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CurioSfera Historia

La ópera del Romanticismo

El Romanticismo es la Edad de Oro de la ópera. No sufre grandes cambios en sus fundamentos: obertura, arias, recitativos, coros… Pero sí en la estructura, que se adapta mucho mejor a un teatro cantado. Las partes «menos reales» se eliminan y se busca la unidad entre música y texto. En CurioSfera-Historia.com te explicamos las características de la ópera del Romanticismo.

No te pierdas las características de la música del Romanticismo

La ópera romántica en Francia

La música francesa en el siglo XIX contó con grandes compositores, que cultivaron las más diversas formas musicales. Pero estuvo sobre todo dominada por el género operístico. París se convirtió en la capital europea de la ópera.

Cuáles son las 3 operas más importantes del Romanticismo
El edificio de la ópera de París fue el centro de la ópera romántica en Europa

Primera mitad del siglo XIX

En la Francia del XIX, en la primera mitad,  existían en Francia dos tendencias musicales dentro de la ópera. La denominada ópera heroica. Que estaba impregnada del espíritu de la Revolución, con compositores italianos como Spontini y Cherubini.

Por otro lado, la llamada ópera cómica, en la que alternaban las partes recitadas y las musicales, con autores como Daniel François Esprit Auber (1782-1871), que compuso la ópera romántica Fray Diablo y La muda de Poma.

La burguesía, nueva clase dominante, reclamó un mayor espectáculo, un vestuario más lujoso y una mayor variedad. Surgió así la grand opéra, cuyas características fundaméntales son argumentos heroicos e históricos, trama con diversidad de situaciones y de estilos, lujo de escenas y de trajes, grandiosidad orquestal, grandes masas corales, efectos de luces y colores y la inserción de caprichosas situaciones de baile.

características de la ópera francesa del Romanticismo
Giacomo Meyerbeer, el principal autor de la gran ópera francesa

El principal autor de la gran ópera fue Giacomo Meyerbeer (1791-1864), músico judío alemán, que compuso Roberto el diablo (1831), modelo de la gran ópera durante bastante, años. Otras óperas suyas compuestas para divertir a un público menos refinado fueron Los hugonotes, sobre la matanza de la noche de San Bartolomé, El profeta, sobre las guerras de religión, y La africana.

Héctor Berlioz (1803-1869 es uno de los representantes más originales del Romanticismo francés y un gran innovador de la orquestación. Además de la Sinfonía fantástica (1830), compuso un Réquiem (1837) y leyendas dramáticas como La condenación de Fausto (1828-1846) y Romeo y Julieta (1839)

Segunda mitad del siglo XIX

Hacia mediados del siglo XIX surgió la ópera lírica, una nueva tendencia operística derivada de la gran ópera, que fue cultivada por compositores como Gounod, Bizet y Massenet.

  • Charles-François Gounod (1818-1893), compositor, director de orquesta y organista, su música es melódica, cromática y delicada. Compuso música religiosa y oratorios, mostrando gran interés por la polifonía del siglo XVI, especialmente por Palestrina. Alcanzó la fama con las óperas Romeo y Julieta, Fausto y Mireille.
  • Georges Bizet (1838-1875), consumado pianista, obtuvo cierto éxito con su ópera Los pescadores de perlas (1863). Pero su triunfo más importante lo alcanzó con Carmen (1874), considerada como la ópera premoritona del teatro musical verista. Se trata de una obra realista, de extraordinaria riqueza melódica y colorido rítmico-dramático. Fue también un notable autor de piezas sinfónicas, caracterizadas por la calidad de su instrumentación, como la suite La artesiana (1872).
  • Camille Saint-Saëns (1835-1921), gran instrumentista de teclado, es autor de la opera Sansón y Dalila. Pero conserva mayor vigencia su música sinfónica, de gran elegancia y rigor constructivo, como el Concierto en sol menor, la Sinfonía número 3 y El carnaval de los animales. Goza también de merecida aceptación su Oratorio de Navidad.
  • Jules Massenet (1842-1912), profesor del Conservatorio de París durante treinta y cuatro años. Fue conocido durante algún tiempo por sus oratorios. Gran maestro de la orquestación, supo conquistar el gusto del público con un estilo melodioso. Se le consideró como el compositor de ópera más famoso de Francia después del estreno de Manon (1884), basada en la novela Manon Lescaut del abate Prévost. Otras óperas suyas, de entre las veintiuna que compuso, son El Cid, Werther y Don Quijote.

La opereta surgió en Francia como una derivación de la opera lírica. Es una obra escénica en donde se intercalan fragmentos hablados con otros cantados sobre un argumento frívolo, satírico y humorístico.

Su creador fue el compositor francés de origen alemán Jacques Offenbach (1819-1880), que compuso unas cien operetas y la ópera Los cuentos de Hoffmann (1881). Los títulos de sus operetas más conocidos son Orfeo en los infiernos (1858) y La bella Elena (1864), basada en la guerra de Troya. Offenbach influyo de manera notable en los músicos de Viena, adonde pasaban sus operetas poco después de ser estrenadas en París

La ópera romántica alemana

La ópera romántica alemana, al igual que el lied, se abrió camino en la Alemania del siglo XIX y, a medida que avanzaba el siglo, el drama musical wagneriano se difundió por toda Europa.

características de la ópera alemana del Romanticismo
Richard Wagner, uno de los mayores compositores de ópera alemana del Romanticismo

Antecedentes

El primer paso hacia una auténtica ópera alemana lo constituyó el Singspiel, que era una forma musical muy popular en Alemania y Austria. El texto es en alemán y con diálogos hablados en vez de un reatado cantado. Con una música más sencilla que la de la ópera seria, prefería los temas de tipo mágico y fabuloso, contrariamente a la ópera bufa italiana, de tema realista, o a la ópera seria italiana, de tema histórico-mitológico.

El Singspiel alcanzó su máximo desarrollo con Mozart, concretamente en sus obras El rapto del serrallo y La flauta mágica. Esta última fue, posteriormente, considerada por Wagner como la primera ópera alemana. En ella consiguió Mozart un equilibrio pleno entre los elementos populares y los cultos.

Más tarde, Beethoven compuso su ópera Fidelio, obra en la que la fuerza de la partitura se impone sobre la trama dramática. Sin embargo, fue un contemporáneo de Beethoven, Weber, quien reaccionó contra la influencia de la ópera italiana hasta el punto de ser considerado como el creador de la ópera nacional alemana.

Carl Maria von Weber

Carl Maria von Weber (1786-1826) fue hijo de un músico ambulante y estudió en Viena con Haydn y Vogler, Fue director de orquesta de los teatros de Praga y Dresde

La fuerza romántica de Weber radica en su maestría para conjugar lo popular y lo fantástico, buscando un lenguaje asequible, pero dramático. Su obra operística se caracteriza por sus melodías populares llenas de sentimientos alegres y a la vez profundos.

En el año 1810 se estrenó su ópera Silvana que, aunque fue catalogada por el autor como una ópera romántica, es en realidad una ópera cómica. Su ópera Preciosa, escrita diez años después, se basó en La gitanilla de Cervantes y en una colección de melodías españolas,

Su primera ópera auténticamente alemana fue El cazador furtivo, escrita en 1821. En ella aparecen todos los ingredientes del Romanticismo alemán. Su ópera Euriante está basada en una vieja leyenda francesa y es considerada una ópera excelente, sobre todo en sus coros y escenas. Su última ópera, Oberón, está basada en un argumento fantástico y se estrenó en Londres unas semanas antes de la muerte del compositor.

En el campo de la orquestación consiguió efectos y timbres en los que mostró un gran conocimiento de la orquesta dramática. Instrumentalmente se le puede considerar precursor de Berlioz.

Richard Wagner

Richard Wagner (1813-1883) nació en Leipzig y, desde los catorce años, estudió filosofía, armonía y contrapunto, Fue maestro de canto en Wurzburg y director de orquesta en Magdeburgo, Leipzig, Königsberg y Riga.

Vivió en Londres y París hasta que fue nombrado director de orquesta del Teatro Real de Dresde. Su espíritu revolucionario le llevó a las barricadas en esta ciudad en el año 1848 y tuvo que huir a Zúrich. Allí plasmó sus ideales estético-filosóficos en la obra Arte y revolución.

En el año 1864 se instaló en Múnich, donde se dedicó a la composición bajo la protección de Luis II de Baviera. Con el estreno de su obra El anillo de los nibelungos (1876) se inauguró el teatro de Bayreuth, construido según los ideales del drama wagneriano. Siete años después, en 1883, un paro cardiaco puso fin a su vida en Venecia, donde se había instalado por razones de salud.

Las características principales de la obra de Richard Wagner son las siguientes:

  • Intento del «arte total», síntesis de la poesía, artes plásticas, música y danza romántica.
  • Uso y potenciación del alemán en todas sus ó
  • Temas basados en los mitos y leyendas alemanes.
  • Incremento del número de componentes y del protagonismo de la orquesta, con la incorporación de nuevos instrumentos.
  • Utilización del leitmotiv, motivo musical que caracteriza a los diferentes personajes de la ópera, en cuyos contrastes se consigue el aspecto dramático,
  • Uso de armonías cromáticas, en modulación constante, que llevaron la tonalidad a su punto de máxima tensión y que significaron el principio de la ruptura del sistema tonal clásico.
  • Evolución hacia el drama musical, donde las escenas se encadenan sin distinción entre aria y recitativo.

La primera ópera importante de Wagner fue Rienzi, el último tribuno (1838-1840), que trata de la vida de un revolucionario en la Roma del siglo XIV.

Su obra El buque fantasma (1841) es un drama legendario en donde aparece la idea de la regeneración por el amor. Cuatro años después Wagner compuso Tannhäuser, sobre leyendas medievales alemanas, con su famoso «Coro de peregrinos».

Su ópera romántica Lohengrin (1850) fue el paso definitivo hacia su tetralogía El anillo de los nibelungos: El oro del Rhin, La Walkiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses, obra en la que han quedado plasmadas todas las características de la música wagneriana.

Compuso otras obras importantes, como la apasionada historia de amor Tristán e Isolda y la ópera cómica Los maestros cantores de Nuremberg, obra de inspiración autobiográfica que trata de las tradiciones de los gremios alemanes en la Edad Media. Su última obra, Parsifal, es un drama religioso escrito en 1882.

Después de Wagner, y hasta Richard Strauss, el único músico de la escuela alemana destacable fue Engelbert Humperdinck (1854-1921), autor de Hánsel y Grete, ópera infantil con motivos folclóricos.

La ópera romántica italiana

En la Italia del siglo XIX la ópera se impuso como género predilecto, al extremo de eclipsar a las demás formas musicales. La ópera romántica sirvió para expresar las ideas de unidad, libertad y patriotismo por las que luchó Italia durante este siglo.

características de la ópera italiana del Romanticismo
Giuseppe Vendí, el mayor compositor de ópera italiana del Romanticismo

Características generales

Desde sus inicios en el siglo XVII, la ópera, que constituyó uno de los espectáculos de mayor agrado del pueblo italiano. Se amoldó a cualquier época musical, adoptando las correspondientes ideas estéticas. En el siglo XIX, la ópera italiana siguió ocupando un lugar relevante.

Las características más importantes de la ópera italiana son estas:

  • Lo vocal prima sobre cualquier otro motivo, quedando en segundo plano los aspectos orquestales y armónicos.
  • El virtuosismo del cantante se acentúa menos que en otras épocas.
  • En ciertos momentos de la representación (arias y dúos) se busca la brillantez y el lucimiento de los solistas más que la unidad escénica y conceptual de la obra.
  • Existe cierta superficialidad junto con agradables melodías, que son cauce de expresión para el drama argumental.

Gioacchino Rossini

Gioacchino Rossini (1792-1868), continuador de la tradición mozartiana, fue el músico que encamó el tránsito entre la ópera del siglo XVIII y la ópera romántica. En sus instrumentaciones aumentó el número de los instrumentos de viento, sobre todo en las oberturas, y dio a sus melodías un carácter dinámico y fresco.

Su riqueza y fluidez melódica, y su espontaneidad para la escritura, fueron proverbiales. Rossini transmitió a los románticos posteriores atrevidas innovaciones: predilección por temas patrióticos o naturalistas, uso del coro en representación del pueblo, acentuación dramática de la orquesta e impulso de la ópera cómica.

Rossini se hizo famoso en toda Europa tras el estreno de El barbero de Sevilla (1816), pero con solo treinta y siete años de edad y habiendo alcanzado la fama dejó casi de componer tras la creación de su obra Guillermo Tell (1829). Otras de sus obras más importantes son La italiana en Argel, La cenicienta y La urraca ladrona.

Vincenzo Bellini

Compositor operístico más romántico que Rossini. Vincenzo Bellini y Gaetano Donizetti son considerados los creadores del bel canto, tipo de canto caracterizado por una entonación plena de belleza dulzura y de grandes dificultades técnicas.

La carrera de Vincenzo Bellini (1801-1835) fue breve, pero gloriosa. Admiraba a Rossini, se hizo amigo suyo en París y, siguiendo su ejemplo, escribía con todo detalle la ornamentación vocal para cada una de las partes de sus obras.

Cuando tenía que poner música a un libreto, recurría a los temas que iba acumulando, ya que diariamente practicaba inventando motivos musicales. Entre sus obras destacan Norma (1831), estrenada en el teatro de la Scala de Milán, La sonámbula y Los puritanos (1835), que fue su último triunfo, ya que ese mismo año murió.

Gaetano Donizetti

Gaetano Donizetti (1797-1848) fue director y maestro de ensayos del teatro San Carlos de Nápoles y compuso hasta los treinta años más de veinte óperas. Entre ellas es de señalar el gran número de óperas cómicas o farsas.

Su primer éxito lo obtuvo con su ópera trágica Ana Bolena (1830) y su éxito mayor fue Lucía de Lammermoor (1835). Después de componer obras como El elixir de amor y La hija del regimiento, logró la obra maestra del género bufo italiano, Don Pasquale (1843), estrenada en París.

Giuseppe Verdi

Giuseppe Vendí (1813-1901) nació en Roncole. Estudió música en Milán y su primer éxito lo logró con Nabucco (1842), ópera de gran trascendencia político-social y cuyo coro de lamentación de los hebreos cautivos en Babilonia lo cantaba la gente por las calles de París y Londres.

En la obra de Verdi se distinguen tres períodos:

  1. En el primer período de Verdi, denominado «patriótico», por su compromiso con la libertad del pueblo italiano dominado entonces por Austria. Bajo la influencia de Rossini, Verdi compuso Rigoletto, La traviata y El trovador.
  2. En el segundo período, Verdi se muestra más preocupado por la unidad dramática y la distinción psicológica de los personajes. Sus temas fueron más elaborados y buscó un público más entendido. Pertenecen a este período Simón Bocanegra, La fuerza del destino y Don Carlos.
  3. El período de conclusión, en el que escribió Aída y Otelo y, por último, cuando ya tenía 80 años, Falstaff. En estas obras, la música fue más profunda y los coros y la orquesta adquirieron más importancia. A semejanza de Wagner, Verdi diluye las diferencias entre recitativo y aria en beneficio de una mayor continuidad musical y dramática.

La obra de Verdi se ha denominado «realista» por la sencillez de sus melodías, lo espontáneo de sus argumentos (de carácter mitológico o histórico) y lo natural de sus instrumentaciones. Su música siempre estuvo en continuo progreso técnico. Sus libretos los escogió entre obras de Víctor Hugo, Schiller, Shakespeare y lord Byron.

El verismo musical

A finales del siglo XIX surgió una nueva corriente dramático-musical denominada verismo. El verismo estaba influido por la literatura realista de Zola. La música trató de plasmar las emociones primarias de los protagonistas de las obras. Incorporó a la ópera argumentos reales de la vida en sustitución de las tramas de enredo formal, mitológicas o absurdas.

El comienzo del verismo musical se hace coincidir con el estreno de Cavalleria rusticana (1890), de Pietro Mascagni (1863-1945), cuyo libreto está sacado del drama escrito por el novelista Verga, principal representante del verismo literario italiano.

Otra ópera en un acto, también considerada prototipo del verismo, es Los payasos (1892) de Ruggiero Leoncavallo (1858-1919), obra más pulida y refinada, pero sin la autenticidad de la ópera de Mascagni.

Pero fue Giacomo Puccini (1858-1924) el compositor más importante del verismo, aunque alguna vez utilizó elementos fantásticos. Supo dar un realismo psíquico a sus personajes y se distinguió por su extraordinaria melodía y la originalidad armónica de su orquestación.

Puccini conocía perfectamente la complejidad de la obra teatral y la profunda interdependencia que existe entre los elementos que la componen: el gesto, la palabra, la música y la situación escénica tenían que estar íntimamente relacionados. Por eso, Puccini vigiló el trabajo de sus libretistas y los subordinó a su voluntad, consiguiendo la integración y el equilibrio entre acción, palabra y música.

El primer triunfo de Puccini fue su ópera Manon Leseaut (1833), en la que tuvo que emplear hasta siete libretistas para lograr el texto que él quería. En un período de ocho años compuso La bohéme (1896), Tosca (1900) y Madame Butterfly (1904). Puccini dejó sin acabar su última ópera, Turandot, que terminó su discípulo Alfano

La música lírica española del siglo XIX

En la España del siglo XIX no existía una ópera nacional. En cambio, La zarzuela (tanto el género grande como el género chico), vivió momentos de gran esplendor. No obstante, algunos autores intentaron sin demasiado éxito crear una ópera romántica española.

características de la música lírica española siglo XIX

Intentos de crear una ópera nacional

Al comenzar el siglo XIX, no existía en España una ópera nacional. Se vivía de los compositores y las obras italianas hasta el punto de que, al inaugurarse el Teatro Real de Madrid en 1850, los autores más programados fueron Rossini, Verdi, Bellini y Donizetti.

Ante esto, algunos compositores españoles llegaron a escribir óperas sobre libretos en italiano, pero sin éxito. Así lo hicieron Ramón Carnicer (1789-1855), Hilarión Eslava (1807-1878) y Baltasar Saldoni (1807-1889), entre otros. Un cierto triunfo consiguió Vicente Cuyás (1816-1838) con La fattuchiera.

Emilio Arrieta (1823-1894) trató de crear una ópera ampliando a tres actos su zarzuela Marina y añadiéndole algunas arias. A Tomás Bretón (1850-1923) se deben óperas como Los amantes de Teruel, Garín y, sobre todo, La Dolores, que alcanzó un gran éxito

Ruperto Chapí (1851-1909) también se aventuró en el terreno operístico con sus obras La bruja y Margarita la tornera. Felipe Pedrell (1841-1922) compuso asimismo varias óperas, entre las que descuella La Celestina, pero consiguió mayor relevancia por sus trabajos teóricos. Enrique Granados (1867-1916) se sirvió de su suite para piano Goyescos para componer una ópera en dos actos que estrenó en Nueva York.

La zarzuela grande y el género chico

En este contexto musical renació el género español de la zarzuela, que estaba olvidado desde el último tercio del siglo XVIII. A mediados del siglo XIX, la zarzuela contó con un grupo de jóvenes compositores, entre los que se encontraban Ameta, Barbien, Gaztambide, Hernando y Oudrid.

En una primera etapa se compusieron obras largas, de dos, tres o cuatro actos, con partes habladas. Su principal representante fue Francisco Asenjo Barbieri (1823-1894), autor de dos obras maestras: El barberillo de Lavapiés y Pan y toros, en las que introdujo el ambiente costumbrista de mitad de siglo, lo castizo y picaresco de la España del tiempo de Goya.

Este tipo de zarzuela, de gran empaque y extensión, constituye el género grande o zarzuela grande.

El género chico nació como hermano menor de la zarzuela al hacerse esta más popular. Es una obra realizada, por lo general, en un solo acto sobre temas castizos o populares a manera de pequeños sainetes.

Los compositores más destacados de la zarzuela grande y del género chico son:

  • Manuel Fernández Caballero (1835-1906), del que merecen citarse Gigantes y cabezudos y El dúo de la Africana.
  • Tomás Bretón, autor de La verbena de la Paloma.
  • Ruperto Chapí, que compuso El rey que rabió y La revoltosa.
  • Federico Chueca (1846-1908), al que se deben La Gran Vía y Agua, azucarillos y aguardiente.
  • Jerónimo Jiménez (1854-1923), entre cuyas obras cabe recordar La tempranica, La boda de Luis Alonso y El baile de Luis Alonso.

Con la llegada del siglo XX se produjo un cierto decaimiento de la zarzuela, aunque algunos autores revitalizaron el género. Entre estos compositores sobresalen:

  • Amadeo Vives (1871-1932), con Bohemios y Doña Francisquita.
  • Pablo Sorozábal (1897-1988), con La tabernera del puerto y La del manojo de rosas.
  • Federico Moreno Torraba (1891-1982), con Luisa Fernanda y La marchenera.
  • Jacinto Guerrero (1895-1951), con Los gavilanes.

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