origen e Historia de la maceta

La maceta o tiesto es uno de los elementos más antiguos. El interés por reproducir la belleza del campo y la fuerza que ejerce en el ánimo la naturaleza, fue grande a lo largo de la Historia. En CurioSfera-Historia.com, te explicamos la historia de la maceta, y su evolución.

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Historia de la maceta en la Antigüedad

Persas y griegos conocieron las macetas y las llamaban “retales del Paraíso, recuerdos de toda belleza”. Las macetas tenían finalidad especial: en los tiestos o jardines de Adonis se solía sembrar hinojo, perejil o lechuga cuyo rebrote simbolizaba la resurrección del hermoso joven de quien se prendó Afrodita. Estas macetas eran arrojadas al mar en recuerdo del esposo de la diosa.

Por otra parte las floristerías, muy numerosas en la antigua Grecia, vendían flores en ramo y flores en maceta. Floristas adolescentes recorrían las calles ofreciendo ramos de jacintos, de rosas, de violetas, de lilas, de narcisos, de anémonas e incluso la flor del azafrán. También macetas de césped para recrear los ojos en el color verde.

Las mujeres las lucían en el pelo y los elegantes llevaban detrás del oído flores recién cortadas. No hay civilización que no posea un determinado tipo de jardín. La Biblia habla del jardín de Salomón con parterres y macetas que él mismo cuidaba.

Pero donde más lejos se llegó en la jardinería y uso de macetas fue en Babilonia, donde la reina Semíramis levantó unos fastuosos jardines colgantes cuyos maceteros estaban dispuestos en terrazas escalonadas sobre bóvedas de ladrillo sostenidas por pilares a treinta metros de altura. Este jardín es considerado una de las 7 maravillas del mundo antiguo.

Historia de la maceta en el Imperio Romano

En época romana ya eran famosos los patios cordobeses. Y es que la jardinería y macetas eran muy del gusto de la España musulmana, donde el gusto por las flores estaba muy desarrollado, pero no por influencia de los árabes.

No olvidemos que Séneca era de Córdoba y que en su tiempo Nerón importaba flores de la Bética, de Andalucía, flores que se llevaban a Roma en macetas largas o jardineras de barro algo estrechas para su fácil acomodo en las naves.

Con flores andaluzas se adornaron los salones de las familias patricias que no las utilizaban sólo como elemento de decoración y ornamentación, sino también como alimento, se las comían. Los pétalos frescos de una gran variedad de flores eran bocado carísimo y sofisticado.

Historia de la maceta en la Edad Moderna

Las macetas de barro y las macetas de madera fueron populares en Europa durante los siglos XVI al XVIII. En países como Holanda y Bélgica no había familia que no cultivase en su jardín algún tipo de tulipán turco, cuyo precio en el mercado llegó a ser prohibitivo en 1634.

A finales del siglo XIX jardineras y macetas, que hasta entonces habían servido para contener los lados de setos y macizos, fueron pieza principal debido a que se redujo el espacio ajardinado, no había sitio para grandes zonas verdes: sólo para macetas y jardineras que daban lugar a pequeños jardines cautivos.

¿Ha evolucionado mucho la maceta desde entonces?. En sus tres mil años de historia apenas experimentó cambio. Fue en la década de 1950 cuando un dentista de Tolón, el doctor Ferrand, que sufría de ciática y no podía agacharse, pensó en macetas que se regaran solas: así nació la maceta Riviera.

Hoy, las viejas y hermosas macetas de barro que en su época dorada fueron obra de arte de los alfares son simples receptores de mantillo hechos de plástico o de cualquier material ajeno al espíritu de la Naturaleza.

Etimología de la palabra maceta

En el siglo XVI empezó a sonar en castellano la palabra maceta. Parece que fue Cervantes el primero en hacerlo en Rinconete y Cortadillo. Lo tardío del uso se debe a que la palabra idónea para nombrar lo mismo era “tiesto”, ya que “maceta” es un italianismo que significa mazo o ramo de flores.

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