origen e historia de la olla express

La historia de la olla express es la de un invento que revolucionó la forma de cocinar los alimentos, tanto por su sabor como por el tiempo necesario para cocinarlos. Conocida como olla a presión, de vapor u olla pitadora. En CurioSfera-Historia.com, te explicamos quién inventó la olla express, su origen, y cómo ha sido su evolución en el tiempo.

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Origen de la olla express

Se sabe que hacia el año 181 de la era cristiana apareció en Roma la olla de cocción a vapor, gracias a unos escritos de la época que han llegado hasta nuestros días.

Era una novedad tal que apenas quedó en anécdota. Se olvidó. No se retomó el asunto bajo aspectos y fundamentos distintos hasta muchos siglos después.

Una noche de abril de 1682 tuvo lugar en los salones de la Royal Society de Londres una curiosa cena: los alimentos servidos habían sido cocidos en una olla a presión, la primera olla express de la Historia.

Quién inventó la olla express

El inventor de la olla express fuer el físico francés Denis Papin (1647 – 1712) en el año 1682 en Londres.

Denis Papin

Fue uno de los pioneros de la energía de vapor, presentaba de aquella manera efectista su prodigioso sistema.

Previamente, y durante tres años, había estado el físico francés trabajando y probando las virtudes de su olla express: decía que la carne de vaca más vieja y más dura cocida en su olla podía convertirse en carne tan tierna y sabrosa como la de la ternera más selecta.

Papin llamó al invento “digestor a vapor”: recipiente de hierro colado con válvula de seguridad y tapadera ajustada para potenciar la presión interior elevando el punto de ebullición hasta los 120 ºC, con lo que el tiempo de cocción se reducía en un 25 por ciento.

Todos coincidieron aquella noche en una cosa: la olla de Papin reducía el tiempo de cocción sin que los alimentos perdieran sabor ni poder nutritivo. Halagado y feliz por ello su inventor publicó un folleto parecido a los libros de instrucción y manejo, como los que estamos familiarizados cuando adquirimos un artilugio nuevo.

En él, se explicaba cómo usar el aparato y cuánto tiempo se necesitaba para cocer diversos tipos de guisos, añadiendo a todo ello un útil recetario de platos que podían ser preparados con el “digestor de vapor”: desde el cordero cocido a los más delicados postres e incluso ponches, pasando por las judías estofadas, el conejo o las anguilas.

Evolución de la olla express

Sin embargo, y a pesar de tan estupendos principios, esta primera olla a presión fracasó. El gran público abominaba de la comida científica, como se dio en denominar a la así elaborada, y a la hora de la verdad nadie estaba dispuesto a hacer experimentos con su estómago.

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Además, algunos de los que adquirieron el novedoso artilugio vieron sus comidas estampadas en el techo o estrelladas contra la pared de la cocina por haber fallado la válvula, todavía sin perfeccionar.

Hubo algún que otro accidente que alarmó naturalmente a la población y la olla de Papin pasó al olvido.

De allí quiso rescatarla Napoleón Bonaparte, que en 1810 la hizo reaparecer con algunas modificaciones practicadas en el invento por su cocinero, aunque desvirtuó la idea original de Papin ya que lo que salió de las manos de Nicolas Appert fue nada menos que un procedimiento nuevo para enlatar y conservar los alimentos precocinados.

Appert utilizaba la olla como una cacerola gigantesca donde cocinar grandes cantidades de comida que luego cerraba herméticamente para llevarla al frente y servir el rancho a las tropas francesas a principios del siglo XIX.

Pero aunque el sistema se consideró bueno para conservar los alimentos durante largo tiempo, nada tenía que ver con las ideas de Denis Papin,

A lo largo del siglo XIX la idea de una olla a presión volvió a captar el interés y comenzaron a perfeccionarse distintos modelos experimentales.

Aparecieron a partir de 1905 las ollas a presión de aluminio, precedente directo de la actual olla express. En 1927 el también francés J. Hautier patentó la primera olla de baja presión controlada que no mereció la confianza del público.

En vísperas de la Segunda Guerra Mundial el arquitecto norteamericano Alfred Vischer ideó un sistema de cierre hermético mediante el cual la tapadera encajaba perfectamente con la olla, a la que dotó además de largo mango y junta de goma recambiable.

Pero la olla a presión no sería un invento familiar y universal hasta la década de los cincuenta del siglo XX. Cuando gracias a los experimentos de los hermanos Fréderic, Jean y Henri Lescure se llegaron a dominar los secretos de su fabricación, ofreciendo garantías de seguridad, control y precio asequible.

La olla a presión había triunfado por fin; a ello contribuyeron los citados hermanos con la Supercocotte SEB en 1953.

Desde entonces la Société d’Emboutissage de Bourgogne ha dirigido los destinos de este electrodoméstico, sobre todo tras lanzar en 1986 su olla a presión con sensor, elemento que hace imposible la apertura de la olla cuando está bajo presión.

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