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La Edad de Piedra, también llamada Etapa Lítica, es el primer periodo prehistórico comprendido entre los 2.900.000 y 6.000 años a. C. Abarca desde que la humanidad comienza a elaborar útiles de caza y herramientas de piedra, hasta el descubrimiento de los metales (Edad del Cobre). En CurioSfera-Historia.com, te explicamos las características de la Edad de Piedra.

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Años de la Edad de Piedra

Los historiadores indican que los años de la Edad de Piedra oscila entre los 2,9 millones y los 6.000 años a. C. Tal amplio espacio de tiempo se compone de diversas épocas. En concreto, la Edad de Piedra se divide en 3 periodos o etapas:

  1. Paleolítico o Edad Antigua. Que a su vez se divide en Inferior, Medio y Superior.
  2. Mesolítico o Edad Media.
  3. Neolítico o Edad Nueva.

En el transcurso de las excavaciones llevadas a cabo entre 1970 y 1980, los prehistoriadores descubrieron en el valle del Rift etíope guijarros partidos de una antigüedad comprendida entre 2,9 y 2,4 millones de años, las herramientas más antiguas conocidas hasta hoy.

Esta datación tan remota pone fin a la teoría según la cual el Homo habría sido la única especie en conocer y emplear herramientas, puesto que estos objetos sólo pueden haber sido fabricados por el género prehumano Australopithecus.

Sin embargo, el prehistoriador francés Yves Coppens, uno de los artífices de los descubrimientos del valle del Rift, destaca que:

“Si el hombre no puede ser definido por el uso de herramientas… no deja de ser el único primate que se caracteriza por una asociación con un instrumental permanente que ha fabricado deliberadamente para su propio uso”.

Esta distinción es capital, ya que, a fin de cuentas, el uso de herramientas es lo que caracteriza el paso a la humanidad:

“La aparición de la herramienta marca justamente el umbral mismo de la humanidad”, recuerda el arqueólogo e historiador André Leroi-Gourhan, ya que escapa al esquema normal de transmisión de rasgos biológicos anatómicos propio, hasta entonces, del desarrollo de los primates.

Por el contrario, implica una interacción con el medio ambiente material y su transmisión cultural, que suponen, no obstante, importantes modificaciones biológicas previas.

Etapa decisiva de la hominización

En efecto, la etapa de la herramienta de piedra está relacionada con el abandono por los homínidos de la posición cuadrúpeda (lo que permite liberar las manos), así como con el desarrollo del córtex visual, paralelamente al de las funciones motrices del cerebro.

La concentración ocular en una actividad manual se efectúa entonces, coordinadamente, bajo el control de los centros cerebrales motores.

Para el ser humano, la herramienta se convierte en una prolongación del cuerpo y del cerebro de los antropenses. Es lógico, en este caso, aplicar a tal órgano artificial las normas de los órganos naturales: debe responder a formas constantes, a un verdadero estereoti­po.

Este fenómeno se agrega al de las migraciones señaladas por los prehistoriadores, y que permiten la difusión de las técnicas y la emergencia de verdaderas “industrias líticas” caracterizándose cada una de ellas por un tipo o estereotipo propio.

Industrias líticas de la prehistoria

La industria de los guijarros partidos produjo herramientas según un patrón que atestiguan millones de objetos, y que se prolonga a lo largo de más de un millón de años.

En esta cultura, un guijarro es utilizado como percutor; es empleado para desbastar otro guijarro, y permite obtener una herramienta de bordes cortantes, mientras que las esquirlas, también cortantes, pueden a su vez servir de herramientas como anzuelos o puntas de lanzas.

Así, variedades de hachas e instrumentos para picar son creados según un modo inmutable de fabricación, pero también se encuentran vestigios de raspadores, raedo­res, poliedros, triedros, etcétera.

Los primeros ensayos de transformación de piedras fueron reconocidos en África oriental, en el yacimiento de Olduwai, en Tan­zania: designados con el nombre Pebble Culture (Cultura del guijarro), datan del Homo habilis, que vivió hace 2 millones de años.

Las herramientas producidas, trabajadas sobre una cara (choppers) o sobre las dos caras (chopping-tools), son, aún, extremadamente toscas. Luego la técnica se perfecciona y los modelos de desbastado propios de cada época reciben cada uno un nombre sacado de un lugar de excavación: abbeviliense (por Abbe-ville), acheulense (por Saintt- Acheul), etcétera.

Aparición de los bifaces

El estereotipo arcantropense que sigue a la cultura de los guijarros partidos cubre el periodo del paleolítico inferior (1.000.000 a. C- 200.000 a. C.) y corresponde principalmente a las industrias abbeviliense y acheulense.

El desbastado por percusión perpendicular que caracteriza a la etapa de los guijarros partidos se conserva para el pulido de tachuelas, pero también para la manufactura de un nuevo tipo de herramienta, más cortante y más manejable, el bifaz.

Se agrega una técnica de percusión tangencial que permite obtener esquirlas mucho más largas y finas. La adopción de esta técnica implicó un proceso reflexivo de otro nivel.

Mientras el trabajo de un guijarro no requiere más que la elección una piedra sobre la que la intervención del fabricante resulta mínima, el tallado en forma de lanza, forma de corazón o de almendra de un bifaz requiere un trabajo de desbastado mucho más complejo, debido a la elección de los puntos de impacto y al tallado secundario.

Supone una inteligencia técnica que no existía previamente. Pero con los paleantropenses del paleolítico medio (200.000 a. C – 35.000 a. C.) se alcanza un nivel técnico aun superior.

El desbastado levalloisiense

La industria levalloiso-mustenense, se caracteriza por la producción propiamente industrial de herramientas en verdaderos talleres de des­bastado del sílex, ubicados cerca de los lugares de extracción.

El principal cambio de este período es la transformación de la esquirla en materia prima para herramientas, dejando de ser el subproducto del núcleo tallado en bifaz.

Esta evolución es posible gracias al desarrollo de las técnicas de percusión tangencial, que permiten la producción de esquirlas muy largas de formas preestablecidas y su retallado para extracciones sucesivas hasta su agotamiento.

De aquí surgen una gran diversificación y una especialización del instrumental, caracterizadas por la multiplicación de raspadores, cuchillos, puntas y otros instrumentos. Se trata de la revolución técnica más importante de toda la historia humana.

Durante el levalloiso-musteriense, todos los problemas importantes que plantea la industria del sílex son resueltos y es directamente a partir de ahí que continúa la evolución hasta la aparición de los metales (cómo la Edad del Hierro).

Los microlitos

Después del paleolítico medio, los avances en el dispositivo de extracción son menores. Se orientan hacia la producción de lascas más finas y angostas, gracias a la reducción del sílex. Esto propició el nacimiento de las primeras herramientas de la prehistoria.

Las cifras son elocuentes: mientras la cultura de los guijarros partidos saca, en promedio, 40 cm de filo por kilo de sílex desbastado, el abbeviliense produce 100 cm, el acheulense 2 metros, el levalloiso-musteriense 4 metros, el auriñaciense 10 metros, se obtiene finalmente entre 50 y 100 metros de filo por un kilo de sílex desbastado con las industrias microlíticas del magdaleniense y del mesolítico.

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