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Rodrigo Díaz de Vivar

Rodrigo Díaz de Vivar (1048- 1099), más conocido como el Cid Campeador, fue un caballero cristiano y militar castellano que con sus propias tropas llegó a conquistar el Reino de Valencia. La historia cuenta que fue héroe de Castilla y líder de la Reconquista Española. Estuvo bajo las órdenes de diferentes mandatarios, por lo que muchos historiadores lo consideran un mercenario. En CurioSera-Historia.com te explicamos la biografía de Rodrigo Díaz de Vivar.

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Nacimiento

Rodrigo Díaz nació el año 1048 nació Rodrigo Díaz en la aldea de Vivar, 10 km al norte de Burgos. Su padre era Diego Laínez, un magnífico caballero que le introdujo en los antiguos principios de los infanzones (caballeros de la baja nobleza): culto al esfuerzo personal y fidelidad indestructible al monarca.

en qué año nació el Cid Campeador

Juventud

Tras la muerte de su padre, con tan solo quince años, el joven Rodrigo entró al servicio de la corte gracias a su tío Rodrigo Álvarez, respetada figura dentro del séquito del rey castellano Fernando I. El hijo primogénito del rey, el infante Sancho, se encargó personalmente del muchacho, lo nombró caballero y lo llevó consigo en todas aquellas campañas que le confió su padre.

No tardó mucho tiempo en que entre los dos jóvenes surgiese una gran amistad y respeto. Una vez coronado como rey de Castilla, Sancho II hizo de Rodrigo el ármiger o alférez de su tropa, con el título de príncipe de las huestes.

Tras demostrar una extraordinaria habilidad en los combates singulares, sería condecorado Campeador (Campidoctor o guerrero experto e invicto). Poco tiempo después, tras sus grandes gestas en la batalla contra el rey de Zaragoza Moctádir, se llamaría Cidi, un término hebreo equivalente al «mío Cid» (mi Señor) con que el caballero sería designado familiarmente.

Pero no pasaría mucho tiempo en que los dos sobrenombres se unieran. Todo ello a la vez que el Cid Campeador se convertía en brazo derecho de Sancho II en las guerras contra sus hermanos, entre los que había sido repartido el reino tras la muerte de Fernando I.

Muerte de Sancho II

En Sancho II había recaído Castilla, considerada ya entonces el reino más importante de la dinastía. Su hermano Alfonso VI se quedaba con León. García con Galicia y las dos hijas, Urraca y Elvira, con algunos señoríos y ciudades.

juventud Rodrigo Díaz de Vivar
Mapa de España tras la muerte de Fernando I

Sancho y Alfonso comenzaron casi inmediatamente a disputarse la posesión de toda la herencia. Entre los años 1065 y 1072, Alfonso fue derrotado varias veces por les ejércitos castellanos de Sancho, con el Cid como invencible alférez. Las batallas se contaban por triunfos. Sólo quedaba conseguir el señorío de Zamora, en manos de Urraca.

Las fortificaciones de la ciudad eran poco menos que inexpugnables. Sancho, de temperamento muy nervioso, apenas dormía desazonado por la imposibilidad de entrar en la ciudad. Los zamoranos, afligidos ya por el hambre, maquinaron un desesperado golpe contra el mismísimo don Sancho.

Enviaron a un misterioso caballero de extraordinaria osadía llamado Vellido Adolfo, el cual aprovechó la oscuridad de la noche para infiltrarse en el campamento de los sitiadores, sorprendió al rey descuidado y le atravesó el corazón con su lanza. Luego salió del campamento al galope, pudo ganar las murallas y entró a salvo en la ciudad. Sancho moría en la flor de la edad, en el momento culminante de su gloria. El hecho se atribuyó a una conspiración entre Alfonso y Urraca. Nada pudo demostrarse.

A las órdenes de Alfonso VI

Cuando Alfonso, refugiado en Toledo, reclamó sus derechos al trono de Castilla, los castellanos no hallaron a otro de estirpe real que pudiera ocuparlo. Convinieron aceptarle con la condición de que antes jurase no haber participado en la muerte de su hermano.

quién fue el Cid campeador
La Juramenta de Santa Gadea por parte de Alfonso VI

Después, como ninguno se atreviese a exigir tal juramento al nuevo rey, Rodrigo Díaz de Vivar se ofreció voluntario y lo hizo en Santa Gadea de Burgos, por lo cual ya nunca sería grato a los ojos de Alfonso.

En la nueva corte, Rodrigo dejó de ser un vasallo preferido y se convirtió en uno de tantos, y más bien marginado. No obstante, buscando una reconciliación duradera con tan temible caballero. Alfonso VI le ofreció a su sobrina doña Jimena en matrimonio.

El destierro

El nuevo favorito del rey era García Ordóñez, conde de Nájera, quien pretendía no sólo superar en brillo al guerrero al Cid, sino ocupar el primer puesto en la corte. Aun cuando Alfonso VI no utilizaba a Rodrigo Díaz más que para embajadas o asesorías jurídicas, en 1079 le envió a Sevilla para que cobrara los impuestos que le debía Motámid, reyezuelo árabe vasallo del rey castellano-leonés.

Cuando llegó el Cid a Sevilla se encontró con el ejército del rey de Granada dispuesto a echarse sobre el sevillano. Rodrigo advirtió, con sorpresa, que entre las filas de los granadinos se hallaban soldados (mesnaderos) cristianos al mando de García Ordóñez.

El Cid les rogó que no atacaran a un súbdito de su propio rey, pero los ricos hombres se burlaron de su ruego y entraron por la tierra de Motámid, robándola y devastándola. Rodrigo, a quien hacía siete años que Alfonso tenía ocioso de hazañas, vio que su hora había llegado, se puso al frente de su pequeña tropa y trabó con el ejército castellano-granadino una dura batalla.

Quién fue Rodrigo Díaz de Vivar y en qué consiste su lucha

La victoria fue total. García Ordóñez quedó prisionero y el Cid le arrancó la barba, afrenta gravísima que los fueros declaraban causa de enemistad perpetua. La humillación de su favorito fue muy desagradable al rey. Además, los envidiosos y cizañeros de la corte instigaban a Alfonso VI contra el Cid y lanzaron la calumnia de que el Campeador había retenido para sí lo mejor de los impuestos del rey sevillano.

El monarca escuchó las sugerencias de los que el inmortal Cantar de Mío Cid llama «malos mestureros», porque él mismo estaba tocado por la envidia, y decidió el destierro del Cid, quien tuvo que abandonar su casa e ir a ganar el pan con su tropa en tierras ajenas.

Los vecinos de Burgos compadecen al desterrado, pero no se atreven a hospedarle porque el rey lo ha prohibido bajo pena de confiscación y ceguera. Sólo una niña de nueve años le dirige la palabra para pedirle que se aleje.

Mientras siguieron en tierra castellana, la marcha de los deudos del Cid fue un duro peregrinar que la palabra poética de Manuel Machado plasmaría en versos imperecederos: «Por la terrible estepa castellana… “polvo, sudor y hierro, el Cid cabalga.”

Durante cinco años, las relaciones de Alfonso y Rodrigo estuvieron tenidas de ambigüedad. Aunque el desterrado tenía derecho a combatir a su rey. El Cid rehusó enfrentarse a las huestes de Alfonso VI.

Al servicio del Reino de Zaragoza

En el año 1080 Rodrigo se puso al servicio de los Beni Hud, reyes moros de Zaragoza, cuyo principado era tributario de Castilla y codiciado por catalanes y aragoneses. Así, el Cid se convirtió en jefe de una poderosa tropa de mercenarios a sueldo del Reino de Zaragoza. Al frente de sus tropas derrotó e hizo prisionero al conde cristiano de Barcelona, Ramón Berenguer II, y luchó contra los reyes musulmanes de Lérida y Valencia.

Incluso se ofrecería a conquistar para sus nuevos señores el Reino de Valencia. La única limitación que se impuso fue evitar un enfrentamiento directo con el rey de Castilla, de quien seguía considerándose vasallo.

Reconciliación con Alfonso VI

Entretanto, eran tiempos gloriosos para Alfonso VI. La Cristiandad había acogido con alboroto su reconquista de Toledo, la antigua capital de la monarquía visigoda, donde entró ofreciendo generosas condiciones de autonomía a las comunidades musulmana y mozárabe.

a quién vence el Cid Campeador

Pero también alardeando de la imbatibilidad de sus ejércitos, hablando con desprecio de los príncipes moros y anunciando un severo aumento de los tributos. Los señores árabes, temerosos e impotentes ame esta demostración de fuerza, decidieron pedir auxilio a sus poderosos hermanos norteafricanos: los almorávides.

Se trataba de una valerosa dinastía beréber fanática y nómada, total desconocedora de la cultura hispánica y gobernada por un austero rey: Yusuf Ibn Tashufin. Éste no mostró al principio ninguna prisa por acudir en defensa de sus sedentarios y corrompidos hermanos, a quienes despreciaba por su incapacidad guerrera.

Pero en el año 1086 Yusuf envió a la Península Ibérica un ejército experimentado y de gran movilidad que se paseó tranquilamente por toda Andalucía. Alfonso se apresuró a defender su frontera meridional, pero en un breve choque cerca de Badajoz, la caballería almorávide destrozó inesperadamente al ejército cristiano mediante un ataque de flanco, y el rey Alfonso a duras penas pudo salvar su vida.

Esta batalla no tuvo consecuencias militares o políticas decisivas y Yusuf regresó prontamente a África. Pero Alfonso no tuvo más remedio que reconocer la gravedad de sus errores, entre los cuales el peor había sido prescindir de su mejor caballero: el Cid.

La reconciliación con Rodrigo Díaz era obligada y se produjo poco después en Toledo. Sin embargo, Alfonso y Rodrigo volverían a enemistarse en diversas ocasiones, debido a los recelos del monarca ante vasallo tan sobresaliente y a las insidias de los cortesanos.

La leyenda del Cid

El Cid estaba en plenitud de sus facultades guerreras. Estratega de primer orden como era, dedujo que el terreno más adecuado para combatir a los seguidores de Yusuf era el Levante. A partir de ese momento, no cejaría en su empeño por apoderarse del Reino de Valencia. Invadió las tierras de Denia, Tortosa y Lérida convirtiéndolas en heredad para sus descendientes, según privilegio concedido por Alfonso.

cómo se llamaba el caballo del Cid
La legendaria espada del Cid llamada «Tizona» con la Catedral de Burgos al fondo.

Los ecos del nombre bélico del Cid Campeador despertaban por doquier la admiración o el temor. El caballero había penetrado en la leyenda, en las viejas historias que las familias contaban al anochecer en torno al fuego del hogar.

En tierra de moros, el Cid era «el Campeador que Alá confunda», «el infiel perro gallego» y «el caudillo maldito», encarnación de un mal incombatible, peligroso como la muerte imprevista. También se hicieron legendarios su caballo Babieca, y su espada Tizona, que Rodrigo blandía con certeros mandobles como si fuera una pluma.

Otra de las leyendas del Campeador se refiere a sus dos hijas. Según el Cantar de Mío Cid, doña Elvira y doña Sol se habrían casado con Diego y Femando González, infantes de Carrión. En el poema, al dar éstos muestras de gran cobardía y no poder sufrir las disimuladas burlas de que son objeto por ese motivo, deciden afrentar al Cid en sus hijas y en el robledo de Corpes las maltratan cruelmente dejándolas medio muertas.

Aunque la historia sabe que las hijas del Cid se llamaban María y Cristina, y que ambas hicieron excelentes casamientos, la verdad comprobada palidece ante la fuerza poética de un relato que contribuye a engrandecer el mito del héroe.

Conquista de Valencia

La llegada a la Península de una nueva oleada almorávide desató en Valencia una revolución que depuso al rey Alcádir, protegido del Cid, sustituyéndolo por el cadí Ben Jehhaf. El Cid no dudó en cercar inmediatamente la ciudad. Valencia se rindió el 17 de junio de 1094 aceptando las generosas condiciones impuestas por el caballero cristiano.

Rodrigo mantuvo a Ben Jehhaf en el puesto de cadí comprometiéndose a respetar su persona y sus bienes, conservó el gobierno municipal anterior, brindó protección a quienes colaborasen, congeló los impuestos y fue tolerante en materia de religión.

La noticia de la toma de Valencia por el Cid llenó de dolor y humillación a Yusuf. El caudillo almorávide organizó un impresionante ejército de ciento cincuenta mil jinetes y tres mil peones. Todo ello al mando de su sobrino Mohámmad, con la misión de recuperar Valencia, capturar al Cid y llevarlo a África cargado de cadenas.

Confiado en su potencial, Mohámmad llegó ante Valencia. Aún no había tenido tiempo de preparar el sitio cuando de la ciudad salieron como relámpagos los caballeros del Cid, convirtiendo la batalla de Cuarte en el escenario de una matanza.

batallas de Rodrigo Díaz de Vivar

Tan diestra y rápida fue la acometida de los castellanos que el desconcierto invadió a los árabes y su ejército se retiró destrozado. Las tropas del Cid persiguieron a los almorávides a hasta su campamento, donde hicieron miles de prisioneros y capturaron un copioso botín. Los almorávides habían sufrido el primer gran descalabro, derrotados estrepitosamente por el Cid.

El Campeador quedó más dueño que nunca de la situación, pero, irritado por las continuas conspiraciones contra su gobierno, endureció su política respecto a los musulmanes. Así, ejecutó sin pestañear a Ben Jehhaf, impuso una durísima represión y convirtió la mezquita en una iglesia cristiana.

Últimos años y muerte

Aun cuando el Campeador había de conseguir en lo sucesivo nuevas victorias sobre los almorávides, una serie de hechos comenzaron a socavar su fortaleza. Yusuf volvió a atravesar el estrecho en 1097, iniciando una incursión por tierras de Toledo.

Alfonso VI intentó detenerle en tierras de Consuegra con ayuda del único hijo varón del Cid, enviado por su padre al efecto. Pero las tropas del monarca sufrieron una completa derrota y Diego, el hijo del Campeador pereció.

Rodrigo sufrió un duro golpe del que no pudo reponerse. Además, minaron su resistencia una grave enfermedad padecida en Daroca, las heridas recibidas en tantos combates y el derroche de esfuerzo y osadía realizado a lo largo de toda su existencia.

Finalmente, Rodrigo Díaz de Vivar falleció el domingo 10 de julio de 1099 en Valencia. El Cid Campeador murió en la ciudad de sus más grandes sueños. Las señales de duelo entre sus parientes y vasallos fueron, como era costumbre en la época, extremadas y crueles.

Dónde y cómo murió el Cid

Los hombres golpearon sus pechos y rasgaron sus vestiduras; las mujeres arañaban sus mejillas y cubrían su frente de ceniza. Los lamentos de todos estremecieron el aire y su llanto se prolongó durante muchos días.

El cronicón del monasterio de Maillezais, en Francia, consignaba refiriéndose a su muerte: «En España, dentro de Valencia, falleció el conde Rodrigo, y su muerte causó el más grave duelo en la Cristiandad y gozo grande entre los enemigos musulmanes.»

Actualmente, tras ser trasladados en varias ocasiones, los restos mortales de Rodrigo Díaz de Vivar (el Cid Campeador) reposan en el crucero de la Catedral de Burgos, junto a los de su esposa Doña Jimena.

Cronología de la vida de El Cid Campeador

A continuación puedes encontrar un resumen de la biografía de Rodrigo Díaz de Vivar en forma de cronología o línea del tiempo (timeline). Así no te perderás ningún acontecimiento o hito importante de la vida del Cid Campeador.

  • Año 1048: Nace Rodrigo Díaz, el futuro Cid Campeador, en Vivar (Burgos). España.
  • 1063: Entra al servicio de Sancho de Castilla.
  • 1072: Sitio de Zamora y muerte de Sancho II. Toma juramento a Alfonso VI en Santa Gadea.
  • 1074: Contrae matrimonio con doña Jimena.
  • 1080: Alfonso VI ordena el primer destierro del Cid.
  • 1081: Entra al servicio del rey de Zaragoza.
  • 1085: Toma de Toledo por Alfonso VI.
  • 1086: Reconciliación entre Alfonso VI y el Cid.
  • 1090: Derrota y hace prisionero a Ramón Berenguer II, conde de Barcelona, en el pinar de Tévar.
  • 1094: Entrada del Cid en Valencia.
  • 1097: Muere Diego, hijo del Cid, en la batalla de Consuegra.
  • 1099: Muere el Cid Campeador el domingo 10 de julio.

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Fuentes y bibliografía

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– MARTÍNEZ, E. (2016). Cid Campeador. Madrid. Alberto Santos Editor.
– MARTÍNEZ, G. (2001). El Cid histórico. Barcelona. Grupo Planeta.
– PEEÑA, F.J. (2000). El Cid Campeador: historia, leyenda y mito. Burgos. Dossoles.
– PORRINAS, D. (2019). El Cid: Historia y mito de un señor de la guerra. Madrid. Desperta Ferro Ediciones.
– TRUEBA, A. (2018). El Cid Campeador. Londres. Wentworth Press.
– ZORRILLA, J. (2021). La leyenda del Cid. Madrid. Publicación Independiente.
AUTOR: CURIOSFERA-HISTORIA.COM
FECHA DE PUBLICACIÓN: AGOSTO DE 2022

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