largo del río Nilo en Egipto, o en las cuencas de los grandes ríos de Babilonia, los mosquitos eran una plaga insoportable, una molestia nocturna.

Quien podía, construía su dormitorio en lo alto de un árbol, ya que los mosquitos no volaban muy alto por el viento. Incluso las personas pobres descansaban envueltos en mosquiteras o en un lienzo.

El geógrafo e historiador griego Herodoto, del siglo V a.C., hace este relato: “En algunos lugares del país de Egipto, pasados los pantanos, sus habitantes pasan la noche en torres porque saben que los mosquitos no vuelan tan alto a causa del viento. Cuando no, se envuelven en unas mallas a modo de redes, las mismas que durante el día les sirven para pescar. No es posible dormir, aunque sea vestido, porque los mosquitos pican a través de la ropa”.

De esa costumbre egipcia procede la palabra “conopeo” = velo en forma de pabellón que antiguamente cubría la cama: del griego konops = mosquito, de donde konopeion = mosquitero.

Si los mosquitos no dejaban dormir, los piojos no dejaban vivir, y con su multiplicación podían dar lugar a una muerte terrible. Dos hembras ponen dieciocho mil huevos en dos meses, lo que puede infestar a una persona. Son numerosos los personajes históricos que murieron por este problema, como Platón, Herodes, Juliano el Apóstata o Valerio Máximo.

El uso de insecticidas es una práctica antigua. El poeta griego Homero, del siglo IX a.C., habla de los buenos resultados del azufre quemado para acabar con los insectos. Ocho siglos después el naturalista latino Plinio recomendaba el arsénico contra las plagas rurales y urbanas.

La acción del hombre contra los insectos molestos fue constante en la Antigüedad. Había esclavos dedicados a esa tarea y muchos se distraían matando moscas. El emperador Tito Flavio Domiciano, del siglo I, se encerraba en sus aposentos para matar moscas y mosquitos. Y, no se le podía molestar en esta ocupación.

También los chinos hace dos mil años se tomaron en serio la amenaza de los insectos y los combatían con sulfuro de arsénico y polvo de crisantemo, o pelitre.

Otros pueblos, como aún hacen en Rodesia, la actual Zimbabue, capturan los mosquitos en redes especiales y los amasan formando una especie de pastel que se come.

Pero en el campo el mejor insecticida era el natural: un herrerillo, pájaro insectívoro de unos doce centímetros de largo, mata a lo largo de su vida seis millones y medio de insectos. Un chochín o pollo de la perdiz come cerca de diez mil insectos desde que sale del cascarón hasta que se independiza, y la madre lleva al nido hasta treinta saltamontes en una hora.

Golondrinas, vencejos y otros pájaros devoran a diario millones de moscas y mosquitos: muchos tenían alguno de estos pájaros revoloteando por los dormitorios con fines insecticidas: algunos antropólogos creen que ése es el origen de tener pájaros en casa.

Primeros insecticidas

A lo largo de la Edad Media se aconsejó usar arsénico contra las plagas de insectos que invadían casas, calles y sembrados. También se utilizaban velas de citronela para ahuyentar a los mosquitos.

Pero el hombre necesitaba ayuda extra contra los insectos. En el siglo XVII, se empleó un singular insecticida, la nicotina del tabaco: mano de santo contra el escarabajo de la ciruela, pulgas y pulgones de perros, gatos y hombres.

En 1828 fue tan grande la necesidad de combatirlos que se echó mano de todo tipo de productos. Se reparó en el valor insecticida del crisantemo, cuyo polvillo seco da lugar al piretro.

Se utilizó el tumbo del Brasil y el nikoe de las Guayanas cuyas raíces contienen rutenona, capaz de actuar sobre el sistema nervioso de los bichos.

A finales del siglo XIX estuvo de moda el arseniato de plomo y desde entonces hasta los primeros años del siglo XX causaron sensación los polvos del doctor Vicat para combatir insectos domésticos.

Numerosas fábricas pusieron en el mercado millones de kilos del producto que se vendía en botellas: no había enemigo más eficaz contra piojos y chinches, aunque las pulgas se resistían.

Invención del insecticida moderno (DDT)

En cuanto al DDT, siglas del compuesto químico de dicloro, difenil y tricoroetano, fue sintetizado en 1873 y tardó en ponerse de moda, no lo hizo hasta los años 1930.

Paul Müller llevó a cabo unos ensayos contra el escarabajo rojo de la patata, cuya consecuencia fue el relanzamiento en Suiza del DDT, lo que le valió el premio Nobel a Müller.

El DDT tuvo gran repercusión al comprobarse su eficacia en la lucha contra el tifus y la malaria, sobre todo en 1939, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Sustituía a los compuestos de arsénico, tan peligrosos para personas y medio ambiente.

Su triunfo llegó cuando en 1943 se desarrolló en Nápoles una epidemia de tifus que el DDT erradicó rápidamente. Se administraba rociando personas y lugares donde incubaban los insectos.

Evolución de los insecticidas

En 1941 hubo un cambio que simplificó radicalmente el uso y potenció la eficacia de los insecticidas: el spray.

Una modalidad del aerosol, inventado en 1926 por el noruego Erik Rotheim, que describió cómo el líquido contenido en un recipiente puede dividirse en partículas añadiendo un gas a presión: el freón. En 1950 este peligroso invento se generalizó y nadie sabía que aquello podía acabar con la capa de ozono.

En 1975 se sintetizó en Francia la deltametrina o Decis, insecticida cien veces más poderoso que el DDT, pero sin sus inconvenientes. El producto se lanzó en 1978, y en 1982 lo empleaba todo el mundo.

A partir de entonces, el ingenio se disparó: surgieron desde las lámparas freidoras de insectos hasta los sonidos ultrasónicos que los alejaba, sistemas que sustituían a las repugnantes tiras adhesivas donde quedaban pataleando moscas y mosquitos.

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