origen e Historia de la aspirina

Si sientes alguna pequeña molestia en alguna parte de tu cuerpo, uno de los mejores remedios es tomar una aspirina (científicamente ácido acetilsilicílico). Este gesto tan sencillo hace que nos olvidemos de la gran importancia de este medicamento. Este popular analgésico y antiinflamatorio se encuentra en cualquier farmacia del mundo. En CurioSfera-Historia.com, te contamos la historia de la aspirina.

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Origen de la aspirina

Hace más de 3.000 años, en tiempos de la Antigua Grecia, Hipócrates (el padre de la medicina) intentaba aliviar el dolor de cabeza mediante un preparado que elaboraba con la corteza de sauce. Para ello molían la corteza de este árbol para obtener una sustancia que desprendía: el salicilato. Que no es más que un ácido en polvo formado por cristales de sal.

Pero este era una solución no del todo efectiva, ya que acarreaba algunos molestos efectos secundarios como la irritación del estómago y, a la larga, provocaba hemorroides, enfermedad muy extendida en el mundo antiguo.

Pero de aquella centenaria receta de la aspirina, que como hemos comentado, se extraía de forma natural del sauce y en plantas como la reina de los prados o la hierba ulmaria, se pasó a algo un poco más efectivo y perfeccionado. El farmacéutico francés Henri Leroux, en 1829 extrajo de una de estas plantan la “salicilina”. Y finalmente, en 1854 el químico francés Charles Fréderic Gerhardt fue capaz de sintetizar el ácido acetilsalicílico. Es decir, descubrió o inventó la aspirina.

descubridor del ácido acetilsalicílico
Charles Fréderic Gerhardt, descubridor del ácido acetilsalicílico

Quién inventó la aspirina

El inventor de la aspirina es Charles Fréderic Gerhardt en el año 1854. Más adelante veremos que Felix Hoffmann y la empresa Bayer iniciaron su producción a gran escala y le puso el nombre que hoy todos conocemos, pero no fueron los inventores, al contrario de lo que mucha gente cree.

El gran poder analgésico y también la propiedad antiinflamatoria de este remedio natural, lo han convertido en uno de los fármacos más solicitados y prestigiosos de la Historia. Pero esto no fue siempre así. A mediados del XIX, increíblemente, la aspirina cayó prácticamente en desuso. Y tuvo que ser un hecho casual (como en muchos otros descubrimientos) el que la sacó del ostracismo en el que se encontraba.

En 1893, el químico alemán que trabajaba para la empresa Bayer, Felix Hoffmann, buscaba un remedio eficaz contra la artritis que padecía su padre. No existía un calmante efectivo para los terribles dolores del Sr. Hoffmann padre. Por lo que el hijo recurrió a probar y experimentar con remedios antiguos ya casi olvidados cuya base era la salicilina.

quién inventó la aspirina
Felix Hoffmann y su famosa aspirina

Finalmente, ante la desesperación, fue una elevada dosis de la fórmula creada por Charles Fréderic Gerhardt lo que hizo efecto. Por ese motivo, a partir de aquella grata experiencia, los químicos de la firma Bayer en Düsseldorf (Alemania) vieron la enorme utilidad de este medicamento.

Rápidamente, decidieron producirlo a gran escala empleando la misma planta que utilizó Felix Hoffmann: la ulmaria, cuyo nombre científico es el de Spiraea ulmaria, de donde derivó finalmente el término aspirina.

En formato de polvos, el popular analgésico fue lanzado por Bayer al mercado en 1889 con la marca Aspirin. El nombre comercial se componía de los siguientes elementos: “a” por acetil, “spir” por el nombre científico abreviado de Spiraca ulmaria, e “in”, ya que en aquella época estaba de moda que los nombres de los fármacos tuvieran ese sufijo final. ¿Curioso verdad?

Evolución de la aspirina

Enseguida, todo el mundo hablaba de estos “polvos milagrosos”, de polvos mágicos y de una frase que aunque nos parezca malsonante nada tiene que ver con asuntos groseros: echar polvos al dolor. Como curiosidad, decir que estas frases encontraron rápidamente cauces de expresión “algo diferentes” a los puramente médicos. Incluso se comprobó que era un remedio eficaz contra la resaca.

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La aspirina se había convertido en un fármaco muy popular y remedio por antonomasia. Sin embargo la aspirina en polvo necesitaba una molesta preparación antes de tomarla. Pero esto se solventó, en plena Primera Guerra Mundial, cuando en el año 1915 la farmacéutica Bayer lanzó la aspirina en tabletas.

La marca, que como ya hemos comentado era alemana, pasó al final de la Gran Guerra a ser de dominio público, tal como se acordó en el tratado de Versalles del año 1919. Los aliados se quedaron con la patente de la aspirina como valioso “botín de guerra”. Pero felizmente 2 años más tarde, sería proclamada propiedad de la Humanidad, por lo que quien quisiera podía fabricarla sin tener que pagar derechos.

La aspirina se presentaba como una gran panacea: era muy potente para mitigar el dolor, era efectiva contra enfermedades reumáticas e inflamaciones. Del mismo modo era buena para paliar el dolor de huesos. También era un efectivo antipirético, o lo que es lo mismo, bueno para bajar la fiebre, y además ya se sospechaba en aquella época que era buena para el corazón. Algo que años más tarde se confirmó.

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