La manta es más antigua que la sábana, el cojín o el colchón. El hombre antiguo dormía en el suelo, no siempre en posición horizontal, a menudo reclinado contra un muro o una pared y enrollado en una manta. En CurioSfera-Historia.com, te explicamos el origen e historia de la manta, los diferentes tipos que existieron y su evolución en el tiempo.

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Origen de la manta

En los tiempos primitivos, las pieles cosidas de grandes animales o pequeños roedores fueron el primer manto y la primera manta de la historia. No había otra forma de protegerse del frío o la humedad al dormir.

En el mundo romano antiguo las piezas de uso diario tenían que ser versátiles: manta parece el plural neutro de mantum: conjunto de mantos que se echa el hombre sobre sí cuando en los climas fríos o en las estaciones invernales se dispone a conciliar el sueño.

La vieja broma del manteo o acción de mantear proviene del siglo II: si se encontraban de noche con un borracho por las calles de Roma lo manteaban con las capas o mantos largos de los que se servían para cubrirse durante la noche.

Hasta el siglo V la gente pobre y los esclavos se tendían en el suelo o sobre un banco de madera o de piedra. Era la forma habitual de pasar la noche si se tenía a mano una manta. Por lo general, manta y manto eran la misma pieza: una parte del atuendo que tenía diversos usos.

Más tarde se aprendió a elaborar mantas de urdimbre de pelo u mantas de lana, materia prima a la que en climas cálidos siguió la fibra vegetal como el algodón o el lino, del que se hicieron las primeras mantas y sábanas confortables para la noche.

Hubo mantas de pared o decorativas; mantas de viaje para las acampadas; mantas de paseo para lucimiento, normalmente recamadas y utilizadas como mantel en ocasiones de alguna solemnidad, y que en un momento dado servían para cubrirse por la noche cuando el simple hecho de dormir en el suelo bajo techado era considerado un lujo.

Y hubo desde muy antiguo mantas de cama, costumbre del ajuar latino para no dormir con el cuerpo a la vista, a pesar de que hasta el siglo XVI se ha dormido vestido, a excepción de los matrimonios, que por disposición canónica debían dormir desnudos para más fácilmente asegurar la descendencia.

Por lo general la manta separaba los cuerpos de los durmientes dando ese mínimo punto de privacidad que supone no estar en contacto directo con el compañero de cama, ya que dormir en un catre era cosa de señores, y por lo general la gente dormía hacinada en el suelo o en enormes camas colectivas.

En los siglos XV y XVI la manta era la cobertura ordinaria de la cama. Las había de lana o algodón con pelo que servían para abrigarse en la cama y fuera de ella.

Evolución de la manta

Es razonable pensar que esta prenda en sí misma no haya evolucionado mucho. La manta eléctrica fue seguramente la única gran innovación de este artículo cuando en 1912 al norteamericano S. L. Russell se le ocurrió la idea de patentar una almohada eléctrica para dar calor al pecho de los enfermos de tuberculosis.

Entonces era un simple retal de tela dotado de unas cuantas espiras o cintas metálicas eléctricas aisladas dispuestas en espiral que se calentaban de forma poco intensa; era invento muy caro: ciento cincuenta dólares de entonces; quienes podían permitírselo cosían cuatro o más de estas mantillas para lograr mantas de mayor superficie.

Además de ser caras servían para muy poco, y no se tardó en caer en la cuenta de que lo mismo que se calentaba un cuadradito de tela podía calentarse una manta: así nació la manta eléctrica destinada a enfermos y a cualquiera que quisiera desembarazarse del tremendo peso que a veces tenía que soportar el durmiente sobre su cuerpo en las estaciones frías.

Una sola manta eléctrica solucionaba el problema en la década de los treinta del siglo XX, aunque la tecnología dejaba que desear y hubo problemas de seguridad debido al riesgo de incendio y de que el durmiente pereciera electrocutado.

Para evitar contratiempos se rodeó de plástico no inflamable los elementos y componentes térmicos, de modo que tras la Segunda Guerra Mundial la manta eléctrica era ya un artículo seguro.

Antes, en 1937, apareció en Estados Unidos el primer edredón eléctrico, y paralelamente los ingleses comercializaron en 1960 una manta eléctrica similar a la actual.

De hecho, el invento es inglés, ya que en 1926 se creó allí la llamada thermega, nombre comercial que todavía tenía en 1970, cuando esta firma introdujo un principio revolucionario según el cual el calor se distribuye haciendo circular agua caliente por conductores practicados en la superficie de la manta, con lo que en vez de eléctrica es una manta isoterma que aprovecha el mismo principio de las viejas botellas de dormir.

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