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Bartolomé de las Casas

Fray Bartolomé de las Casas (1474-1566), conocido como el Apóstol de los Indios, fue un fraile dominico, sacerdote, obispo y cronista español. Además de teólogo, encomendero, jurista, historiador y filósofo. Su obra consistió en la defensa de los derechos de los indígenas contra las atrocidades cometidas por ciertos colonos. En CurioSfera-Historia.com te explicamos la biografía de Bartolomé de las Casas.

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Nacimiento y juventud

Bartolomé de las Casas nació el 24 de agosto de 1474 en Sevilla (España). Fue bautizado en la Catedral de la misma ciudad. Era hijo de Pedro de las Casas, un modesto comerciante de Tarifa (Cádiz) que en su juventud había participado en el segundo viaje de Cristóbal Colón. Su madre era Isabel Sosa, y su tía Juana era monja, que fue su primer contacto con la vida religiosa.

dónde nació Bartolomé de las Casas
Cuadro que representa a Bartolomé de las Casas de niño con sus padres.

Inició sus estudios primarios en el Colegio de San Miguel. Posteriormente estudió latín y humanidades. En 1490 estudió en la Universidad de Salamanca lo que se denominaba “ambos derechos” (estatal y canónico). En 1500 finalizó dichos estudios.

Viaje a La Española

Consiguió un puesto de doctrinero en la expedición a las Indias de Nicolás Ovando. Así que el 13 de febrero de 1502 partió hacia la isla de La Española. A su llegada recibió de Diego Colon (hermano de Cristóbal Colon) una heredad y una encomienda de indígenas.

Ésta era una cesión por la cual un español percibía los frutos del trabajo de los súbditos indígenas a cambio de evangelizarlos, instruirlos y hacerles mudar sus salvajes costumbres. En 1512 se convirtió en el primer sacerdote ordenado en América, y un año después se trasladó con Pánfilo de Narváez a Cuba como capellán castrense, y al poco obtuvo una nueva y suculenta encomienda.

Qué hizo Fray Bartolomé de las Casas a favor de los indígenas
Bartolomé de las Casas bautizando indígenas en Cuba

Así pues, en sus primeros años defendió la legitimidad de las encomiendas y no dudó en beneficiarse de ellas. Como él mismo dirá más tarde, por aquel entonces sólo se ocupaba «de mandar a los indígenas de la encomienda a las minas a sacar oro y a hacer sementeras, aprovechando de ellos cuanto más podía».

Estaba acostumbrado a hacer oídos sordos ante los misioneros dominicos que predicaban condenando a los encomenderos por los abusos que muchos de ellos cometían. Aunque comenzó a albergar serias dudas sobre el comportamiento de sus compatriotas y acerca de la validez de sus relaciones con los indígenas. Llegó a convencerse de que ellos eran los únicos señores legítimos del Nuevo Mundo y de que ningún hombre de armas castellano podía imponerles sus leyes por la fuerza.

Regreso a Sevilla

Al caer en la cuenta de que la única solución era la reforma de las vigentes Leyes de Indias, renunció a sus encomiendas y regresó a Sevilla en 1515. Estaba decidido a consagrarse a la defensa de los indígenas y a luchar en pro de una nueva legislación que regulase las relaciones de la metrópoli con sus colonias.

Primero se entrevistó en Plasencia con Fernando el Católico, pero el monarca se encontraba agonizante y apenas prestó atención a sus inflamados alegatos en favor de los indígenas. Posteriormente logró que el cardenal Cisneros se interesara por sus tesis y le nombrase «Protector de indígenas».

Investido por este nuevo título, creado casi especialmente para él, Bartolomé de las Casas elaboró el llamado Plan de Reformación de las Indias, basado en la creación de comunidades indígenas administradas por españoles que no quisieran enriquecerse. El propio Cisneros confió la implantación y organización de algunas de estas colectividades a tres padres jerónimos que inmediatamente partieron para las Indias.

Tras el fallecimiento del cardenal. Bartolomé de las Casas continuó su lucha incansable en la corte de Carlos I, denunciando ante sus consejeros flamencos los abusos de los funcionarios que en la Península administraban el negocio de la conquista.

Protector Universal de Todos los Indios

Contra la conquista pura y dura, Bartolomé de las Casas propugnaba una colonización pacífica realizada a través de instalaciones de labradores y misioneros. El punto central de su doctrina era la afirmación de la libertad de los indígenas.

Qué proponía Bartolomé de Las Casas

Ante el hecho consumado de la colonización, consideraba que éstos pasaban a tener todos los derechos de los súbditos del rey castellano, sin que los españoles pudieran privarles de ninguno de ellos.

Según él, la colonización sólo se justificaba por la autoridad del papa para desarrollar la misión evangelizados de la Iglesia en todo el mundo. En este sentido, los reyes debían limitarse a organizar y dirigir esa evangelización una vez legitimados expresamente para ello por el Santo Padre.

Por lo tanto, la presencia de los españoles en el Nuevo Mundo sólo estaba justificada en la medida en que fuesen agentes y súbditos del rey de Castilla, e indirectamente delegados del Sumo Pontífice.

La colonización era justa en tanto fuese pacífica y estuviera subordinada a la labor misional. Los indígenas no podían tener otros deberes que los comunes a los súbditos de la corona: había que dejarles vivir en plena libertad y bajo el gobierno de sus propios jefes.

Éstos serían supervisados por funcionarios del monarca que al mismo tiempo administrarían justicia y tutelarían a los nativos hasta que estuviesen plenamente civilizados, hispanizados y convertidos a la verdadera religión.

Como hemos visto anteriormente, Bartolomé de las Casas aceptaba e intentaba incentivar la presencia de campesinos y artesanos españoles en el Nuevo Mundo con objeto de que sirviesen de modelo y diesen ejemplo con sus conocimientos y su laboriosidad.

Importante era también el papel de los misioneros, enviados para predicar la fe. Todos los demás, violentos conquistadores, rapaces encomenderos y corruptos funcionarios, sobraban en las Indias y ni siquiera podía otorgárseles permiso para trasladarse allí.

Las tesis de Fray Bartolomé

Tales eran las tesis de Bartolomé de las Casas, fundamentadas en su propia experiencia y paralelas a las de otros frailes dominicos, entre los que cabe destacar a Antonio de Montesinos y a Francisco de Vitoria.

Pero como han señalado algunos de sus más avezados críticos actuales, tal doctrina, amén de ser en extremo eurocentrista, paternalista e idealista, pecaba de cierto desconocimiento de la realidad histórica y humana, comprensible en su tiempo pero también reprochable y perjudicial para el conjunto de sus opiniones.

En efecto, para Las Casas no existía la complejidad psicológica de los hombres, ni sus peculiaridades étnicas, ni sus diferencias culturales, ni sus naturales debilidades, ni sus razonables ambiciones.

Si bien al principio las relaciones entre indígenas y castellanos habían sido poco menos que idílicas, muy pronto la mutua incomprensión produjo un trágico choque de culturas. Los naturales no podían descubrir lógica alguna en la conducta de los españoles.

A pesar de verlos bien equipados e incansables, se mostraban a sus ojos en extremo ignorantes, ya que desconocían lo que era la mandioca, iban siempre vestidos a pesar de quejarse de un calor insoportable y acometían toda suerte de empresas extravagantes y sin sentido, entre las que destacaba la obtención de oro, metal que no servía para nada práctico.

En cuanto a los colonos, se mostraron igualmente obtusos ante los indígenas, a los que describieron como glotones, devoradores de arañas y serpientes, holgazanes, embusteros y libidinosos. La sodomía, la idolatría y el canibalismo, arraigados entre algunos caribes, no podían por menos que repugnar a los cristianísimos castellanos, quienes no tardaron en considerar a los indígenas como salvajes degenerados e incluso subhumanos.

El siguiente paso había de ser forzosamente la implantación del trabajo obligatorio para los indígenas, lo que debía hacerlos virtuosos y a la vez reportaba jugosos beneficios. Al principio serviciales y generosos, los nativos se resistieron luego a un trabajo, como el de la extracción del oro, al que no veían ningún sentido. La incomprensión acabó por convertirse en intolerancia y poco después en odio; las matanzas de indígenas no tardaron en producirse.

Encomiendas

De esta realidad terrible y quizás irreparable iba a ser víctima precisamente el primer experimento llevado a cabo por Bartolomé de las Casas, con el que pretendía demostrar la viabilidad de sus ideas. En 1520, tras obtener del rey el territorio de Cumaná (Venezuela) para aplicar en él sus teorías, partió de nuevo para América en compañía de un selecto grupo de frailes y colonos, que se instalaron en la nueva encomienda llenos de entusiasmo y afán renovador.

Bartolomé de las Casas resumen corto

Sin embargo, durante una breve ausencia de su promotor, los indígenas arrasaron los poblados recién fundados, mataron a los españoles y dieron al traste con la esperanzadora experiencia. Lejos de rectificar, Las Casas ingresó en la orden dominicana dispuesto a continuar en la brecha.

Durante dieciséis años recorrió las actuales tierras de Santo Domingo, Guatemala y Nicaragua dedicado al apostolado y a la redacción de su Historia de las Indias. Además, continuó dando cuenta al Consejo de Indias de los desmanes cometidos. Llevó a cabo nuevos intentos de conquista pacífica que cosecharon resultados no demasiado alentadores, aunque menos traumáticos que la experiencia de Cumaná.

Entrevista con el rey Carlos I

Después de conseguir que el papa Paulo III proclamase dogmáticamente por medio de la bula Sublimis Deus la racionalidad de los indígenas y su capacidad para la fe y los sacramentos, regresó a la Península. Sin licencia alguna, estaba convencido de que era en el corazón del Imperio Español donde había que plantear batalla contra los crueles abusos de los colonizadores.

Su retorno fue oportuno y fructífero. Primero logró que el Consejo de Indias extendiese reales cédulas que facilitaban su labor en la misión de la Vera Paz (Guatemala). Luego se dirigió a Valladolid y pudo acceder al círculo de consejeros del rey Carlos, con lo que reanudó su actividad tendente a reformar la insuficiente legislación que regulaba la conquista. Allí persistió en sus críticas a los funcionarios, esta vez ante un auditorio mucho más poderoso y, sorprendentemente, receptivo.

En efecto, el monarca, calificado por un embajador veneciano como «uomo religiosissimo», se debatía en un mar de dudas sobre la legitimidad y moralidad de su dominio en América, movido por la opinión de cuantos religiosos habían hecho suya la causa de los indígenas.

El vehemente fray Bartolomé encontró, pues, un caldo de cultivo inmejorable para sus actividades, y llegó a sostener que era preciso abandonar la conquista del Perú, puesto que los incas eran los dueños del país y tomarlo por la fuerza constituiría un simple latrocinio.

El soberano estuvo a punto de decidirse por el abandono, y sólo la intervención de Francisco de Vitoria le persuadió de que era necesario continuar. Éste argumentaba que una retirada de los españoles significaría la muerte de la semilla cristiana en aquellos territorios.

Leyes nuevas

La insistencia de fray Bartolomé fue, sin embargo, decisiva. En 1542 Carlos I accedió a sancionar las llamadas Leyes Nuevas, restringiendo las encomiendas y la esclavitud de los indígenas. A pesar de todo, la reacción del infatigable dominico fue contraria a este reglamento, que consideraba a todas luces insuficiente.

El mismo año concluyó su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, donde se acusaba a los conquistadores del Nuevo Mundo, uno por uno, de espeluznantes crímenes, atropellos y robos exagerados pero sin duda fundamentados en una terrible realidad.

Sus contemporáneos consideraron el libro fantasioso, deliberadamente monstruoso y ostensiblemente falso sin preguntarse si no había algo de cierto en sus páginas. Tal reacción contraria al efecto que se pretendía hizo que, en lugar de prohibirse las exploraciones con gente armada, como fray Bartolomé deseaba, aumentase el ritmo de concesión de encomiendas y capitulaciones a varios capitanes.

Se limitaba su actuación a los acuerdos que en cada caso se estableciesen con los misioneros y autorizándoles a emprender tan sólo guerras defensivas. Nuevamente, las doctrinas de Bartolomé de las Casas atemperaban los dictados de los gobernantes, aunque en la práctica no pasaran de ser papel mojado.

A pesar de todo, la influencia ejercida por el dominico continuó pesando en la corte e inspirando a los funcionarios de más recto sentido jurídico, como el virrey Mendoza de México, y a otros sacerdotes favorables a los indígenas, como el padre Vitoria.

Obispado de Chiapas

Fray Bartolomé de las Casas aceptó en 1543 el obispado de Chiapas (Guatemala), tras haber rechazado el de Cuzco. Emprendió viaje en cuanto estuvo consagrado. En su nuevo destino fue acogido con manifiesta hostilidad, ya que se le consideraba responsable de las Leyes Nuevas y no podía mirársele salvo como a un huésped incómodo.

Además, como las encomiendas no habían llegado a suprimirse, denunció el incumplimiento de la nueva legislación ante la protesta unánime de los colonos, que en Perú y Nicaragua tomaría las proporciones de una insurrección armada.

Un nuevo escándalo provocaron sus Avisos y reglas para los confesores, donde enumeraba una serie de normas draconianas. Según las cuales los fieles que quisieran confesarse debían, en caso de poseer esclavos, darles la libertad. Si eran encomenderos estaban obligados a poner toda su hacienda, ante un escribano, en manos del confesor, restituyendo a los indígenas cuantos tributos hubieran percibido.

De este modo, fray Bartolomé infringía las leyes establecidas y su lucha tomaba un cariz claramente provocador. Al ser aplicadas a la diócesis de Chiapas, sus instrucciones causaron una espiral de disturbios y excomuniones, y el nuevo obispo sólo pudo permanecer en su cargo algunos meses.

En 1546 volvió a difundir sus Avisos en México, provocando que una junta de prelados le desautorizase públicamente y obligase a los sacerdotes a desoír tan disolventes y revolucionarias proposiciones.

Regreso a España

En 1547 Las Casas regresó definitivamente a España. Tras pasar unos meses en Sevilla se retiró al convento de San Gregorio de Valladolid, donde hubo de soportar una nueva etapa de descrédito y feroces críticas, como le había ocurrido después del fracaso de Cumaná.

Su única posibilidad para poder seguir defendiendo la causa indígena consistía en resignarse a ceder en algunos terrenos, y así lo hizo. En 1548 reconoció que los dominicos, franciscanos y mercedarios obraban santamente admitiendo esclavos indígenas conforme a las leyes, e incluso aceptó que sus Avisos no eran aplicables en todas partes por igual.

Ante esta suavización de sus posturas, que no retractación, Carlos I dispuso que discutiera sus teorías públicamente con el cronista regio Juan Ginés de Sepúlveda, partidario de la conquista.

Sepúlveda, por otra parte excelente humanista y afamado erudito, creía en la licitud de una aristocracia y de una servidumbre naturales, y consideraba que los españoles, más sabios y racionales que los indígenas, estaban en su derecho de emplear la fuerza sobre ellos con objeto de librarlos de su estado salvaje y civilizarlos.

Aunque rechazaba la crueldad y la codicia, legitimaba plenamente el recién nacido imperialismo e ignoraba sus funestas consecuencias. Las discusiones entre Las Casas y Sepúlveda se llevaron a cabo en Valladolid en 1550 y 1551 ante el Consejo de Indias y un grupo de hombres doctos que sin vacilar se inclinaron por los argumentos de Juan Ginés de Sepúlveda.

Muerte

En los años siguientes, desprestigiado, fray Bartolomé hubo de soportar que los más allegados a sus doctrinas renegasen de ellas y defendiesen las encomiendas ante quien quisiera escucharles.

dónde murió Bartolomé de las Casas
Monumento a Bartolomé de las Casas en Sevilla

Oscurecido, triste y sintiéndose traicionado, el ya anciano dominico se instaló en Madrid y se entregó a sus escritos sin variar ni un ápice sus posturas. Con esa amargura en el espíritu, Fray Bartolomé de las Casas falleció en julio de 1566 en Madrid, a la edad de noventa y dos años.

La polifacética, fascinante y a la vez controvertida figura del dominico Bartolomé de las Casas, considerado el primer europeo que se atrevió a denunciar sin tapujos los abusos del colonialismo, ha llegado hasta nosotros aureolada de dignidad y consideración.

Sin embargo, durante mucho tiempo fue acusado de fomentar con su obra y su lucha la «leyenda negra» antiespañola, y se olvidó su contribución decisiva a la humanización del régimen español en América y a la suavización de las penosas condiciones de vida de los indígenas.

El padre Las Casas fue a la vez un abogado de la causa de los nativos, un consejero de los gobernantes de su tiempo, un temido polemista y un escritor riguroso y coherente, todo ello al servicio de unos principios sin duda justos, nobles y generosos.

Si bien en ocasiones actuó como un propagandista impetuoso y exagerado, es necesario señalar que no hubo menos arbitrariedades y exageraciones entre sus adversarios doctrinales, que llegaron a afirmar que los indígenas no eran verdaderos seres humanos para legitimar su cruel explotación.

A pesar de que murió desacreditado y oscurecido, su obra Brevísima relación de la destrucción de las Indias continúa siendo hoy más que nunca el testimonio vivo y fecundo de lo que el hispanista estadounidense Lewis Hanke ha definido, como «la lucha española por la justicia en la conquista de América»

Cronología de la vida de Bartolomé de las Casas

A continuación puedes encontrar un resumen de la biografía de Bartolomé de las Casas en forma de cronología o línea del tiempo (timeline). Así no te perderás ningún acontecimiento o hito importante de la vida de Fray Bartolomé de las Casas.

  • Año 1474: Nace en Sevilla Bartolomé de las Casas.
  • 1502: Parte para la Española en la expedición de Nicolás de Ovando.
  • 1512: Es el primer eclesiástico ordenado en América.
  • 1513: Se traslada a Cuba como capellán de Pánfilo de Narváez. Ejerce de encomendero.
  • 1516: Es nombrado «Protector de indígenas» por el cardenal Cisneros. Elabora su Plan de Reformación de las Indias.
  • 1514: Condena por primera vez en público las injusticias cometidas con los indígenas.
  • 1518: Renuncia a su encomienda. Regresa a Sevilla.
  • 1521: Se propone llevar a la práctica sus teorías en Cumaná (Venezuela), pero fracasa.
  • 1522: Ingresa en los dominicos.
  • 1542: De regreso en España, consigue que Carlos I sancione las Leyes Nuevas. Concluye su Brevísima relación de la destrucción de las Indias.
  • 1543: Es nombrado obispo de Chiapas.
  • 1545: Elabora sus Avisos y reglas para los confesores.
  • 1547: Vuelve definitivamente a España.
  • 1550: Se le permite discutir en público sus tesis con Juan Ginés de Sepúlveda.
  • 1566: Muere en Madrid.

Para finalizar, te recomendamos que veas la biografía de San Agustín de Hipona

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Fuentes y bibliografía

– ANABITARTE, H. (1991). Grandes Personajes. Bartolomé de las Casas. Barcelona. Editorial Labor S.A.
– BORGES, P. (1990). Quién era Bartolomé de las Casas. Madrid. Editorial Rialp.
– DE SOTO, D. (2006). Controversias entre Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda. Valladolid. Editorial Maxtor.
– FABIÉ, A. (1879). Vida y escritos de Fray Bartolomé de las Casas obispo de Chiapa. Madrid. Imprenta de Miguel Ginesta.
– GARCÍA, E. (2011). Bartolomé de las Casas y los derechos Humanos. Madrid. Universidad Complutense de Madrid.
– GIMÉNEZ, F. (2022). Bartolomé de las Casas, precursor de la justicia social. Pamplona. Urgoiti Editores.
– HERNÁNDEZ, B. (2015). Bartolomé de las Casas. Madrid. Editorial Taurus.
– IGLESIAS L. (2007). Bartolomé de las Casas: Cuarenta y cuatro años infinitos. Sevilla. Fundación José Manuel Lara.
– LAS CASAS, B. (2005). Brevísima relación de la destruición de las Indias. Madrid. Ediciones Cátedra.
– LAS CASAS, B. (2019). Historia de las Indias. Madrid. Ediciones Cátedra.
– MENÉNDEZ, R. (1963). El padre Las Casas: Su doble personalidad. Madrid. Espasa Calpe.
– WAYNE, P. (1972). Árbol de odio. Madrid. Ediciones José Porrúa Turanzas S. A.
AUTOR: CURIOSFERA-HISTORIA.COM
FECHA DE PUBLICACIÓN: JULIO DE 2022

 

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