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Maximilien Robespierre

Maximilien François Marie Isidore de Robespierre (1758 – 1794), más conocido como Maximilien Robespierre, fue un abogado, orador, escritor y político francés que se ganó el sobrenombre de “el Incorruptible”. Fue uno de los líderes de la Revolución Francesa, diputado, presidente de la Convención Nacional, jefe de los Jacobinos, entre otros puestos. En CurioSfera-Historia.com te explicamos la biografía de Maximilien Robespierre.

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Nacimiento, familia y juventud

Maximilien de Robespierre nació el 6 de mayo de 1758 en Arras, ciudad del norte de Francia. Pertenecía a una familia de pequeños burgueses. Era el mayor de 4 hermanos, 2 niños y 2 niñas. Su padre era Maximilien-Barthélémy-François de Robespierre y su madre Jacqueline-Marguerite Carraut.

En 1764 quedó huérfano de madre con tan solo seis años. Tras la muerte de su madre, su padre abandonó el hogar y a los 4 niños. Esto hizo que su carácter fuera apenado, introvertido y desconfiado. A los dos varones los acogió su abuelo materno Jaques Carraut. Las 2 niñas fueron a vivir a casa de sus tías paternas.

En 1765 consiguió una beca para estudiar en el Liceo Louis-le-Grand de París, donde se licenció en Derecho en 1781. Allí conoció a dos de los futuros líderes revolucionarios: Georges Danton y Camille Desmoulins.

Se sabe tras finalizar sus estudios superiores regreso a su ciudad natal para ejercer la abogacía y que hizo de la virtud y el trabajo sus más elevadas aspiraciones. El resto de su intimidad es desconocido y sigue perteneciendo al enigma que siempre ha adornado su figura.

Inicio en la política y revolución francesa

La primera expresión pública de sus ideas políticas se produjo con la publicación de un manifiesto titulado Á la nation artésienne, en el que presentaba su candidatura para los Estados Generales convocados por el rey Luís XVI en 1789.

Qué fue lo que hizo Robespierre

Los Estados Generales eran una asamblea de representantes de los llamados entonces tres estados (el clero, la nobleza y el tercer estado o pueblo llano) que no había sido convocada desde hacía ciento setenta y cinco años.

Ante el desastre económico y social en que se encontraba la nación, el monarca no tuvo más remedio que resignarse a escuchar las numerosas quejas de sus súbditos. Uno de sus representantes iba a ser Robespierre, quien había escrito: «Mientras seguimos adormecidos, quienes nos han esclavizado quieren arrebatarnos los medios de sacudir nuestro yugo. Ya es hora de despertar de este profundo sueño y acabar con el régimen despótico al que estamos sometidos.»

La Historia nos cuenta que aquella reunión de los Estados Generales dio paso a la Revolución Francesa. El tercer estado se constituyó en Asamblea Nacional popular al margen de los poderosos y prestó el «juramento del Juego de Pelota», así llamado por celebrarse en un frontón adyacente al palacio donde tenían lugar las sesiones.

La revuelta popular vino a sostener esta actitud con la toma el 14 de julio de 1789 de la prisión de la Bastilla, símbolo del despotismo. Cayó el régimen feudal, fueron abolidos los privilegios señoriales y el Antiguo Régimen quedó destruido.

Con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano se pusieron los cimientos de un nuevo orden que quedó consagrado en la Constitución promulgada ese mismo año. Francia seguía siendo un reino, pero los poderes del monarca quedaban muy limitados y la soberanía pasaba de la corona a la nación.

El club de los jacobinos

Mientras se sucedían vertiginosamente estos acontecimientos, el diputado Robespierre se distinguió en el grupo de los «patriotas» por sus tendencias democráticas y su convincente y razonadora retórica, así como por su austeridad personal y su tenacidad en el trabajo.

Cuál fue la pretensión de Robespierre y los jacobinos

Influido por el filósofo Rousseau, abogaba por una plena democracia política, por el sufragio universal y por dar satisfacción a las aspiraciones de la pequeña burguesía, motor de una sociedad de pequeños productores independientes y libres.

Para él, el Estado debía velar por que esta situación fuera permanente y a la vez garantizar la asistencia social para los más necesitados y la gratuidad de la enseñanza. Cuando la Asamblea Nacional se transformó en Constituyente, Robespierre fue uno de los elegidos para elaborar la Carta Magna.

Se había puesto en contacto con el Club de los Jacobinos, llamados así por reunirse en un antiguo convento de esa orden, donde se daban cita activistas revolucionarios como Georges-Jacques Danton, que sería llamado «el forjador de la patria».

Tras el intento de fuga de la familia real, abortado en la ciudad de Varennes, al rey Luis XVI y a la reina María Antonieta se les acusó de ser enemigos de la Revolución y de Francia. Jean-Paul Marat, en un periódico titulado L’ami du peupie, se dedicó a dirigir violentos ataques contra la monarquía y a proponer la República.

Robespierre, que hasta entonces se había mantenido en un discreto segundo plano, tomó la palabra en el Club de los Jacobinos y pronunció su primer gran discurso, en el que secundaba a Marat y anunciaba estar dispuesto a dar su vida por la causa revolucionaria.

Ante su enérgica perorata, fría e hiriente como el acero, sus compañeros gritaron entusiasmados: «¡Estamos dispuestos a morir contigo!» Aquel fervor revolucionario en el que se ensalzaba la muerte no hacía sino preludiar la del propio rey, cuya sangre no tardaría en derramarse.

«En las revoluciones hay días en que es crimen vivir, y es necesario saber entregar la cabeza cuando el bien común lo exige», fueron las palabras proféticas que Robespierre pronunció en su discurso. No se le escapaba que su propia cabeza también estaba en juego.

La guillotina, reina del Terror

La semilla sembrada por radicales como Danton, Marat y el propio Robespierre no tardó en dar fruto. El 10 de agosto de 1792, el pueblo tomó la residencia real de las Tullerías por asalto y la monarquía dejó de existir.

La familia real fue trasladada al Temple, edificio medieval de gruesos muros del que era imposible escapar. Luis XVI, o mejor, el ciudadano Luis Capeto, como pronto le designaría la nueva terminología revolucionaria, quedó prisionero de la Comuna insurreccional de París, dirigida por el jacobino Robespierre.

Qué sucedió durante el mandato de Maximilien Robespierre

Robespierre se había convertido en máximo líder del pueblo parisino. En los primeros años de la Revolución y en la Asamblea Nacional nadie le había tomado demasiado en serio. Luego, su reputación de virtuoso, extremista e insobornable lo llevó a ocupar los más altos destinos.

Era un fanático radical que no se cansaba de proclamar que el primer deber del individuo consistía en sacrificarse por los intereses de la patria. Sus convicciones iban a convertir la Revolución Francesa en el régimen de «la santa guillotina».

Este aparato, introducido por el doctor Guillotin para aliviar los sufrimientos de los reos de muerte, actuaba de un modo impecable y demostraba ser muy superior a la degollación mediante hacha o espada.

Robespierre creyó encontrar en aquella máquina fatídica una aplicación práctica del principio de igualdad: en lo sucesivo, la guillotina ejecutaría de la misma forma rápida e indolora a los condenados de cualquier categoría social.

Uno de los primeros en probar su eficacia fue el propio Luis XVI. La Asamblea había decidido la reunión de una Convención Nacional elegida por sufragio universal para garantizar las conquistas revolucionarias.

Robespierre y los jacobinos ocuparon en las reuniones de la Convención los bancos más elevados del hemiciclo, por lo que se llamó a su grupo «la Montaña». A finales de 1792 consiguieron que se procesara al rey y se le condenase a la pena capital.

El 21 de enero de 1793, Luis XVI subió al cadalso erigido en la que es hoy la plaza de la Concordia. El aparato del doctor Guillotin funcionó con toda efectividad y Robespierre se dispuso a seguir alimentándolo mientras tuviera algún poder en sus manos.

Los jacobinos comenzaron a emplearse a fondo contra los demás grupos de la Convención. Por un lado estaban los girondinos, llamados así por ser en su mayoría representantes del departamento de la Gironda, burgueses en cuyo programa se aunaban las ambiciones antiguas y las modernas, por lo que eran considerados el ala derecha de la Convención.

También se encontraban allí los moderados, que permanecían a la expectativa entre girondinos y jacobinos. El instrumento empleado por Robespierre para deshacerse de sus enemigos fue el Comité de Salud Pública, creado en abril de 1973 para velar por la seguridad de la nueva Francia republicana.

El gobierno revolucionario

En el otoño de 1793, el número de detenidos en las cárceles parisienses era de unos ocho mil, aunque la guillotina trabajaba eficazmente para vaciar las prisiones. Fue la época del Terror y del apogeo de Robespierre.

Éste juzgaba indispensable abatir a los «enemigos del interior» para salvaguardar la República, la Revolución y la libertad. «El incorruptible» consideraba traidores no sólo a los adversarios manifiestos, sino también a los tibios, los indiferentes y los pusilánimes que había aún en el partido revolucionario, así como a todos aquellos que a su juicio no cumplían plenamente con las exigencias de la patria.

La guillotina pronto cambió de clientela; no sólo se veía en ella perder la cabeza a los aristócratas, sino también a los girondinos, los moderados y a algunos jacobinos imprudentes. Marat había muerto asesinado en su casa por Charlotte Corday y para entonces solamente quedaban dos hombres fuertes en la escena política: Robespierre y Danton.

Este último, que había presidido el Comité de Salud Pública hasta su sustitución por Robespierre, cometió el error de propugnar una política de tolerancia y colocarse a la cabeza de la fracción llamada de los «indulgentes».

Su hasta entonces compañero le hizo arrestar junto con sus colaboradores más cercanos y no dudó en enviarle al patíbulo. Danton se había alzado contra el miedo purificador y murió el 5 de abril de 1794.

Dos meses después, Robespierre se convirtió en presidente de la Convención y en el primer ciudadano de Francia. No obstante, en ese momento ya era consciente de que su política de amedrentamiento repugnaba al pueblo y que, por tanto, estaba completamente separado de él, por lo que según algunos autores «vivía en la espera de una muerte cierta y próxima».

Últimos días y muerte

Después de firmar un decreto en el que se declaraban innecesarios los testigos y los defensores en los juicios revolucionarios, suprimiendo de un plumazo todo vestigio de Derecho judicial y político, Robespierre empezó a ausentarse de las sesiones de la Convención y a alejarse de la escena política; la guillotina ya trabajaba por él a un ritmo de treinta cabezas por día.

cómo y dónde murió Maximilien Robespierre

Si el decreto se hubiera aplicado con rigor, todos los franceses hubieran tenido su vida amenazada, pues todos eran sospechosos y nadie podía garantizarles un proceso justo, rápido y limpio. Sólo el verdugo podía ofrecerles una muerte de esas características.

Hartos de tanta sangre, algunos miembros de la Convención se aliaron para acusar a Robespierre de dictador y traidor. El 27 de julio de 1794 (9 de Termidor según el calendario revolucionario), se organizó un tumulto en la sala de sesiones, se alzaron voces contra el tirano y Robespierre no pudo defenderse. Salió a trompicones de la sala, herido, insultado y detenido. Sus pocos adeptos fueron también detenidos.

Finalmente, Maximilien de Robespierre murió gillotinado el 28 de julio de 1794 en París. Así vio por primera y última vez la guillotina desde una perspectiva bien distinta. Con su muerte se cerraba el más negro episodio de la historia de Francia, quedaba extinguida la Comuna y comenzaba un nuevo capítulo de la Revolución.

Maximilien Robespierre tenía treinta y tres años cuando saltó a la turbulenta palestra política de la Francia revolucionaria. Sus contemporáneos lo describen como un joven de frente huidiza, ojos claros, nariz afilada, mentón prominente y mirada de rapaz.

Sus ceñidos trajes, permanente reserva y actitud acompasada asimilaban su aspecto exterior al de un frío maestro de baile. El carácter del que sería llamado «el Incorruptible» se basaba en una absoluta fidelidad a sus convicciones.

Mientras Danton era un hombre sin dogmas ni doctrinas y Marat tendía a dejarse llevar por la inspiración del momento, Robespierre no improvisaba nunca, sus principios eran inamovibles y ponderaba sus actos y palabras con la mayor minuciosidad.

No se le conocieron debilidades en su vida privada, si es que la tuvo; por eso el escritor Anatole France hizo exclamar a uno de sus personajes: «Robespierre es virtuoso. ¡Será terrible!»

Cronología de la vida de Maximilien Robespierre

A continuación puedes encontrar un resumen de la biografía de Maximilien Robespierre en forma de cronología o línea del tiempo (timeline). Así no te perderás ningún acontecimiento o hito importante de la vida de Maximilien de Robespierre.

  • Año 1758: El 6 de mayo nace Maximilien de Robespierre en Arras (Francia).
  • 1767: Muere su madre.
  • 1768: Su padre abandona Arras y desaparece sin dejar huella.
  • 1778-1781: Estudia la carrera de Derecho, que finaliza con el título de abogado.
  • 1781: Consigue su acta de diputado a los Estados Generales. Inicio de la Revolución francesa.
  • 1790: Ingresa en el Club de los Jacobinos.
  • 1791: Tras el intento de fuga del rey Luis XVI, proclama la necesidad de la República.
  • 1792: Abolición de la monarquía. Robespierre lidera al pueblo de París. Es elegido primer representante por París en la Convención. Vota a favor de la muerte del rey.
  • 1793: Luis XVI es guillotinado. Se crea el Comité de Salud Pública, que Robespierre no tardará en dirigir. Todos los considerados «enemigos de la Revolución» son guillotinados.
  • 1794: Robespierre es nombrado presidente de la Convención. El 27 de julio es detenido a gritos de «¡Abajo el tirano!» y guillotinado al día siguiente.

Para finalizar, te recomendamos que veas la biografía de Maquiavelo

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Fuentes y bibliografía

– BELLOC, H. (1985). Robespierre. Barceloba. Editorial Juventud.
– JORDAN, D. (2004). Robespierre, el primer revolucionario. Barcelona. Ediciones B.
– LABICA, W. (2005). Robespierre. Una política de la filosofía. Barcelona. Ediciones de Intervención Cultural.
– MAZZUCCHELLI, M. (1959). Robespierre. Símbolo y víctima de la Revolución Francesa. México DF. Ed. Renacimiento.
– MCPHEE, P. (2012). Robespierre: vida de un revolucionario. Barcelona. Editorial Península.
– PARIS, A. J.(1870). La jeunesse de Robespierre et la convocation des États généraux en Artois . Paris. Nabu Press.
– SANGUINETTI, H. (2003). Robespierre. La razón del pueblo. Buenos Aires. Editorial Eudeba.
– WALTER, G. (1989). Maximilien de Robespierre. París. Éditions Gallimard.
AUTOR: CURIOSFERA-HISTORIA.COM
FECHA DE PUBLICACIÓN: JULIO DE 2022

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