historia del imperdible inventor

La historia del alfiler imperdible nos demuestra que es posible mejorar un invento de hace más de 3.000 años. El imperdible moderno tiene unos 170 años, pero la idea original cuenta con varios milenios de antigüedad. En CurioSfera-Historia.com, te explicamos quién inventó el imperdible, cuál es su historia y su evolución.

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Origen del imperdible

El imperdible actual oculta la punta en una especie de funda metálica para evitar que quien lo usa pueda pincharse, o que la ropa que sujeta sufra algún desgarro. Para conseguir ese fin el imperdible cuenta con un dispositivo en forma de “U”.

Pues bien, ese dispositivo fue inventado en Europa central hace tres mil años, y venía a perfeccionar una especie de intento de imperdible existente ya en forma de alfiler recto. Los arqueólogos han encontrado miles de imperdibles de ambas modalidades, de hueso y de metal.

La idea del imperdible es heredera de la del alfiler, naturalmente. Textos sumerios de hace cinco mil años hablan de ciertos alfileres que diferían ligeramente en forma y uso del alfiler corriente por estar destinados a prender la ropa sobre una parte del cuerpo a modo de fíbula o broche.

A ese uso, a la profundización en la idea de alfiler irreversible, se alude cuando hablamos del alfilerimperdible o imperdible. Como la aguja, el alfiler o el botón también el imperdible es objeto prehistórico que heredaron civilizaciones posteriores.

Los sumerios ya utilizaban una especie de imperdible recto que impedía que el alfiler saliera de la ranura que la alojaba, pero causaba pequeños accidentes al no estar protegida o escondida su punta.

En la Europa del 1200 a.C. hubo imperdibles que a modo de broches de bronce sujetaban la ropa sobre los hombros. Este pequeño artilugio se sustanciaba en una especie de seguro hecho de oro doblado: ejemplares así eran utilizados hace más de 2.700 años por los etruscos como prendedor que impedía que el manto o la túnica se abriera y dejara al individuo en evidencia mostrando su desnudez.

Pero ya antes que los etruscos, los cretenses utilizaban para fijar la ropa drapeada un imperdible muy similar al de nuestro tiempo, imperdibles cuya punta había sido doblada para evitar pinchazos.

También en tiempos de la Grecia clásica lo empleó, aunque todavía muy rudimentario: un alfiler doblado cuya punta encajaba en una ranura o gancho que impedía que resbalara y se saliera.

Las mujeres griegas del siglo VI a.C., y después las romanas, sujetaban la túnica a la altura del hombro con una fíbula, artilugio consistente en una aguja cuya parte central forma una especie de espira para ejercer tensión y facilitar la sujeción, y que remataba en una abertura a base de muelle. La fíbula era el camino que conduciría al hallazgo del imperdible moderno.

Quién inventó el imperdible

El inventor del imperdible fue el inventor norteamericano Walter Hunt en el año 1849. Tuvo esta ingeniosa idea una tarde neoyorquina en la que no teniendo cosa mejor que hacer se entretenía con un trozo de alambre al que hacía adoptar las formas más diversas.

Sin quererlo, casi como un juego, inventó el imperdible moderno. El invento en cuestión se basó en la torsión circular dada al alfiler en su punto de curvatura, lo que servía de resorte de espiral.

El mismo Walter Hunt explicó más tarde que el hallazgo del imperdible le ocupó solo tres horas. Pero había inventado un objeto que ya existía, pero también es verdad que su mérito estaba en haberlo perfeccionado.

De hecho lo que él había conseguido era esconder la punta del alfiler resguardándola, evitando que pudiera dañar al tejido, detalle fundamental sin el que no entenderíamos el imperdible.

Es verdad que el alfiler imperdible existía en el 1000 a.C., ya era entonces un imperdible, pero desde aquel lejano tiempo hasta el invento de Walter Hunt la punta había quedado expuesta provocando pinchazos a los usuarios o desgarros en el vestido.

Tanto el alfiler antiguo como el imperdible moderno de Walter Hunt eran alfileres en forma de “U”, pero el pequeño cambio introducido por el norteamericano era de tal trascendencia que revolucionó por completo el futuro del artilugio. Fue entonces cuando empezó a hablarse de alfiler imperdible.

Al tiempo que Barthélemy Thimmonier inventaba la máquina de coser, Hunt patentaba en Nueva York la primera máquina de pespunte o labor de costura con puntadas muy unidas o punto de lanzadera.

Pero no pudo comercializarla por falta de financiación, y ante la imposibilidad de seguir adelante vendió la patente al fabricante neoyorquino George Arrowsmith. No era, pues, la primera vez que lejos de hacerse rico con su invento enriquecía a los demás.

Tampoco con el imperdible sacó los pies del plato: se limitó a saldar una deuda de quince dólares que tenía con un delineante amigo suyo, es decir, cambió su invento por esa cantidad.

Consciente su amigo de que era una suma insignificante le ofreció cuatrocientos dólares por la patente, dinero que Hunt aceptó, con lo que el dibujante J. R. Chaplin hizo el negocio de su vida. Su éxito y el de su producto fueron rápidos.

Evolución del imperdible

El imperdible mostró ser un elemento tan versátil que contribuyó a solucionar viejos problemas del cosido. Conquistó posiciones nuevas que aunque a veces lo alejaban de su finalidad inicial hacían de él un elemento decorativo: los imperdibles grandes de oro y plata, recamados de pedrería, servían a principios del siglo XX como broche.

Más tarde, enormes alfileres de alambre se instalaron en la parte inferior de las faldas escocesas dando lugar a un falso pliegue que la elevaba algunos centímetros, haciendo esperar al observador de aquella beatífica visión que la escalada continuaría… y dejaría ver por fin la esplendidez de la pieza entera.

Era la moda del safety-pin, que hizo furor en Inglaterra en la década de 1960. De hecho, como dijo un comentarista de la moda, nunca algo tan útil había estado al servicio de un fin tan superficial. Pero la Historia y la moda, que no son sino la constatación del paso y relevo de los gustos del hombre, son así.

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