La historia de la lavativa es de aquellos asuntos, que hablar de ellos, pueden resultar algo ingratos, pero para conocer el origen de las cosas es necesario hacerlo, ya que formaba parte de la medicina en la Antigüedad. En CurioSfera-Historia.com, nos gustaría mostrarte la siguiente reseña histórica sobre la lavativa o enema.

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Origen de la lavativa

Ha llegado hasta nosotros una tablilla de arcilla en escritura cuneiforme procedente de Sumer, en la vieja Babilonia, donde se lee la primera prescripción conocida de una lavativa, administrada a un enfermo hace más de 3.000 años.

Egipcios, sumerios y asirios recurrían a la lavativa. Hay que tener en cuenta que estreñimiento y almorranas fueron muy comunes en la Antigüedad: contra ello, la lavativa era su único remedio.

Se describe en los papiros médicos de la Antigüedad cómo en el trasero de un paciente con estreñimiento se le aplicaba una cánula conectada a un odre repleto de agua del Nilo y en breve se consigue vencer la resistencia natural del intestino.

Su administración no era muy estética, ni siquiera cómoda. El paciente era puesto en posición y mediante una serie de cuernos vaciados a modo de cánula larga se le introducía por el ano un preparado acorde con el tipo de mal que le aquejaba.

Evolución de la lavativa o enema

Con el paso del tiempo hubo gran variedad de mezclas: lavativas de sal, de comino, de áloe o trementina para atajar enfermedades del hígado. Hubo diferentes maneras de colocar al paciente, cuyo trasero en cualquier caso tenía que mirar hacia el lugar que ocupaba en el cielo la estrella o planeta de su signo.

Generalmente, ante casos de poco aguante, el médico taponaba el orificio, pero a nadie se le ocurrió recurrir a taponar el ano hasta entrado el siglo XVII.

En Sumeria no se conocía otra forma de afrontar gran número de enfermedades. Contra las hemorroides se recomendaban lavativas frías. Las hubo emolientes preparadas por cocimiento de almidón, malva, malvavisco, linaza.

El almidón se diluía en agua fría, mezclada luego con agua hirviendo para potenciar su virtud laxante. Hubo lavativas de aceite, de glicerina, de ricino e incluso de miel.

Hipócrates inventó en el siglo IV a. C. las lavativas purgantes: una decocción de col, melón, coloquíntida, euforbio y mercurial, y de todas esas sustancias hubo lavativas.

En la Edad Media España estuvo a la cabeza de los recursos médicos de Occidente. La medicina árabe y judía creó en Córdoba un centro importantísimo. En el siglo X el médico y botánico Abulcasis escribió un tratado farmacéutico dedicado a la lavativa o enema.

El clister, del griego klyzein= lavar, de donde se dijo clisterizar a la acción de administrar esta modalidad de lavativa; se inventó hacia el 1532.

Por entonces la lavativa gozaba de popularidad: lavativas purgantes; lavativas astringentes de alumbre, catecú, tanino, ratania. Lavativas narcóticas de adormidera, opio, láudano, sales de morfina. También existían lavativas antiespasmódicas, con almizcle; y las más populares: contra lombrices, de ruda o ajenjo.

En el siglo XVII la lavativa hizo furor y se convirtió en remedio para todo. También para las lavativas existía en el siglo XVII un lugar para tomarlas varias personas a la vez, y a pesar de lo apurado de la postura no se inmutaban, sino que mantenían charlas animadas.

Etimología de la palabra lavativa y enema

Lavativa es un término que recoge el Diccionario de autoridades en el siglo XVIII en alusión a la jeringa y ayuda que sirve para descargar el vientre y limpiarlo por dentro. Por ser incómodo de tomar también denominó antaño a la cosa que es molesta e incomodidad grande.

Enema, del griego enienai= inyectar, echar adentro, no es término de uso anterior al XIX, y aunque es voz claramente griega se importó del inglés enema.

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