tumba de pakal reseña histórica

La tumba Pakal de Palenque es un extraordinario ejemplo de las construcciones mayas. Una de las características de la civilización maya en su período clásico tardío es la arquitectura monumental. Se concretó en templos de enormes dimensiones, palacios, pistas para jugar a pelota y vías. En CurioSfera-Historia.com, te explicamos el origen e historia de la tumba Pakal y sus características.

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Origen de la Tumba Pakal de Palenque

Los edificios más grandes jamás construidos por los mayas, que vivieron en las selvas tropicales del sur y el este de Mesoamérica entre los siglos VII y X, fueron los templos en forma de pirámide, algunos de los cuales alcanzan más de 60 metros de altura.

No obstante, y a pesar de sus espectaculares dimensiones, las de los mayas no fueron propiamente de tipo megalítico, sino que se construyeron con tierra y guijarros, empleados a modo de relleno en los gruesos muros de contención.

De hecho, la mayoría de las piedras que se utilizaron para su levantamiento eran lo bastante pequeñas como para que las pudiese transportar una única persona.

Además, los mayas solían recubrir el ladrillo desnudo con gruesas capas de yeso y pintura, con lo que en caso de que se hubieran usado piedras de grandes dimensiones, éstas habrían quedado totalmente ocultas.

Sí que es cierto que utilizaron piedras de grandes dimensiones para casos muy concretos, básicamente elementos decorativos de las fachadas, como las escaleras y las balaustradas, así como estelas, altares y algunas tumbas.

El templo de las Inscripciones

El que tal vez sea el monumento maya más famoso de la época clásica, el templo de las Inscripciones, fue erigido durante el siglo VII en Palenque, una de las poblaciones más importantes del Imperio, en plena selva tropical al sur de México.

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Plano del Templo de las Inscripciones

Parte del templo descansa sobre una colina escalonada. Durante su construcción estuvo a punto de venirse abajo y los arquitectos tuvieron que modificar el plan original y apuntalar los lados.

En las obras intervino en su mayor parte mano de obra poco cualificada y tanto la piedra caliza como la de relleno se obtuvieron de los alrededores. El yeso, a su vez, lo fabricaron artesanos de la zona.

Pero lo que de verdad determina la relevancia de este monumento no es tanto el templo de las Inscripciones en sí como la enorme tumba que esconde en su base, y que es sin duda alguna una de las obras arquitectónicas más complejas e impresionantes de todo el período maya clásico.

Para su construcción se tuvieron que transportar enormes bloques de piedra caliza desde canteras situadas a vanos kilómetros de distancia. Obviamente, dichos bloques se tuvieron que tallar hasta darles la forma definitiva.

Construcción de la Tumba de Pakal

Sabemos que las obras de la tumba se iniciaron en el año 675 d. C. y que no se concluyeron hasta el 702 aproximadamente, cuando el hijo y heredero de Pacal se encontraba todavía con vida.

Si, teniendo en cuenta este intervalo de tiempo, calculamos una media de noventa días de trabajo por cada estación seca, se desprende que en las obras participaron unas cincuenta personas más o menos.

Pero si, como parece lo más probable, tanto el templo como la tumba se construyeron en un lapso de tiempo más breve (digamos una década), en ese caso debió de emplearse hasta el triple de mano de obra, lo que por otro lado tampoco resulta una cantidad excesiva.

Las tareas que más trabajo y tiempo solían llevar eran el transporte del material de obra y la producción y aplicación del yeso. Sin descuidar el enorme trabajo de los artesanos que tallaban y coloreaban los relieves, de los que colocaban en su sitio los inmensos bloques de piedra.

Características de la Tumba de Pakal

Durante las excavaciones llevadas a cabo entre 1949 y 1952, el arqueólogo mexicano Alberto Ruz encontró una losa de piedra con varios agujeros fijada al suelo del templo en lo alto de la pirámide.

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Sarcófago de Pakal

En realidad, dicha losa ocultaba la entrada a un pasadizo formado por una monumental escalera descendente que moría en la base misma de la pirámide, justo en la boca de una enorme tumba de ladrillos orientada a los cuatro puntos cardinales.

Se trataba de la primera tumba real encontrada en la franja meridional del Imperio maya. Y, constituía una prueba irrefutable de que éste no estaba dirigido por una casta especial de sacerdotes, tal como se creía por entonces, sino por reyes.

Asimismo, demostró cómo algunas de las pirámides templo de los mayas eran también monumentos funerarios reales, como en Egipto.

En ese sentido, no cabe duda de que el templo de las Inscripciones se concibió desde un principio con esa segunda utilidad funeraria. Desde el momento en que tanto la tumba como la escalinata constituían parte integrante de la construcción.

En varias partes del templo se colocaron bloques de piedra preciosamente trabajados con un peso que oscila entre las 12 y las 15 toneladas.

El suelo del mausoleo está formado por toda una serie de losas de piedra caliza de grandes dimensiones y el techo por una bóveda escalonada de 6 metros de alto.

El bloque de piedra más grande es el del sarcófago, que mide 3 metros de largo. Cuando Ruz y sus colaboradores levantaron la tapa rectangular del mismo, se encontraron con una curiosa cavidad en forma de letra lambda y un esqueleto perteneciente a un varón en su interior.

La cara del mismo estaba cubierta con una máscara con fragmentos de jade, y había también otros objetos ricamente trabajados de jade, pirita y nácar.

Tanto los muros de la cámara como el mismo sarcófago (tapa y soportes incluidos) estaban decorados con relieves e imágenes de estuco. En concreto con representaciones de figuras humanas o divinas ricamente ataviadas, inscripciones jeroglíficas y fechas del calendario.

Decoración

En tiempos de Ruz, el calendario maya ya se había descodificado, no así la escritura jeroglífica, un conjunto de imágenes asociadas entre sí con significados nada evidentes que se resistió largo tiempo a los modernos estudiosos. Una vez descodificados, resultan de gran ayuda a la hora de ubicar la tumba y el templo en su contexto histórico de una manera mucho más precisa.

El verdadero protagonista de la tumba es la cubierta del sarcófago, una de las indiscutibles obras maestras del arte maya de época clásica. En ella, está tallada la figura de la persona para la cual se construyó la tumba y el mismo templo de las Inscripciones.

Su nombre era Hanab Pacal (o Pakal a secas), el décimo rey en la dinastía real de Palenque, que accedió al trono en el 615 d. C., a la edad cíe 12 años.

Después de un largo período de tiempo en el poder, marcado por ceremonias rituales, misiones diplomáticas y guerras, ordenó el inicio de las obras de construcción de su templo funerario.

Corría por entonces el año 675, y ocho años más tarde murió. Con lo que fue en realidad su hijo Chan-Bahlum quien terminó las obras del templo. No sin antes, encargar todo un conjunto escultórico que adornase lo más alto el templo para vincular su persona a las figuras de su padre y sus antepasados.

De hecho, esa voluntad de filiación iba más allá de una simple motivación iconografía. Ruz descubrió un estrecho pasadizo de piedra junto a uno de los lados de la escalera que unía el suelo del templo con la cámara de la tumba.

En principio, se cree que la función de este “psicoducto” era precisamente la de permitir la comunicación entre el rey muerto y las personas que realizaban los actos rituales en lo alto de la pirámide.

Inscripciones e iconografía

Los datos más relevantes proceden de las imágenes y las inscripciones que decoran la misma cámara de la tumba y, muy especialmente, la cubierta. En ella, el rey aparece en cl momento de su muerte penetrando en las fauces de una serpiente sobrenatural que da paso al Más Allá, donde habitan los antepasados.

Aparece vestido como el dios del Maíz, divinidad asociada a la creación del mundo y el principio de la resurrección.

Detrás de Pakal se halla el gran árbol del mundo. Con una serpiente celeste enrollada entre sus ramas y un pájaro sobrenatural. Asociado con el chamanismo y la brujería, en lo alto de la copa.

El significado de todos estos motivos es claro: al morir, Pacal renace con la doble condición de dios y antepasado sagrado.

Quien quiera que fuese el que diseñó los motivos ico­nográficos del templo y la tumba, no cabe duda de que realizó un notable esfuerzo por ubicar el acontecimiento de la muerte y transformación del rey más poderoso de Palenque. En un amplio contexto histórico, mitológi­co y dinástico.

Las inscripciones vinculan la ascensión al trono de Pacal con un antepasado de hacía 1.246.826 años. Y, una segunda fecha asocia el día de su nacimiento con una fecha miles de años posterior en el tiempo.

Otro texto conmemora los acontecimientos más relevantes de la vida del rey. Como su matrimonio o la visita del rey del poderoso reino de Tikal, hacia el sudeste.

Los antepasados eran muy importantes para los mayas. Esto explica que en los márgenes del sarcófago aparezcan seis generaciones de antepasados de ambos sexos. Todos ellos pertenecientes a la dinastía real.

Además, en los muros de la tumba hay otros nueve personajes modelados en estuco. Tal vez, correspondan a los reyes que gobernaron antes que Pacal.

Las pequeñas figurillas que aparecen en ambos extremos de la cubierta de la tumba, así como en los soportes del sarcófago, llevan inscrito un nombre y un glifo que las identifica como sahals. Esto es, funcionarios de la corte de alta graduación (tal vez los propios arquitectos y administradores que supervisaron la construcción del templo y la tumba).

Ficha técnica

Época: hacia 675-702 d. C.

Localización: Palenque, México.

Volumen total de la pirámide y el templo: unos 32.500 m³.

Mano de obra: 125.000 días de trabajo.

Pirámide

  • Longitud máxima: 60 metros.
  • Anchura máxima: 42,5 metros.
  • Atura: 27,2 metros.

Templo superior

  • Longitud: 25.5 metros.
  • Anchura: 10,5 metros.
  • Altura (incluido el remate del techo): 11,4 metros.
  • Peso piedras más grandes: 12-15 toneladas.

Sarcófago (bloques de piedra caliza)

  • Longitud: 3 metros.
  • Anchura: 2,1 metros.
  • Profundidad: 1,10 metros.
  • Peso: 8 toneladas aproximadamente.

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