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Batalla de Waterloo

La batalla de Waterloo se produjo el 18 de junio de 1815 al sur de Bruselas (Bélgica). Se enfrentaron el ejército francés comandado por el emperador Napoleón Bonaparte contra una alianza de los ejércitos británico, alemán y neerlandés liderada por el duque de Wellington y el ejército prusiano con Gebhard Blücher al mando. Estaba en juego el dominio de Europa y el resultado fue crucial para el destino del continente. En CurioSfera-Historia.com te explicamos la batalla de Waterloo.

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Los datos de la batalla de Waterloo

  • Fecha: 18 de junio de 1815.
  • Lugar: Cerca de Waterloo (actual Bélgica), 19 km al sur de Bruselas.
  • Combatientes: Ejército francés del norte contra el ejército aliado de los países bajos (británico, alemán, neerlandés), y ejército del bajo Rin (prusianos).
  • Unidades: Franceses 73.000 soldados y 252 cañones. Prusianos 75.000 soldados y 264 cañones. Ejército aliado de los países bajos 68.000 soldados (30 000 británicos, 20.000 alemanes y 18.000 holandeses/belgas); 155 cañones.
  • Objetivo: El control de Europa.
  • Resultado: Las tropas francesas fueron derrotadas y Napoleón desterrado.
  • Personajes protagonistas: El emperador francés napoleón Bonaparte, el mariscal de campo prusiano Gebhard Blücher von Wahlstatt y el británico Arthur Wellesley (Duque de Wellington).
  • Bajas: En el bando francés 25.000 muertos y heridos; 17,000 prisioneros o perdidos por deserción. En lado contrario, 7.000 bajas prusianas, 8.600 británicos, 4.000 holandeses/belgas y 3.000 alemanes.
  • Consecuencias: Waterloo terminó con la carrera de Napoleón Bonaparte. La batalla puso fin a 150 años de sueños de dominio en Europa occidental por parte de los franceses. El antiguo emperador no tardó en ser desterrado a Santa Elena, donde murió en 1821

Antecedentes y contexto

La batalla de Waterloo, librada el 18 de junio de 1815, representó el punto álgido del conflicto conocido como guerras revolucionarias y napoleónicas (que se prolongó durante 23 años). Tres años después de la Revolución francesa de 1789, estalló la guerra entre Francia por un lado y Austria y Prusia por el otro (batalla de Jemappes); a estos últimos se sumó rápidamente casi todo el resto de Europa.

causas de la batalla de Waterloo
Napoleón Bonaparte

La lucha continuó entre altibajos hasta 1802, pero en aquel año el último oponente de Francia, Gran Bretaña, se vio obligado a firmar la paz. Aunque Francia experimentó algunos fracasos, puede decirse que en conjunto se llevó la mejor parte. No obstante, no aprovechó el triunfo de 1802.

Bajo el liderazgo de Napoleón Bonaparte, el brillante general que tomó el poder en 1799, Francia siguió dificultando la paz. En 1803, Gran Bretaña fue provocada para renovar el conflicto. Después de un enfrentamiento largo y complicado, Napoleón (que se había convertido en emperador de Francia en 1804) se superó a sí mismo. Tras la derrota de 1813 en la batalla de Leipzig, un año más tarde fue derrocado y obligado a abdicar.

Con Francia en manos de Luis XVIII, Napoleón fue enviado a la minúscula isla mediterránea de Elba, donde se esperaba que terminase sus días como un principito insignificante y dependiente de una paga del gobierno francés. Esta paga, sin embargo, la recibió de forma esporádica. Además, es posible que el antiguo emperador temiese que Luis intentase asesinarlo.

Ante las noticias que le llegaban de que en Francia crecía el desasosiego, Napoleón partió de Elba al mando de su diminuto ejército. Tomó tierra en la costa francesa el 1 de marzo de 1815 y marcho hacia París. Al descubrir que su ejército no iba a enfrentarse a Napoleón, Luis XVIII huyó al exilio, Napoleón llegó a la capital el 20 de marzo.

Su regreso no fue aprobado de forma unánime (en realidad, existía un descontento considerable), pero los soldados del viejo ejército imperial estaban dispuestos a luchar por él y Napoleón no tardó en reunir a una fuerza de unos 280.000 hombres. Por su parte, las potencias europeas, reunidas en Viena para discutir sobre una paz definitiva, declararon la guerra a Napoleón y lo consideraron a él un proscrito que había que derrocar a toda costa.

La campaña

Para ganar el conflicto que se avecinaba, Napoleón sabía que tenía que ser rápido y contundente con el fin de infligir tal golpe a los aliados que alguno o todos sus oponentes decidiesen que lo mejor era firmar la paz.

Las fuerzas aliadas que guarnecían Bélgica eran el objetivo más accesible, de manera que a principios del mes de junio, 120.000 hombres pusieron rumbo a Bruselas. En contra tenían dos ejércitos:

  1. Ejército aliado formado por 93.000 británicos, holandeses, belgas, ciudadanos de Hannover, Nassau y Brunswick al mando del duque de Wellington.
  2. Ejército prusiano formado por 117.000 soldados dirigidos por el mariscal de campo Blücher.
batalla de Waterloo combatientes
El británico Arthur Wellesley (Duque de Wellington) y el mariscal de campo prusiano Gebhard Blücher von Wahlstatt

Para enfrentarse a estos oponentes, Napoleón sólo tenía una opción: conseguir que su ejército se situase entre las dos fuerzas contrarias y derrotar primero a una y después a la otra. En lugar de marchar sobre Bruselas por el camino directo (un plan que habría obligado a Wellington a unirse a los prusianos), Napoleón condujo a su ejército a una posición más al sur de la capital belga y cruzó la frontera en Charleroi. La carretera que salía de esta ciudad en dirección a Bruselas marcaba el punto exacto donde terminaban las responsabilidades de un ejército y comenzaban las del otro.

Era un buen plan (Wellington fue atrapado con su ejército totalmente por sorpresa al oeste), y los ejércitos aliados no estaban en buena forma: de los 30.000 soldados británicos de Wellington, muchos no eran más que reclutas sin apenas entrenamiento, y los soldados de Holanda, Bélgica y Alemania (prusianos y no prusianos por igual) eran principalmente reclutas sin interés ni entusiasmo por la lucha.

No obstante, los franceses tampoco estaban en la mejor situación posible: Napoleón contaba con pocos de sus mejores comandantes, y el ejército estaba mal equipado y muy afectado por los rumores de traición y deserción. El plan no tardó en fracasar estrepitosamente.

Después de cruzar la frontera el 15 de junio, los franceses se tropezaron con Blücher en Ligny al día siguiente, al tiempo que contactaron con las avanzadillas de las fuerzas de Wellington en Quatre Bras. Vigorosas ofensivas en ambos lugares podrían haber dado la victoria a Napoleón, pero aunque el emperador lo consiguió en Ligny, no logró derrotar al ejército prusiano, que se retiró en buen orden.

Todavía peor, en Quatre Bras las fuerzas francesas del mariscal Ney no lograron infligir unos daños significativos. Y tampoco lograron apartar a Wellington y Blücher: el primero se retiró al norte, hacia Bruselas, y el segundo no se dirigió al este, a la frontera alemana, sino al norte, hacia Wavre.

El comandante alemán mantuvo así abierta la posibilidad de reunirse con Wellington a pesar de sentirse abandonado (con razón) por su colega británico. «Embaucados», tal como se describió, por Napoleón, Wellington se ganó a Blücher para luchar en Ligny prometiéndole que acudiría en su ayuda cuando sabía perfectamente que era del todo imposible).

Por último, pero no por ello menos importante, las fuerzas francesas ya no estaban unidas. Si Napoleón siguió a Wellington con 73.000 hombres, 33.000 fueron tras Blücher al mando de Grouchy.

La batalla

Con una lluvia torrencial, la tarde-noche del 17 de junio, las tropas de Wellington llegaron a una montaña llamada Mont-Saint-Jean, a 3 kilómetros al sur de Waterloo. Desde aquí se dispusieron a luchar al día siguiente. El monte proporcionaba excelentes posiciones de «vertiente opuesta» al ejercito aliado, mientras que varios caminos conducían desde el campo de batalla hasta la posición prusiana en Wavre.

batalla de Waterloo vencedor

Delante de la línea principal, tres granjas aisladas (Hougoumont, La Haye Sainte y Papelotte) ofrecían excelentes bastiones defensivos. Incluso en aquel momento, Napoleón podría haber ganado, pero el terreno estaba muy embarrado y el emperador esperó a que el sol lo secase un poco. Cuando los franceses atacaron, sus esfuerzos resultaron torpes y descoordinados.

  1. Al principio, numerosos efectivos de infantería francesa se atascaron en la lucha en torno a Hougoumont, en el flanco izquierdo de Napoleón.
  2. En segundo lugar, un ataque torpe contra el centro izquierdo de Wellington se quedó en nada gracias a la caballería británica.
  3. Por último, el grueso de la propia caballería de Napoleón sufrió una derrota en una serie de cargas en el centro derecho aliado.

A última hora del día, la planificación más cuidada sí dio resultados: La Haye Sainte pasó a manos de los franceses y las fuerzas excesivamente separadas y exhaustas de Wellington quedaron al borde de la destrucción. Sin embargo, los prusianos dieron un giro a la situación.

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Mapa de la Batalla de Waterloo

Al escuchar el sonido de los cañones, Blücher puso en marcha a todos los hombres que pudo (un despliegue que Grouchy fue incapaz de evitar). Desde primera hora de la tarde, los prusianos llegaron en masa al flanco derecho de Napoleón. A fuerza de un gran coraje, los franceses resistieron, pero les quedaban muy pocas reservas para que la captura de La Haye Sainte sirviese de algo.

Así, con la noche a punto de caer, Napoleón realizó un último esfuerzo por romper la línea de Wellington. Para ello, envió al ataque lo poco que quedaba de la infantería de la Guardia Imperial. Sin embargo, los hombres implicados eran ostensiblemente inferiores en número, y en cuanto llegaron al monte, se vieron superados. Al ver la caída de la Guardia, el resto del ejército se dejó llevar por el pánico. En pocos minutos el ejército de Napoleón se batió en retirada.

Consecuencias y repercusiones

La consecuencia más obvia es que Waterloo terminó con la carrera de Napoleón Bonaparte. Se desterró al antiguo emperador a la isla de Santa Elena, donde murió en 1821. Por la misma razón. Wellington fue ensalzado como el héroe de héroes británico.

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Recreación de la batalla de Waterloo en su 200 aniversario

Efectivamente, la acción puso fin a 150 años de sueños de dominio en Europa occidental por parte de los franceses. Si Napoleón hubiese ganado en Waterloo, tarde o temprano habría encontrado su fin. La consecuencia es que el auténtico significado de la batalla no es político o diplomático, sino militar.

Waterloo proporcionó a los generales europeos el concepto del enfrentamiento titánico de armas capaz de solucionar una guerra al primer golpe. Como tal, se convertiría en un espejismo fatal; la fuente de la tragedia de 1914 (Primera Guerra Mundial).

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